lunes 24 de junio de 2024
COLECCIÓN SADE. ESCRITORES CATAMARQUEÑOS POR AUTORES CATAMARQUEÑOS

A Don Juan Alfonso Carrizo, cosechador de coplas

Rafael Toledo

El que nace en Catamarca

ésa es la gente mejor

el que no es sobrino del cura

es hijo del gobernador.

Esta copla, recopilada de la oralidad popular por nuestro comprovinciano Juan Alfonso Carrizo, es un paradigma de identidad catamarqueña. En el largo camino de la investigación folk lórica es un honor homenajear a un precursor que nos legó tan trascendental acervo cultural y a quien no se recuerda ni nombra en su verdadera dimensión. En otros países hombres de su talla son valorados y estudiados.

Juan Oscar Ponferrada, escritor catamarqueño, recuerda una anécdota con el poeta Federico García Lorca, cuando en una conversación en Buenos Aires le hablan de un “fecundo estudioso del cantar popular” y contestó: “Ya sé, debe tratarse de Carrizo, de quien me habló con interés Ramón Menéndez Pidal”, el gran filólogo español. Juan Alfonso Carrizo nació en San Antonio de Piedra Blanca, en el actual departamento Fray Mamerto Esquiú, el 15 de febrero de 1895, el sexto de once hijos de Ramón Delfín Carrizo y Ramona Magdalena Reinoso. Su casa aún se mantiene en pie, a una cuadra hacia el sur de la plaza donde un busto sobre pedestal deslucido referencia su memoria. En ese pueblo cursó la escuela primaria y luego ingresó a la Escuela Regional de Maestros de la capital provincial donde su profesor José Palemón Castro, docente inspirador, advierte su vocación y lo estimula en el camino de las letras: le solicita redactar una composición sobre “viejos cantares populares de Catamarca”.

Este trabajo también fue analizado por el Padre Antonio Larrouy, sacerdote lourdista regente del Seminario Conciliar, que daba simposios de extensión cultural en esa escuela, y lo incentiva a profundizar su análisis considerando al folklore como ciencia o disciplina científica, ya que “establece los orígenes, alcances y expresiones del saber popular condicionados por la tradición”. En 1916, graduado de maestro normal y orientado por Larrouy, se trasladó a Buenos Aires llevando consigo su fueguito encendido: poesía tradicional, folklore y ciencia. La misión era estudiar abogacía y enseñar como maestro de grado para solventar sus gastos. Incursionó en el periodismo con “El Bufoso” y en la revista infantil “Mustafá”.

Con el tiempo se fue alejando de la abogacía y cada verano regresó a su Catamarca donde lo recibían con gozo mientras continuaba con su cosecha de coplas anónimas. Con ese objetivo, remitió una carta a “vecinos caracterizados” solicitando su colaboración: “Pedir su concurso para una obra que ha de resultar de la acción conjunta y de la buena voluntad de nuestros comprovincianos… para que los cantares, letrillas, poesías serias y hasta sencillas vidalitas que existen por ahí, no caigan al olvido víctimas de la indiferencia popular…quiero que las obras del cantar catamarqueño por toscas o rudas que ellas sean, ocupen las páginas de un libro para que logren perpetuarse… y para que las generaciones que vengan después recuerden al coplero popular que vivió ignorado en nuestra tierra”.

En 1926 publica “Antiguos cantos populares argentinos. Cancionero de Catamarca” (275 páginas) con más de dos mil coplas y romances ordenados por temáticas y comparados. Allí está la copla que inicia este homenaje. Clasifica su recopilación en romances, canciones y coplas. Define:

Romance: composición poética en metro octosílabo con asonancias en sus versos pares y sin rima alguna en los impares.

Canción: Composiciones comúnmente octosilábicas (siempre en el terreno popular) que tienen sus versos aconsonantados y sus combinaciones estróficas variables, cuartetas, octavas, décimas y glosas.

Coplas: cuartetas comúnmente octosilábicas también, pero que tienen metro y rimas variables, como la seguidilla, cuyos versos impares son de siete sílabas y los pares de cinco.

Esta publicación fue posible por el apoyo del político e intelectual tucumano Dr. Ernesto E. Padilla. Años más tarde, Carrizo reconoció que esta primera edición adoleció de incluir en su estudio importantes áreas de la vasta geografía provincial.

Para esta obra, Carrizo solicitó a Ricardo Rojas que redacte el prólogo, pero se originó una seria polémica con el autor de Ollantay, Eurindia y El País de la selva, por sus distintas posturas sobre el saber popular y anónimo como fundamento de identidad. Intercambiaron en el debate originales cartas que deberían conocer los interesados en el tema.

En sus cancioneros, J. A. Carrizo, antecede su recopilación de la poesía tradicional con un Discurso preliminar, profundo análisis del contexto histórico, cultural y geográfico de la zona estudiada e ilustrado con mapas y gráficos: en el Cancionero Popular de Catamarca es interesante, entre muchos temas, el mapa de Catamarca en 1926 limitando con la aún vigente Gobernación de Los Andes, más tarde departamento Antofagasta de la Sierra (1943) y la reproducción de obras del pintor Jorge Bermúdez.

Además de Ernesto Padilla, otros intelectuales tucumanos de la llamada Generación del Centenario: Alberto Rougés, Manuel B. Terán y la Universidad Nacional de Tucumán, valoraron la importancia de la tarea iniciada por Juan A. Carrizo y lo apoyaron e impulsaron para continuar y ampliar su obra a todo el noroeste del país. Así recorrió palmo a palmo Jujuy, Salta, Tucumán y La Rioja entre 1927 y 1942.

En 1933 publica el Cancionero popular de Salta, un tomo de 717 páginas con 4.400 coplas y su Discurso Preliminar de 56 páginas. Dos años más tarde, el Cancionero popular de Jujuy, un tomo de 675 páginas, que incluye el Discurso preliminar y 2.000 piezas orales con Canciones y oraciones en quichua. En el Museo Histórico “Juan Lavalle” de Jujuy, la obra de Carrizo es valorada por un banner con coplas que acompañan una bandera del Ejército del Norte rescatada del campo de batalla. Impacta y emociona.

Vamonós compañeritos

a defender la bandiera

que la sangri de la puna

no si ridama andi quiera

En 1937, presenta Cancionero popular de Tucumán, dos tomos. 558 y 600 páginas. En el Discurso preliminar expone sobre la historia y etnografía de la antigua “Provincia del Tucumán”. También aquí, el Museo Folklórico de Tucumán destaca la obra de Carrizo: en la Sala homenaje a la gran Mercedes Sosa, un ejemplar del Cancionero que le perteneció, es exhibido como un tesoro personal. El Cancionero popular de La Rioja fue publicado en 1942. Tres tomos con 5.967 piezas recopiladas y más de 1.200 páginas. Tradiciones, expresiones y vivencias de los riojanos tan emparentadas con las nuestras. La fecunda obra de Carrizo comprende más de setenta títulos, fue reconocida internacionalmente. En España recibió el Premio “Alfonso X El Sabio”, en México fue incorporado a la Sociedad Folklórica.

Miembro de la Academia Argentina de Letras, de la Sociedad de Historia Argentina y del Instituto de Historia, Lingüística y Folklore de la Universidad Nacional de Tucumán. Su producción literaria es estudiada en universidades del mundo, por ejemplo, la Universidad de Colonia, Alemania. Allí, Christian Wentzlaff Eggebert redactó un ensayo: “Juan Alfonso Carrizo frente a la lírica de tradición oral del noroeste argentino”.

En 1945 publica Antecedentes hispano – medievales de la poesía tradicional argentina, 870 páginas. Sobre esta obra, la doctora en letras Olga L. de Botas, estudiosa de Carrizo, afirma: “Feliz aportación para la filología comparada, donde afirma y difunde sus lúdicas consideraciones sobre la presencia de la glosa española en América”. Con este libro profundiza su análisis en la herencia recibida del viejo continente y con ella las influencias orientales, griegas, arábigas. El presidente de la Nación, catamarqueño, Dr. Ramón A. Castillo, creó en 1943 el Instituto Nacional de la Tradición y nombró primer director a Juan A. Carrizo en reconocimiento a su labor. Este Instituto fue mutando su nombre a Instituto de Filología y Folklore, Instituto Nacional de Investigaciones Folklóricas, Instituto Nacional de Antropología hasta el actual Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano. En este lugar de la ciudad de Buenos Aires pude acceder a información sobre la obra de Carrizo y conocer su vastísima Biblioteca personal, donada para las generaciones futuras luego de su fallecimiento el 18 de diciembre de 1957. Son innumerables las anécdotas que se registraron en sus incansables periplos por pueblos, escuelas, montañas, salares y desiertos de nuestro noroeste en busca de perpetuar la poesía popular y las costumbres de su tierra, revalorizándola como región fundadora donde se conservaban en un profundo sincretismo la herencia española y las raíces originarias. Su titánica tarea fue escuchar, recopilar, comparar y clasificar más de 25.000 coplas.

