Método. Javier Galán es el más emblemático exponente de la política entendida como circo virtual.
El papelón protagonizado por el concejal Diego Figueroa con la denuncia del supuesto abandono por parte de la Municipalidad capitalina de lo que fue el centro de asistencia para personas con problemas de adicciones y salud mental “La Sala”, se inscribe en un contexto de uso frenético de las redes sociales para tratar de ganar visibilidad a cualquier costo.
Junto al libertario disidente Javier Galán y el radical “peluca” Tiago Puente, Figueroa conforma el trío político más mentado en el uso intensivo de este tipo de metodología, aunque corresponde reconocerle la condición de pionero en esto de echar mano a cualquier recurso para hacerse fama. Su debut con el procedimiento fue proponer que la Cámara de Diputados declarara ciudadano ilustre al “Trader God” Edgar Adhemar Bacchiani.
Sin embargo, es Galán el más frenético exponente de la política virtual. Anoche tuvo que utilizar sus redes para desmentir una gravísima denuncia por abuso sexual y extorsión que le interpuso una ex empleada, en lo que puede considerarse su intervención más seria en el debate público.
Un repaso por sus sitios bastará para descubrir lo ecléctico de sus contenidos, en los que pronunciamientos generales sobre las miserias políticas conviven con demagógicas dádivas, convocatorias a donar medicamentos psiquiátricos para él repartirlos vaya a saberse bajo qué prescripción médica, ofrecimientos de trabajo para pelar nueces con cuya comercialización luego financiará supuestos circuitos de beneficencia, visitas al “Topo” en el hospital y, en una cumbre de la confusión de roles, ofertas de su corralón para revestimientos de baños.
Galán, el concejal Diego Figueroa y el diputado Tiago Puente conforman el trío más intenso en el ecosistema de las redes sociales. Galán, el concejal Diego Figueroa y el diputado Tiago Puente conforman el trío más intenso en el ecosistema de las redes sociales.
Tamaña “melange” contrasta con una mísera producción legislativa: el único proyecto que presentó fue uno para obligar a los funcionarios a hacerse narco-test igual al que ya había presentado el exdiputado Hugo “Grillo” Ávila. Obviamente, se hizo un análisis en sus redes y desafió a toda la política a hacer lo mismo.
El concejal Figueroa se ajusta a la misma estrategia de agobiar usuarios virtuales con puestas en escena bizarras. Presentó el proyecto para condecorar a Bacchiani en noviembre de 2021, cuando ya las evidencias de las matufias que se cocinaban con las criptotapaderas eran abrumadoras. Era diputado, integraba el PRO, que actualmente preside, y reemplazaba a la radical Marita Colombo, que había fallecido por COVID.
Cualquiera hubiera interpretado aquella experiencia como un bochornoso error hijo de la ansiedad por destacarse rápidamente, pero Figueroa la interpreta como un éxito publicitario. Así es que en la campaña para concejal reincidió en la idea de que Bacchiani había salvado a la clase media catamarqueña y reivindicó su iniciativa con el argumento de que no podía saber que era un estafador. Y en cuanto agarró la banca de concejal se dedicó a promover ideas estrafalarias como la da sancionar a los locales gastronómicos de San Fernando del Valle que no echaran a pobres y mendigos, o terminar con los “trapitos”.
Todo, con montajes circenses difundidos por sus redes. Disfrazarse de empleado municipal, teclear notebooks en un bache… Con “La Sala” cometió un error garrafal: el centro fue cerrado hace ya cinco años y el municipio gestó otro sistema para abordar adicciones y patologías mentales. No era ningún misterio, pero bueno… si pretendió consagrar a Bacchiani sin interiorizarse de lo que había detrás del verso cripto, es insensato pedirle que se ponga al tanto de algo que ocurrió hace cinco años.
La subsecretaria de Salud de la Municipalidad, Fernanda Lagoria, explicó con todo detalle los cambios introducidos en el sistema y las razones por las cuales “La Sala” ya no funciona. En vista de los precedentes, a Figueroa le parecerá bárbaro que lo haya descripto como “ignorante” y “ridículo”.
Puente transita los mismos andariveles de “celebrity” virtual.
Parece que la pelea por entrar en la listas de Javier Milei el año próximo se definirá por “likes”.