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Editorial

El machismo gana por goleada

16 de abril de 2022 - 01:05

En sociedades, tal el caso de la argentina, donde hay una larga tradición machista que está fuertemente arraigada en la cultura, los hábitos, las instituciones y las interrelaciones personales, hay ámbitos que exhiben un promedio por encima del resto. El del fútbol es uno de ellos.

A diferencia de otras disciplinas, donde la participación femenina ha sido históricamente mucho más visible, en el fútbol, como en el boxeo y algunas otras, durante mucho tiempo los protagonistas han sido, en una abrumadora mayoría, los varones: los deportistas, los aficionados, los dirigentes Recién en las últimas décadas las mujeres se han ido incorporando a ese mundo que, sin embargo, conserva rasgos machistas inconfundibles en sus códigos, en sus discursos, en sus prácticas en general.

Los clubes hasta ahora han hecho muy poco, salvo contadas excepciones, para modificar esta realidad, y en este sentido se ubican entre las instituciones más reacias a las transformaciones que inevitablemente se viene registrando para revertir la histórica tendencia.

La Ley Micaela, que prevé la capacitación en cuestiones de género y violencia contra las mujeres en los tres poderes del Estado, pero que de a poco se ha ido aplicando también a empresas e instituciones no gubernamentales, casi no se implementa en los clubes, que además, en su mayoría, no tienen un protocolo establecido para abordar las situaciones de violencia de género. Este protocolo vendría muy bien para saber cómo actuar, sin que las resoluciones de determinadas situaciones dependan de las decisiones arbitrarias de los dirigentes.

El caso de Boca Juniors es notable por su contradicción. Es uno de los pocos clubes de primer nivel, no solo de la Argentina sino también del mundo, que tiene a una mujer en la vicepresidencia. Pero al mismo tiempo se ha mostrado excesivamente complaciente con megaestrellas profesionales que fueron acusadas de violencia de género siendo jugadores de esa institución: Cristián Pavón, Sebastián Villa, Edwin Cardona y Emanuel Barrios, por ejemplo.

No hay precisiones aún de cómo actuará la dirigencia xeneize en el caso de Eduardo Salvio, que atropelló con el auto a su exesposa, pero en principio ha tomado una decisión congruente con los antecedentes: no separará, al menos por ahora, al jugador del plantel profesional. Otros clubes como Vélez, Estudiantes, Racing u Olimpo de Bahía Blanca separaron inmediatamente a jugadores de esas instituciones denunciados por casos similares.

Modificar la cultura futbolera para erradicar el machismo resultará sin duda una tarea progresiva, un reto audaz que llevará su tiempo hasta que se vean los resultados esperados. Es posible acometer el desafío con éxito, pero solo será posible si hay una dirigencia comprometida con el objetivo. Mientras no haya en los clubes y en la propia AFA una convicción respecto de combatir los comportamientos que entrañan violencia de género en todas sus formas, aunque forme parte de la vida privada de los jugadores profesionales, las promesas de cambios serán solo menciones expresadas por compromiso, vacías completamente de contenido. Por ahora, el machismo gana por goleada.n

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