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Cacho Serra

El don de la palabra

Su voz es una marca registrada de la vieja guardia de la locución catamarqueña. También incursionó en la literatura con versos propios.
20 de marzo de 2022 - 01:10

Juan José “Cacho” Serra es una de las voces emblemáticas de la radiofonía catamarqueña. A su talento natural le sumó el perfeccionamiento de la capacitación y este resultado le abrió varias puertas. A la vez, lo llevó al éxito. Siempre vinculado con la palabra, “Cacho” también se dedicó a escribir versos y editar libros.

En una charla con Revista Express, contó sobre su vida y su trayectoria. La entrevista se hizo corta para contar tantos aspectos de su vida, con muchas anécdotas. “Cacho” nació el 13 de abril de 1942, en el viejo hospital San Juan Bautista. Su familia residía, por entonces, en Piedra Blanca, Fray Mamerto Esquiú. Allí vivió hasta los cinco años y luego su familia se mudó a la Capital. Comenzó sus estudios en el Colegio Padre Ramón de la Quintana. Luego comenzó a cursar los estudios secundarios en la Escuela Normal “Fray Mamerto Esquiú”.

“Tuve una niñez muy linda. Al fondo de mi casa –en Ayacucho al 800-, saltando la tapia ya estaba jugando al básquet en el Club Olimpia. Fue el deporte que practiqué con todo gusto y alegría”, recordó.

En plena adolescencia, perdió a su madre. Fue un hecho que lo marcó y afectó en sus estudios secundarios. Su hermana mayor, quien vivía en Mar del Plata, lo invitó a mudarse con ella. Entonces, la escuela quedó en un segundo plano. Su talento en el básquet le abrió una puerta en el Club Peñarol, en la ciudad marplatense. Su buen trato con los dirigentes le dio posibilidades de trabajo. Allí vivió dos años.

Luego, se abrió una puerta en Tinogasta, en su Catamarca natal, donde residía otra hermana. “No lo dudé mucho. Yo nací para vivir en lugares chicos. Mar del Plata era una ciudad que construía mucho; era 1957. Estuve en el Primer Festival de Cine y anduve mirando a las actrices. Anita Ekberg –La dolce vita- era la figura internacional más promocionada. Hubo muchos otros”, contó.

Para “Cacho”, mudarse de Mar del Plata a Tinogasta fue el gran acierto de su vida. Ese año, se inauguraba en Tinogasta la Escuela Secundaria. Los chicos tinogasteños no tenían que viajar más a la Capital para completar sus estudios. Rindió las materias que debía y completó sus estudios secundarios. Así obtuvo el título de “maestro normal regional”.

Entonces, su estrella lo iluminó. Era la fiesta de egresados y “Cacho”, a pedido de la orquesta, dijo unas palabras alusivas. “El dueño de los equipos descubrió que tenía voz microfónica. Quinto año lo cursé con prácticas de locución, que le sirvió para participar en el concurso de voces de LW7, en aquel año. Ganó en 1962 y al año siguiente quedó confirmado como locutor del cuerpo estable de locutores de LW7 que estaba en Rivadavia 741”, detalló.

Otra oportunidad

Por entonces, “Cacho” jugaba al ajedrez en Tinogasta. Cinco ajedrecistas del Círculo de Obreros de la Capital viajaron hasta esa ciudad. Serra había salido quinto en su localidad y se enfrentaba con los capitalinos. Los ajedrecistas estaban conversando y “Cacho” pidió permiso porque tenía que hacer una locución para una publicidad. Uno de los que estaba allí con él lo escuchó y le propuso que participara en el concurso de voces que organizaba Radio Catamarca. “Cacho” se enteró en ese momento; buscó quien lo acercara a la Capital y llegó a tiempo para concursar. “Fui uno de los últimos inscriptos. Éramos 128 postulantes. Decían que iban a tomar a tres pero finalmente fue uno; fui yo. Así, retorné a mi lugar de nacimiento, en San Fernando del Valle de Catamarca. Tenía 22 años”, precisó. El destino no quiso llevarlo al servicio militar, por bolilla baja. Así, pudo comenzar su carrera como locutor.

Otra faceta

Una pregunta a la que “Cacho” está acostumbrado es sobre cómo y cuándo comenzó a escribir. Desde joven, escribía coplas y poesías pequeñas para acompañar el crecimiento de sus hijos. “El caballo de madera”, “La jirafa”, “El auto que quiero yo” son algunos de sus versos. “Cuando cumplió 25 años de egresado, con los compañeros nos reunimos en Tinogasta. Carlos Tello tenía una carpeta. ‘¿Te acordás lo que me escribiste?’ y la verdad que no me acordaba nada. La intención de rimar ya estaba desde la escuela. Un señor, ‘Cholo’ Rementería, tenía una imprenta en calle Ayacucho y se interesó. ‘¿Por qué no hacemos libros infantiles?’; ‘porque no tengo plata’; ‘No importa, lo hagamos’. Así nació Poemitas niño, con una ilustración a color, de un artista plástico amigo, muy reconocido, Raúl Guzmán. Fue el primer libro”, precisó.

Su colega Iris Agüero le propuso un programa nocturno, con boleros y poesías. Recitaban la obra de grandes poemas. “Por intruso, escribí varias poesías románticas y las fui intercalando, hasta que alguien me dijera ‘eso ya no sirve más’. Eso no pasó y seguimos insistiendo. Me propusieron armar una cartilla con publicidades. Con eso pagó su sueldo de locutor. Las chicas del Liceo o de la Normal salían en bandada a las casas que anunciábamos para buscar la cartilla. La hice durante cuatro años y estaba obligado a escribir cuatro poesías mensuales para llenar las cuatro páginas. A veces, no llegaba e invitaba a otros poetas. Ellos muy contentos por expresarse públicamente a través de una cartilla”, recordó.

A poco de cumplir 80 años, aún hay hilo en el carretel. Aunque “Cacho” se define como “vago” para escribir siempre hay una ocasión. Escribió en homenaje al Padre de la Patria don José de San Martín, a Felipe Varela, a Luis Franco y a Juan Alfonso Carrizo, al paisaje tinogasteño, a Andalgalá y Pomán.

Bendecido

“Cacho” tuvo una vida prolífica. No alcanza una entrevista para recolectar tantas anécdotas. Fue, además, director de Radio Municipal y de Radio Nacional. Al día de hoy, lo siguen convocando para que haga la locución en algún evento y oficie de maestro de ceremonia. Siempre en la función del micrófono y la palabra.

“Todos tenemos una historia, aunque sea pequeñita, por el hecho de haber nacido. Se la condimenta con flores. Son las circunstancias que nos tocan vivir. Me siento un privilegiado en mi vida, por haber estado detrás de un micrófono, en la radio, desde 1963 a 1980 en LW7 y desde 1981 a 1990 en Radio Nacional”.

Tinogasta, su punto de partida (*)

Juan José "Cacho" Serra, un joven, un adolescente que aún no tenía en claro el camino a seguir, por cuestiones familiares, había fallecido su madre, se encontraba viviendo en Mar del Plata, junto a una hermana mayor. Pero el destino se encargaría de llevarlo lejos de esta gran ciudad y establecerse en la ciudad de Tinogasta, lugar donde se había radicado su hermana por cuestiones de trabajo de su esposo. Con el tiempo, "Cacho" diría que este cambio fue el que dio un giro a su vida, que fue un acierto.

En esta ciudad se había creado la escuela Normal y allí aprovechó para estudiar y convertirse en Maestro Regional. