Como en todo proceso, aparece el factor “tiempo”, muchas veces acompañado por la ansiedad y el desconocimiento de lo que se viene. Bea supo cómo gestionarlo. La sala de espera, en el ingreso de Oncología, la obligaba a pensar y repensar. “Las esperas pueden ser extensas teniendo en cuenta la cantidad de gente que tiene que ingresar a ese sector y el tema administrativo obligado. Entonces, ese momento de espera sirvió para iniciar una bitácora, para comenzar a escribir mis sensaciones, mis impresiones, lo que iba viviendo. Es por eso que puedo marcar exactamente que mi historia comenzó un martes 11 de julio de 2023. Yo encaraba esa bitácora diciendo: ‘inicia aquí un viaje no deseado, pero sí aceptado’. Así fue; así lo viví. Visto a distancia me provoca esa emoción. En esa oportunidad no lo sentí así. Me provoca esa emoción de ver mis palabras transitando ese momento”, confesó.
Metamorfosis
El diagnóstico y el tratamiento no hicieron mella en Bea, pero ella reconoce que sí hay cambios. Reconoció que hay que seguir prestándoles más atención a los cuidados médicos, como prioridad.
“La fe es fundamental. Siempre confié. Siempre creí. Soy una persona creyente. Más allá de qué credo tengamos, el tema de creer, de tener fe -yo en Dios, en la Virgen-, en pedir y en sostener ese pedido y darme cuenta de que se me iban abriendo esos caminos de fe, porque todo, todo resultaba bien, los afectos, todos alrededor, desde la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, las personas que circunstancialmente pasan por la vida de uno o que uno no les prestó atención y de pronto te hacen saber que están, que están acompañándote, que han estado rezando por vos. Las oraciones, estar presentes en las reuniones, este prestar atención al tipo de comida que yo podía consumir o no”, comentó.
Uno de los grandes cambios fue el de la alimentación. Durante el tratamiento debió tener muchos cuidados porque la medicación modifica varias cuestiones. “Me ha tocado transitar esto de una manera muy tranquila. No fue virulenta la enfermedad conmigo. No hubo manifestaciones físicas, en cuanto a protuberancias y cosas que te impactan y que te bloquean. Tal vez no te duele, pero te estás viendo algo raro y... Yo no me vi enferma, no me sentí enferma. Sabía que había algo porque había un diagnóstico y porque me estaban llamando a un tratamiento que tenía que cumplir. Lo transité de una manera relajada, tranquila. Hubo momentos de quiebre y de impacto. Como les decía, el tema del cabello que impactó o ver en una persona tan cercana a mí como mi hija la duda. Me decía ‘vos decís que todo va a estar bien, pero que sabemos qué pasa’. Hasta que el médico la dejó tranquila. Ahí quedó ese temor”, indicó.
Beatriz reconoció que la sola palabra “cáncer” es impactante. Sin embargo, consideró que “tenemos que enfrentarnos a esa enfermedad para poder atenderla, para poder iniciar un tratamiento en forma temprana”.
Como en todo viaje, la persona que inicia el recorrido no es la misma que llega a destino. En el medio se vive un proceso. “Hay cosas que valorás más a partir de lo que viviste. Obviamente que uno valora muchísimo más la salud y el cuidado. La salud es algo que se valora muchísimo”, remarcó.
Uno de los cambios estuvo relacionado con lo estético que va muy de la mano con el tratamiento médico. Bea no escapó del tratamiento de quimioterapia. Contó que siempre fue muy meticulosa con el tema del cabello por todo lo que representa, sobre todo para las mujeres. “Que el pelo se cayera era una de las cosas más fuertes que me pasaron sin que me soltara lágrimas, pero no dejó de ser fuerte. La caída del pelo muy importante; podía sobrellevarlo de a poquito, pero llegó a ser muy importante y tomé la decisión de raparme. Mi amigo Fran me acompaña en ese proceso. Esa decisión fue muy fuerte y a partir de ahí, libertad absoluta con el tema del pelo”, admitió.
Desde entonces, en relación con la cuestión estética, para Bea ahora la idea es ir más relajada por la vida porque hay situaciones físicas u orgánicas en donde el cuerpo pide otra atención, hay otras prioridades.
