Candidatos.
Los presidenciales tienen una imagen negativa mayor al 50%.
Una encuesta publicada hace pocos días revela un dato preocupante que deberá llamar a la reflexión a la dirigencia política: la imagen negativa de los dirigentes de mayor peso político de la Argentina es siempre superior a la imagen positiva. No solo eso: la imagen negativa de estos dirigentes es siempre superior al 50%. Es decir que más de la mitad de los encuestados –y de la población en general, considerando que se trata de una muestra representativa- tiene predominantemente una mala imagen de cada uno de ellos.
Los dirigentes medidos en esta encuesta, realizada por la consultora Isonomía en la provincia de Buenos Aires, que concentra casi el 40% del padrón nacional, son los principales precandidatos a presidente de la Nación y la actual vicepresidenta, que no se presenta en estos comicios. Cristina Kirchner tiene una imagen positiva del 42,2% y una negativa del 54,8%. Sergio Massa posee un 40,5% de imagen positiva y un 55,5% de negativa. Horacio Rodríguez Larreta tiene un 38% de imagen positiva y un 56,2% de negativa. La imagen positiva de Patricia Bullrich es de 34,3% y la negativa de 60,7%. Javier Milei, finalmente, tiene una positiva del 25,1% y una negativa del 69,5%.
Mauricio Macri no fue medido en el sondeo mencionado, pero una encuesta de la consultora Nueva Comunicación de febrero de este año destaca que el expresidente posee una imagen negativa del 73% en el mayor distrito del país.
Es cierto que cada jurisdicción tiene su propia realidad y es probable que algunos candidatos suban su percepción positiva en otros distritos, pero sondeos nacionales anteriores también corroboran que los dirigentes de mayor peso político tienen una imagen negativa superior al 50%.
Con estos números se abre un gran interrogante respecto del comportamiento del electorado si es que, como todo parece indicar, ninguna fuerza política consigue en octubre el caudal de votos o la diferencia necesaria con la segunda minoría para evitar el balotaje. Para que algunos de los candidatos sea consagrado presidente de la Nación en una eventual tercera vuelta o tiene que haber un ausentismo muy grande o electores que voten por un candidato del que tienen imagen negativa, pero lo consideren un mal menor respecto de otro postulante. En un caso o en otro, la democracia aparece debilitada porque se pone en evidencia una desconexión social con la política.
La baja concurrencia a las urnas, pese a que el sufragio continúa siendo obligatorio, es un fenómeno que ya se viene advirtiendo en las elecciones provinciales desarrolladas en lo que va del año. Fundado en la apatía, el enojo o ambas cosas, el elevado ausentismo es una señal negativa que no podrá revertirse en lo inmediato, de modo que será tarea de la dirigencia política construir credibilidad y confianza a partir de gestiones nacionales que sean superadoras de las últimas experiencias.
El descrédito de la dirigencia política que actúa en los niveles de gobierno provincial y municipal parece ser menor. Las encuestas de imagen de gobernadores e intendentes muestran porcentajes más alentadores que las que se reflejan cuando se consulta sobre la percepción que la gente tiene de los dirigentes que juegan en las grandes ligas de la política. Tal vez deba buscarse en la mayor cercanía con la gente que tienen estos niveles de gobierno una respuesta a este fenómeno.
Aunque aún el rechazo popular a la política está lejos de lo que se verificaba en la crisis del 2001-2002, la mala imagen obliga a replanteos no solo del modo de hacer política, sino sobre todo de gestionar los asuntos públicos.
Fundado en la apatía, el enojo o ambas cosas, el elevado ausentismo es una señal negativa que no podrá revertirse en lo inmediato.