miércoles 1 de abril de 2026
Algo en que pensar mientras lavamos los platos

Fiestas y viajes en el tiempo

Rodrigo L. Ovejero

El 28 de junio de 2009 no fue un día más para Stephen Hawking. En esa fecha, Hawking celebró una fiesta a la que ningún invitado asistió. Era lógico, por otra parte, pues envió las invitaciones al día siguiente. Su teoría era que, si el viaje en el tiempo era posible, los invitados llegarían a tiempo pese a haber recibido la invitación un día tarde. De hecho, la fiesta era en realidad una estrategia para demostrar la imposibilidad del viaje en el tiempo. De ese modo, la circunstancia de que ningún invitado hubiera asistido fue para el científico inglés la comprobación de su teoría.

Ahora bien, como todo el mundo sabe, Hawking no era precisamente el mejor anfitrión, ni sus fiestas las más populares. La conclusión de que el viaje en el tiempo es imposible por el hecho de que nadie había asistido a su fiesta quizás fue un tanto apresurada por parte del físico. No se detuvo a pensar que, quizás, esa fiesta no era exactamente el plan más atractivo para una persona que ha logrado el prodigio científico del viaje temporal.

Especulemos, lector, en las alternativas que un viajero temporal podría manejar a la hora de decidir su destino. Supongamos que, justamente, está buscando asistir a una fiesta, y viene a enterarse de esta invitación de Hawking ¿Renunciará entonces a la posibilidad de experimentar sexo, drogas y rock and roll hasta el paroxismo en el barro de Woodstock en 1969? ¿Declinará la alternativa de participar de las orgías salvajes que el emperador Calígula celebraba en sus barcos hace unos dos mil años? Podría plantearse que, al fin y al cabo, si se puede viajar en el tiempo se puede participar de todos esos eventos, no hay necesidad de elegir si se cuenta con la ventaja de una máquina del tiempo. Pero desconocemos las condiciones de estos viajes, quizás requieren mucha energía, o mucho dinero, quizás no es simplemente como tomarse un Uber y decirle al conductor lléveme al día de ayer, por favor. En tal caso, sería factible que nadie eligiera como su destino una fiesta que, a todas luces, será terriblemente aburrida. Es verdad que Hawking era un tipo ingenioso y divertido, con una conversación brillante, pero no es menos cierto que no era el más entusiasta a la hora de participar de algunas tradiciones de fiestas como trenes cariocas o lanzamiento de espuma.

Es probable que, en este mismo instante, muchos años en el futuro –bien, no exactamente en este mismo instante, entonces- un grupo de amigos se encuentra emocionado, a punto de abordar la nave que los llevará a través de su primer viaje en el tiempo. En ese momento, un promotor se acerca para ofrecerles, por apenas unos billetes más, la posibilidad de un viaje extra hasta una fiesta celebrada por uno de los más grandes científicos de la historia. La oferta es rechazada, claro está, nadie espera grandes cosas de la fiesta de un físico teórico. Y Hawking, solo en el salón, sosteniendo una matraca con la boca, ensaya una sonrisa, inocente, creyendo que su teoría era cierta.

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