Pilares
En este recorrido el acompañamiento es fundamental y en estos procesos, la amistad se valora mucho más. Según Bea, se ha potenciado ese valor detrás del acompañamiento. “Las reuniones con amigas son siempre una prioridad. Las reuniones sociales, las reuniones que te contienen siempre son una prioridad, aunque siempre estamos con cuestiones horarias, nunca coincidimos, pero siempre hay un lugarcito para el mensaje, para estar, para acompañar. Tal vez antes, por ahí uno priorizaba otras cosas, otros momentos, siempre el trabajo, la casa. Siempre estamos focalizando en esas cosas”, indicó.
Sin embargo, pese a la adversidad nunca faltaba una amiga o familiar que estuviera presente en distintos momentos, una que la acompañara a radioterapia u otra amiga que quería estar con ella en un momento de quimio. “Yo prefería que no porque era una espera larga e innecesaria en mi caso porque me sentía muy bien y felizmente nunca pasaba nada, pero siempre había una amiga ofreciéndose para todo”, recordó.
Bea también valoró a su amigo y compañero de radio Miguel Ángel Juárez, quien además es médico patólogo. “Me emocionó mucho cuando luego de estudiar mi muestra post operación, me dijo ‘te quiero decir que tenías un tumor’, en tiempo pasado, dejando en claro que allí ya no había nada. La quimioterapia había logrado su objetivo”, contó.
Prevención
Para Bea, comenzar con la prevención a su debido tiempo es fundamental. A la vez, indicó que hay tratamientos para esta enfermedad. Al mismo tiempo, señaló que el cáncer de mama es uno de los más comunes, con más tratamiento, con mejor pronóstico de recuperación, “siempre y cuando encaremos las cosas a su debido tiempo”.
En este sentido, aclaró que la prevención temprana es favorecedora para el tratamiento. Según Beatriz, acompañar y motivar también ayudan. El humor y mantener el cuerpo activo –en la medida de lo posible- son importantes ayudas.
“No deja de ser un cimbronazo la noticia, pero nunca me diezmó. Siempre estuve entera a la hora de afrontar todo esto. Soy por naturaleza ansiosa y muy hiperactiva y eso no se ha modificado. Me hubiera gustado que eso se frenara un poco, pero bueno, tiene que ver conmigo y tiene que ver también con las cosas que me ayudaron después a sobrellevar todo, a seguir activa, a seguir trabajando, a seguir moviéndome con total normalidad”, comentó.
A fin de dejar un mensaje para movilizar, Beatriz advirtió que el miedo inmoviliza. “El miedo no nos deja accionar”, destacó. Consideró que al decir “tengo miedo de ir al médico”, siempre hay que pensar en lo que puede llegar con posterioridad si no se hace un control preventivo a tiempo.
“Si no atendimos una situación de salud a tiempo, los miedos se pueden profundizar aún más con alguna patología o con algo que salta y que no lo esperábamos. Entonces, no dejar que el miedo nos inmovilice y accionar. A la par de preocuparnos y ocuparnos de nuestra salud”, sostuvo.
Bea insistió en que el control preventivo que llega a tiempo puede evitar males mayores a futuro. “Cuidemos nuestra salud, cuidemos nuestro cuerpo, el día a día, cuidemos nuestras emociones, cuidemos nuestra psiquis, desde que nos levantamos. Para mí es muy efectivo mirarme al espejo y devolverme una sonrisa, de forma mecánica. Y si le podemos sumar una musiquita y un bailecito, ¿por qué no? Y disfrutar de las cosas que nos da la vida, disfrutar del trabajo, disfrutar de cada momento porque esos momentos son irrepetibles”, sugirió.
A la fecha, Bea continúa con los controles, cada seis meses. Si bien, las quimios quedaron atrás, ella sigue hacia adelante, atenta a las señales del cuerpo. La autopalpación constante y los controles preventivos pueden salvar vidas, no sólo a mujeres sino también a hombres porque el cáncer de mama también puede afectarlos a ellos.
Hoy, las mujeres de Multimedios Ancasti y Bea te decimos perdé el miedo, “animate a tocarte”.
Retoño y sostén
Beatriz es la mamá de Sofía. Su hija fue su fiel compañera en este viaje. “Sin ella no hubiera sido posible también sostener esto”. Su hija se convirtió en su chef privada y cuidó la alimentación de Bea. La comida de su hija no sólo cuidó su salud, sino que también nutrió su corazón.
FRASE
“Comenzó un martes 11 de julio de 2023. Yo encaraba esa bitácora diciendo: ‘inicia aquí un viaje no deseado, pero sí aceptado’. Así fue; así lo viví”.
Beatriz Carreño
Texto: entrevista colectiva realizada por mujeres de El Ancasti
Fotos: gentileza Beatriz Carreño y Ariel Pacheco