La localidad de Yavi, en el norte jujeño, a escasos pasos de la frontera con Bolivia, es un paraíso en medio de la Puna. Su mezcla única de historia rica y paisajes pintorescos se presenta como un destino imperdible para aquellos que buscan experiencias auténticas durante el feriado de Semana Santa.
El pueblo de las "Lloronas"
El Viernes Santo, las calles de este pueblo jujeño se llenan de mujeres que bajan del cerro a cantar toda la noche las letanías por la muerte de Jesús.
En este pintoresco pueblo del norte jujeño, cada calle cuenta una historia de luchas, paradojas y un legado que resistió el paso del tiempo. Con sus antiguas construcciones coloniales, la majestuosa Iglesia Nuestra Señora del Rosario y San Francisco de Asís, y un museo que despierta la curiosidad, Yavi se revela como un verdadero tesoro histórico. Además, las tradicionales celebraciones, como Las Lloronas, ofrecen a los visitantes una oportunidad única para sumergirse en la cultura local.
Las Lloronas de Yavi
Como cada Viernes Santo, las Lloronas de Yavi recorren las calles del pueblo desde la noche hasta el amanecer cantando letanías por la muerte de Jesús. Algunas visten tules blancos y llevan su largo pelo negro delante cubriéndoles así el rostro.
La tradición de las doctrinas de Yavi y las "lloronas" que acompañan a la Virgen María en su dolor son parte de una tradición centenaria.
Cuando no había sacerdotes que atendieran al pueblo, se dejaban a laicos encargados de la catequesis, los llamados "maestros de doctrinas" que enseñaban con el librito de la Ancora de Salvación (esto puede haberse dado aproximadamente entre finales del siglo XVIII y todo el XIX).
En la última parte del libro se incluyen oraciones llamadas doctrinas y son las que cantan las señoras en forma de coplas con escalas musicales que se remontan a los cantos ancestrales.
Encabezan la procesión hombres que llevan el Santo Sepulcro envuelto de blanco y flores rosas y amarillas, nunca se le da la espalda al altar. Detrás vienen las lloronas trayendo la Virgen. También llevan faroles de papel barrilete de colores y una vela. Las procesiones se repiten a lo largo de la noche, hasta que en la última se desarma el Monte del Calvario y se reparten las flores bendecidas y el molle.