El vertiginoso ritmo con que se acumulan los despropósitos dificulta hacer una valoración adecuada de ciertas degradaciones.
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La crisis del clan Bacchiani
En la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Catamarca pende desde noviembre del año pasado el tratamiento del expediente 645/2021. Propone que el cuerpo reconozca las actividades y condecore con un diploma a un individuo que es blanco de dos investigaciones de la Justicia Federal por presunto fraude.
Es improbable que existan precedentes de legisladores que hayan involucrado a las instituciones que integran tan explícitamente en la promoción de emprendimientos de precaria legalidad, de modo que la iniciativa de los diputados del PRO Natalia Saseta y Diego Martín Figueroa a favor del “Trader God” Edgar Adhemar Bacchiani merece un sitial de privilegio en los anales de lo insólito.
Sin embargo, no es justo ensañarse con los parlamentarios. Su conducta se inscribe en la alucinación colectiva que Bacchiani, avezado manipulador de la codicia y la tilinguería, consiguió inocular en la sociedad catamarqueña con la colaboración no solo de políticos, sino también, y sobre todo, de caracterizados empresarios y miembros de familias tan prestigiosas como influyentes que se prestaron a su juego.
Todos se borraron del radar en cuanto los problemas del ídolo comenzaron a agravarse, pero la memoria, el archivo y el infinito circuito de las redes sociales son implacables testimonios de las fiestas, danzas y declaraciones de amor incondicional que le prodigaron como si se tratara de una estrella del jet-set.
Algunos habrán hecho fortunas, otros quedaron entrampados y reclaman airados el incumplimiento de los compromisos pactados al poner dinero en “Adhemar Capital”, pero el concurso de todos fue indispensable para que el financista caído en desgracia y ahora en miras de la Justicia construyera la credibilidad suficiente para multiplicar por miles los clientes que entraron por el aro de una propuesta fantástica: utilidades de entre el 15 y el 22% mensuales, en pesos y en dólares, sin otro esfuerzo que depositar el capital inicial.
El Club del Clan
El cebo destilaba tufo desde el vamos, pero la participación de la corte de adulones que se formó en torno al “trader” lo hizo irresistible y minó las más elementales prevenciones hasta anonadarlas. Miles de personas vendieron hasta lo que no tenían y se endeudaron para meterse en la quimera. Nadie quiso quedar afuera de la estela abierta por los encumbrados personajes locales.
Bacchiani combinó ese aval social con la ostentación de un estilo de vida propio de un rock-star: viajes por destinos “fashion”, fiestas, vínculos con celebridades, la Ferrari.
La intensa prédica del clan Bacchiani neutralizó todas las señales de alerta.
Mientras en Catamarca cundía la fiebre, caían en distintos puntos del país las estafas piramidales: Ganancias Deportivas, “vaquitas virtuales”, Intense Live. Ni el ostensible cerco que comenzaba a cernirse sobre Leonardo Cositorto, fundador y líder de Generación ZOE, prófugo y reo de estafa, alcanzó para hacerla remitir.
El Banco Central y la Comisión Nacional de Valores advirtieron más de una vez sobre los riesgos que implicaba complicarse en la especulación con criptomonedas, por los posibles fraudes y maniobras de lavado de dinero.
El Central pidió a la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC) que investigue a Bacchiani por la posible comisión de un fraude, tras una auditoría realizada en el segundo semestre de 2020 en la que Adhemar Capital no pudo justificar sus ganancias con el supuesto “trading” en el mercado cripto.
La CNV lo intimó a cesar sus actividades por todos los medios por no estar habilitado.
El remache de la semana lo puso la Justicia Federal de Tucumán, que abrió de oficio una investigación para determinar si Adhemar Capital perpetró en esa provincia una estafa o lavó dinero.
Bacchiani tiene abiertos frentes de conflicto en cuatro provincias: Catamarca, Tucumán, La Rioja y Córdoba. La veloz reacción de la Justicia Federal de Tucumán contrasta con la actitud del fiscal federal de Catamarca, Santos Reynoso, que mastica una investigación preliminar desde hace un año y medio.
Los laderos de Bacchiani ya no bailan con él al ritmo de los Rolling Stones. Ya nadie lo postula como candidato a gobernador. Tampoco aplauden su Ferrari ni sus clases magistrales de cripto.
Con prudencia proporcional a la desesperación con que se metieron en el negocio, desertaron. El “Pelado” dejó de pagar los copetines. El clan Bacchiani entró en crisis con la cesación de pagos.
La síntesis Manzi
Política y posicionamiento social se sintetizan a la perfección en un personaje de la trama: Mariano Manzi, presidente del congreso de la Coalición Cívica-ARI local.
Mariano es hijo del diputado nacional Rubén Manzi, de larga y prestigiosa trayectoria en Catamarca. Durante la gestión de Mauricio Macri, se desempeñó como gerente de Empleo en la provincia, y fue candidato a diputado provincial en las últimas elecciones. Puso apellido, relaciones y poder al servicio de Bacchiani.
Su última aparición pública para defenderlo se produjo a fines de enero, después de que trascendió que el Banco Central había pedido a la PROCELAC que investigue por posible estafa las actividades de Adhemar Capital.
Consideró que el gobernador Raúl Jalil hacía “lobby -vaya uno a saber con qué interés- para entorpecer algunas actividades comerciales en la ciudad”, y recordó que el mandatario había propuesto crear “la cripto moneda argentina hace un año”.
“Huele muy raro”, consideró.
En agosto del año pasado, había condenado al Gobierno provincial por gravar las utilidades provenientes de la especulación con criptomonedas.
“Debemos entender los nuevos paradigmas y dejar de lado los prejuicios. Los entes gubernamentales deben acompañar y potenciar estos procesos y dejar de lado una mirada corta y cerrada en la materia, pensando solo en recaudar, generando regulaciones excesivas que terminan por ahogar a los emprendedores e innovadores. En síntesis, los gobiernos y gobernantes deben dejar de tener miedo al desarrollo genuino. El progreso es la salida”, dijo.
Cuando un mes después Jalil y su par de La Rioja, Ricardo Quintela, solicitaron al Banco Central y a la Comisión Nacional de Valores que fiscalicen la especulación con criptomonedas, Manzi, ya candidato a diputado, fue más a fondo: “Señores gobernadores: ocúpense de sacar del pozo de la pobreza, la falta de oportunidades y de horizontes a nuestras provincias. Parece ser que las actividades que no controlan o monopolizan les quitan el sueño ¡No todo puede ser de ustedes! ¡No le tengan miedo al progreso, por el contrario apoyen el mismo, no pretendan aislar al país y a Catamarca del mundo! ¡Dejen el kirchnerismo de lado!”, posteó.
El proyecto de los macristas Saseta y Figueroa para condecorar a Bacchiani en la Cámara baja no fue más que la materialización institucional de las posiciones políticas de Manzi hijo.
Quizás distraídos, ni el PRO, ni la Coalición Cívica-ARI -cuyo presidente es Manzi padre- desautorizaron a sus referentes. El que calla, dicen, otorga.
La sociedad con estas dos fuerzas empieza a costarle demasiado al radicalismo, que quedó contaminado por las correrías de Manzi chico y sus epígonos en el salto del escándalo a nivel nacional. Radio Mitre de Córdoba aseveró que el “Trader God” fue contribuyente de la campaña del senador nacional y exrector de la UNCA, Flavio Fama.
Como los “lilitos” y los macristas catuchos, Fama hizo “silenzio stampa” y no desmintió el aserto.
Triste imagen la de Catamarca: políticos, empresarios, comerciantes y familias prestigiosas, apichonados y en desbande por sus complicidades con un financista investigado por la Justicia.