Pese a los intentos oficiales por enviar un mensaje optimista, basándose más en eventuales perspectivas futuras que en la dura realidad actual, el Día de la Industria, conmemorado el pasado lunes, ostenta este año estadísticas que corroboran una caída muy marcada de la actividad, sin muchos antecedentes en la historia argentina. En junio, según datos del Estimador Mensual de la Actividad Económica, la caída fue de un 20,4% respecto del mismo mes del año pasado. En julio fue del 17,8%. La capacidad instalada se redujo al 54,4%, una cifra solo comparable a lo que ocurría en plena pandemia con la vigencia del aislamiento social obligatorio. En las Pymes, el uso de la capacidad instalada baja por estos meses al 40%.
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Industricidio
Más datos que ponen en evidencia el derrumbe de la industria desde la asunción del nuevo gobierno: un informe realizado para esta fecha por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) a partir de datos de la Encuesta de Indicadores Laborales de la Secretaría de Trabajo indicó que entre noviembre de 2023 y junio de 2024 se perdieron 34 mil puestos de trabajo en unidades productivas industriales.
El sector industria recibió un duro golpe durante la pandemia. Entre marzo y octubre de 2020 tuvo una caída importante. Pero a partir de noviembre de 2020 y hasta febrero del año pasado pudo exhibir 27 meses consecutivos de crecimiento. Desde entonces viene cayendo. Pero es desde la megadevaluación decidida por el gobierno de Javier Milei en diciembre que la caída empezó a adquirir magnitudes históricas.
El deterioro del mercado interno ocasionado por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y los haberes jubilatorios, la descomunal suba de las tarifas de electricidad, gas y agua, la apertura de las importaciones, la ausencia de crédito y de programas de incentivo a la producción de las pequeñas y medianas empresas del sector y la derogación de algunas leyes claves como la de Compre Nacional, son las causas principales que explican la debacle del sector.
Un problema adicional es que todo indica que no se trata de un fenómeno coyuntural. El programa económico libertario, al igual que otros anteriores de corte neoliberal, no promueven la industrialización, sino una expansión del sector primario de la economía: la producción agropecuaria de la zona núcleo y actividades extractivistas que no le agregan valor a las materias primas. No es casual que las anteriores experiencias de gobierno de corte neoliberal, que pontifican el rol del libremercado y desdeñan la regulación estatal –dictadura militar, menemismo, gobierno de la Alianza y de Cambiemos- hayan generado también un derrumbe estrepitoso de la producción de la industria nacional. Como está ocurriendo ahora, un verdadero industricidio.
Aunque vaya en contra de su filosofía, debería el gobierno considerar, si no quiere que la debacle se profundice en los próximos meses y el desempleo se incremente a niveles de otras épocas, considerar la implementación de algunas propuestas de salvataje del sector, particularmente de las pequeñas y medianas industrias, que ya han propuesto un proyecto de ley de emergencia Pyme y han anticipado que, de no mediar un rumbo en la política económica, los cierres de establecimientos serían masivos en los próximos meses.