Algunas obras se publicaron post mortem, como el valioso Rimas y Juegos Infantiles (614 páginas) en 1996 por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, donde varios especialistas continúan estudiando y profundizando sobre su obra, sumándose a los trabajos realizados por Juan Oscar Ponferrada, Bruno Jacovella, Olga Latour de Botas y el escritor José Horacio Monayar. Uno de los iniciales mentores de Juan A. Carrizo, el Dr. Alberto Rougés, afirma respecto a su obra: “La cultura no vive en libros ni bibliotecas, vive en los que la crean y en el público de éstos, los que aprecian la creación, la juzgan, la desechan o la acogen amorosamente, la internan en la entraña de su propia alma, en la entraña del pueblo, donde va a formar ese fondo emocional y valorativo que caracteriza su personalidad”. Varias obras musicales se compusieron en base a las glosas y coplas cosechadas en la oralidad popular por Juan A. Carrizo, aunque sin reconocer las fuentes en la mayoría de los casos.

Detallo varios ejemplos:

La histórica Zamba de Vargas, que según la tradición oral se ejecutó en la Batalla de Pozo de Vargas el 10 de abril de 1867, entre las fuerzas de la montonera federal de Felipe Varela y las del gobierno nacional, además de la versión santiagueña presentada por Andrés Chazarreta en 1906, hay una versión “riojana-catamarqueña” con coplas recopiladas por Carrizo y música de Luis Peralta Luna, en la que se destaca la valentía de los federales y la desigualdad del combate. Hay una antigua versión del Dúo Benítez-Pacheco, integrado por el riojano Antonio Benítez y el catamarqueño Eduardo Pacheco, acompañados al piano por Luis Peralta Luna. También fue grabada, entre otros, por Los Cantores de Quilla Huasi en 1956.

Lanzas contra fusiles

¡Pobre Varela!

Qué bien pelean sus tropas

vidita, en la humareda

Otra cosa sería, vidita

armas iguales.

Más cerca en el tiempo, el compositor riojano Ramón Navarro, seguramente en busca de raíces folklóricas, publica Chacarecoplas, una chacarera con coplas del cancionero recopilado por Carrizo:

Pobrecito mi caballo

junto conmigo padece

cuando bajo a divertirme

mascando fierro amanece

El Romance de José Cubas, con música y arreglos para coro de Carlos Guastavino y poesía de León Benarós, seguramente fue basado en Ya marchaba el Señor Cubas del Cancionero Popular de Catamarca, texto dictado a Carrizo por Ramón Ibáñez en Piedra Blanca (1915), aprendido en sus andanzas de tropero por el departamento La Paz entre 1870 a 1875. Grabé una versión adaptada para solista acompañado al piano por Enrique Loyola, en el disco Sin Olvido (2015) creado y producido por el periodista y cultor del folklore Carlos H. Barrionuevo.

Ya se ausenta de este mundo

se cumplió su plazo cruel

ya sus sentires confía

a la tinta y al papel

Otra obra del folklore Flor de retama, música recopilada por la etnomusicóloga Isabel Aretz en Sanagasta, La Rioja, y coplas del Cancionero de J.A. Carrizo, fue grabada, entre otros, por la cantora riojana Bruja Salguero.

Atiendan señores míos

atiendan, voy a contar

de una niña presumida

mezquina de voluntad.

Tal vez, la canción más conocida, Todo cambia, que fue publicada en letra y música por el compositor chileno Julio Numhauser, integrante fundador del legendario conjunto Quilapayún y actualmente con residencia en Suecia, está basada en el Cancionero Popular de Salta de Juan A. Carrizo: el romance Muda la vana esperanza. Hay una versión musicalizada como estilo sureño por el cantor Atilio Reinoso. Numhauser jamás reconoció el origen de las coplas de la canción que tuvo repercusión internacional por la excelsa versión de la Sra. Mercedes Sosa.

Muda la vana esperanza

Muda el más fino diamante

de mano en mano su brillo

muda el nido el pajarillo

muda el pensar un amante

......................

Y así como todo muda

Que yo mude no es extraño

Todo cambia

Cambia el más fino brillante

de mano en mano su brillo

Cambia el nido el pajarillo

Cambia el sentir un amante

.............

Y así como todo cambia

que yo cambie no es extraño.

Son innumerables las anécdotas que se registraron en sus incansables periplos por pueblos, escuelas, montañas, salares y desiertos de nuestro noroeste en busca de perpetuar la poesía popular y las costumbres de su tierra Mi sentido homenaje al gran comprovinciano Don Juan Alfonso Carrizo, que nos legó esta invalorable herencia, la que, sin su iniciativa, constancia, esfuerzo y sapiencia, se hubiera perdido irremediablemente. Un aporte fundamental a la cultura argentina y latinoamericana, valorada y agradecida en los grandes centros intelectuales internacionales y a quien, estoy convencido, aún le debemos nuestro reconocimiento.

Concluyo con palabras de Manuel Machado, poeta y dramaturgo español, hermano de Antonio Machado y contemporáneo de Juan Alfonso Carrizo:

Hasta que el pueblo las canta

las coplas, coplas no son

y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor

Que al fundir el corazón

en el alma popular

lo que se pierde de nombre

se gana de eternidad.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar