Lo hace al mismo modo vareliano. “No soy historiadora, a mí déjenme con el placer de contar”, se permite aclarar la prestigiosa autora, como para despejar cualquier intento de sublevación en la tropa.
Lo hace al mismo modo vareliano. “No soy historiadora, a mí déjenme con el placer de contar”, se permite aclarar la prestigiosa autora, como para despejar cualquier intento de sublevación en la tropa.
Es que, a pura letra, Celia Sarquís proyecta en perspectiva el paso de un interesantísimo recorrido que ya tiene su segundo mojón. Con “Felipe Varela caudillo de la libertad”, la escritora catamarqueña abona lo que promete ser una saga biográfica de personalidades históricas del pago chico que tuvo su debut en 2019 con “Eulalia Ares y la revolución de las polleras”, reeditada ya cuatro veces. Con estas recientes novelas, la autora de “Cuentos para Celina” y una multiplicidad de textos publicados en ensayos y poemarios a lo largo de su carrera, encara una línea narrativa definida que se enriquece con inteligencia y sensibilidad, tomando base en investigaciones profundas que le dan un conocimiento acabado de los contextos de los que se vale para crear.
Fiel a su estilo, este perfil inequívoco de Sarquís, la coloca con prontitud entre los principales novelistas contemporáneos del Noroeste Argentino.
Sobre la obra
Esta versión de Felipe Varela es, a todas luces, sorprendente, incluso para quienes conocen la historiografía del caudillo. Se trata de un relato estructurado en dos partes principales: la primera, un nada lineal viaje por la vida del personaje principal, con secuencias de su niñez y de sus hitos relevantes en la vastedad de los territorios que transitó hasta la derrota final en el Pozo de Vargas; y la segunda, con una pluralidad de voces de sus aliados y de sus antagonistas que, con un Varela destruido física y moralmente, terminan de configurar nada menos que al héroe de los pueblos del interior. Un héroe que dedicó su vida al armado de una gesta cuyo horizonte lejano siempre fue la libertad de los pueblos americanos contra el centralismo del poder de las grandes urbes. Consigna vigente que, como pocas, nunca decae dentro de las fronteras del continente.
A modo de pausa reflexiva, entre ambas partes, la autora introduce un Interludio en el que el “despojo andrajoso” -casi cariñosamente, sin que sea una apreciación despectiva- de su ejército transita el hielo de la Puna rumbo al exilio.
El Epílogo se presenta con una nueva voz narradora y un ingenioso desenlace, que interpela al lector a través de una genial y -a nuestro modo de ver las cosas- necesaria acción reparadora.
Otras aristas de la obra son la inclusión del agua -e incluso otras referencias naturales- como elemento central de la narración, así como la construcción de los personajes secundarios muy cercanos al caudillo, entre los que se cuentan varias mujeres: su madre Isabel, su esposa Trinidad y su compañera de lucha Dolores, la Tigra. Párrafo aparte merecen los categóricos fraseos que abundan en la obra, como una medida justa de la rigidez en los dogmas que se perseguían en las conductas de época.
Las impecables referencias históricas son utilizadas en el texto para poner en contexto una trama atrapante, la de un hombre que aceptó como herencia el mandato paterno y lo supo llevar al extremo de armar un gran ejército en el épico intento de alcanzar la libertad de los pueblos oprimidos: la gente humilde de los pueblos del interior. En ese objetivo, la autora muestra con exquisito detalle cada una de las carencias y de las fortalezas del hombre y su gesta. Las promesas incumplidas, las traiciones, los conflictos, las marchas y contramarchas. Una historia apasionante, como la mayoría de los sucesos “de pago chico” que los catamarqueños nos merecemos conocer sobre nuestro pasado colectivo, con héroes populares o anónimos.
Algo que, en definitiva, nos pone en fila para encarar en el presente la reivindicación de Felipe Varela como héroe del federalismo en cada una de las batallas que debemos dar de cara al futuro.
La referencia obligada es su célebre proclama a los pueblos americanos, cuyo proceso de maduración y redacción también está relatado con las explicaciones que ayudan a entender por qué Varela consideraba tan necesario el paso del pensamiento a la acción como algo fundamental en la vida.
La presentación oficial de esta novela fue en la reciente Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, luego tuvo continuidad en el Mayo de las Letras, provincia de Tucumán y días pasados llegó a Catamarca, en el marco de un reportaje al público que colmó el salón de conferencias del Consejo Profesional de Ciencias Económicas.