lunes 21 de noviembre de 2022

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LAS MALVINAS

Una empresa familiar

La empresa surgió en Santiago del Estero y la sucursal de Catamarca cumplió 30 años. La historia de un pequeño local a una esquina con tres niveles.

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En la esquina de Maipú y San Martín se encuentra uno de los comercios más emblemáticos y tradicionales de Catamarca. Recientemente, Las Malvinas celebró sus 30 años de atención al cliente. En una charla con Revista Express, el ingeniero Antonio “Toño” Susnjar, gerente de Las Malvinas, contó la historia de esta empresa que forma parte de la historia de los catamarqueños.

El ingeniero Susnjar destacó un detalle: la fuerza para salir adelante salió del empuje familiar. Esa fue y sigue siendo la clave del éxito. De profesión ingeniero civil, sin posibilidades de realizarse como tal y con ganas de probar suerte fuera del país, su hermana Emilia “Mili” Susnjar de Lami Hernández quiso darle una mano. Actualmente, él está a cargo de la gerencia, su hermana “Mili” es la dueña y también colabora su hermana María Isabel “Mary” Susnjar. El negocio surgió para ayudarlo. Así, remarcó que Las Malvinas es una empresa familiar, que comenzó a funcionar en octubre de 1992 en República 310. Al principio, solamente se dedicaban a la venta de motos. “Empezamos con nada, con una sola empleada y venía un vendedor que nos enseñaba un poco. Era un local aproximadamente de 50 metros cuadrados”, recordó.

En un primer momento, Las Malvinas exclusivamente se dedicaba a la venta de motos. Al inicio, tenían un stock aproximado de 10 ciclomotores, en un local alquilado. Pocos meses después, el negocio comenzó a dar los primeros pasos para crecer. “Empezamos con motos. Después, con la llegada del verano, comenzamos a vender ventiladores, un poco a las apuradas”, recordó entre risa.

Entonces, surgió la necesidad de trasladarse a un lugar más amplio. Las Malvinas se mudó a Salta 256, entre Rojas y Almagro, en mayo de 1993. Allí ampliaron el rubro, en un local propio, que habían construido, de 150 metros cuadrados. De esta manera, comenzaron a dedicarse también a la venta de electrodomésticos. Para el ingeniero Susnjar, éste “es el local más histórico, el que mucha gente conoce; es el de los recuerdos”. Allí, funcionó el negocio durante poco más de siete años. “Era un local más amplio, con depósito. Era mucho más cómodo y era nuestro”, remarcó.

En noviembre de 2000, Las Malvinas se trasladó a la esquina de Maipú y San Martín. Para entonces, contaban con su local propio, de 1.200 metros cuadrados, tres niveles (planta baja, primer y segundo piso) más un depósito, construido por sus propios dueños, con materiales catamarqueños y mano de obra de la provincia. “Nos fuimos adaptando”, expresó el ingeniero.

Actualmente, esta empresa familiar cuenta con 15 empleados –algunos con casi 30 años de antigüedad-, un local propio, construido por sus propios dueños. La fórmula para mantener un negocio de 30 años es, para el gerente, “valorar al catamarqueño dentro del local; es la figura más importante en nuestro trabajo. Humanizar la venta es el secreto para mantenerse en el mercado. Para nosotros, el catamarqueño es lo máximo que tenemos; lo respetamos y tratamos de cumplir con todo, con las garantías y el servicio posventa”, estimó.

Con el tiempo y el proceso de adaptación para mantenerse en el mercado, se le fue sumando la tecnología y la playa de estacionamiento, como un servicio para su clientela. Además de la variedad de productos, la atención, las facilidades de pago, concursos y sorteos por el aniversario. El 30 aniversario no fue la excepción. Para la ocasión, Las Malvinas sorteó cinco premios: una heladera, una cocina, un lavarropas, una bicicleta rodado 20 y un horno eléctrico.

“Empezamos con 50 metros cuadrados y hoy tenemos casi 1.200 metros cuadrados. Me considero más chico que una gran empresa. No somos una cadena; no tenemos la misma estructura ni el perfil de trabajo. En Catamarca muchos dicen ‘Las Malvinas son catamarqueñas’ y además, está dirigida por catamarqueños. Estoy yo y está mi hermana y mi otra hermana que está en la central. Por ella vino la apertura de la sucursal”, señaló.

Sobre el servicio que se le ofrece al cliente, el ingeniero destacó que en Las Malvinas encuentran una variedad de productos y la atención característica, con especial énfasis en que sea rápido y que se cumpla.

“Somos nosotros los que administramos y manejamos todo, desde el primer día. Pasamos 30 años con estas situaciones y seguimos en pie. Tenemos clientes de casi 30 años que todavía nos siguen comprando”, expresó.

La base

Si bien Las Malvinas es un negocio catamarqueño, tiene su origen en Santiago del Estero. Su fundador, José María Lami Hernández, era historiador y quiso rendir un homenaje a las Islas Malvinas. “Era un luchador por el derecho de las Islas”, destacó el ingeniero Susnjar.

El primer negocio se abrió en 1956, como talabartería. Lami Hernández, por entonces, se dedicaba a la comercialización de productos de cuero, como monturas. Luego, sus hijos tomaron la posta en el negocio comercial y ampliaron el rubro. Ellos implementaron la venta de electrodomésticos, decoración, artículos para el hogar y motos. “Cuando ingresaron los hijos, le dieron un cambio importante, con muchos rubros. Ahora, está entrando la tercera generación, sobre todo a la casa central”, comentó.

Las Malvinas es una empresa arraigada en Santiago del Estero, “muy reconocida, con mucha trayectoria”, con 15 sucursales y el local de Maipú y San Martín es la única sucursal en Catamarca. Esta empresa familiar, con el crecimiento y pujanza que tuvo a lo largo de los años, es una de las empresas más consolidadas del noroeste argentino.

“La empresa estaba funcionando y pusieron una sucursal en Catamarca para que la administre. Es una empresa de muchos años. En Santiago del Estero está en casi toda la provincia. Es un negocio catamarqueño de origen santiagueño. Poco más del 50% es catamarqueño”, contó.

Con la idea de crecer, el ingeniero Susnjar comentó que surgió “una pequeña idea” de salir del casco céntrico. “El centro cada vez se complica más. Es algo lejano pero está surgiendo, la idea se está madurando. La idea es un estilo de los grandes hipermercados. En Santiago del Estero hay un local de Las Malvinas de ese estilo, de grandes superficies y de un solo nivel”, detalló.

Siempre presentes

En cuanto a anécdotas, el ingeniero recuerda que en más de una ocasión, le dijeron que siempre que juegan a las cartas, se acuerdan de Las Malvinas. “En una época, de souvenir dábamos un mazo de cartas y en el lomo tenían el logo de Las Malvinas. Regalamos siempre una pequeña atención. Nuestro negocio tiene otro perfil, más tradicional, más clásico”, comentó.

Fotos: Ariel Pacheco/Gentileza

Textos: Basi Velázquez

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