viernes 28 de noviembre de 2025
Editorial

Discurso falso y perjudicial

La noticia de que el continente americano ha perdido la certificación de región libre de sarampión, según informó recientemente la Organización Panamericana de la Salud (OPS), es un llamado de atención para las autoridades sanitarias de todos los países. La pérdida de la certificación ocurre por la transmisión sostenida del virus durante más de doce meses en Canadá, un hecho que marca un retroceso histórico en la lucha contra una enfermedad que, hasta hace poco, se consideraba prácticamente erradicada.

La OPS advierte que detrás de esta situación se esconde como causa principal la caída de las tasas de vacunación, un fenómeno que no se limita a Canadá. Estados Unidos, varios países de Europa y también regiones de América del Sur muestran descensos preocupantes en la cobertura, impulsados, sobre todo, por la prédica sistemática de los grupos antivacunas.

En Argentina, según datos del Ministerio de Salud, la cobertura de la primera dosis de la vacuna triple viral (que protege contra sarampión, rubéola y paperas) descendió del 95% recomendado por la Organización Mundial de la Salud a niveles cercanos al 85%, mientras que la segunda dosis, clave para garantizar la inmunidad colectiva, apenas supera el 80% en algunas jurisdicciones.

El discurso de los movimientos antivacunas se basa en desinformación, teorías conspirativas y manipulación emocional, no en evidencia científica. El discurso de los movimientos antivacunas se basa en desinformación, teorías conspirativas y manipulación emocional, no en evidencia científica.

No es la primera vez que el continente enfrenta brotes de sarampión tras haber alcanzado su eliminación. En los últimos años, Estados Unidos, Brasil y Venezuela fueron escenario de rebrotes persistentes. En el caso norteamericano, la rápida respuesta sanitaria permitió revertir la situación antes de que se cumplieran los doce meses de transmisión sostenida. Distinto fue el panorama de Brasil y Venezuela, que perdieron temporalmente su estatus de países libres de sarampión. Sin embargo, una estrategia conjunta entre la OPS y los gobiernos nacionales, que incluyó la vacunación de más de ocho millones de niños y niñas, permitió recuperar el control y recertificar a ambos países, aunque el virus sigue circulando de forma limitada.

La OPS ha sido clara en sus recomendaciones para detener este retroceso sanitario. Reitera la necesidad de trabajar estrechamente con las comunidades, involucrar a todos los sectores sociales, ampliar la cobertura de vacunación y reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica capaces de detectar rápidamente casos importados y responder antes de que la enfermedad vuelva a propagarse. Son medidas que requieren coordinación, compromiso político y, sobre todo, confianza social en la ciencia.

Esa confianza, lamentablemente, es la que los movimientos antivacunas buscan socavar. Su discurso es falso y perjudicial, porque se basa en desinformación, teorías conspirativas y manipulación emocional, no en evidencia científica. Al negar la eficacia y seguridad de las vacunas -una de las herramientas más efectivas en la historia de la salud pública-, estos grupos generan miedo infundado, erosionan la credibilidad de los sistemas sanitarios y ponen en riesgo la salud colectiva.

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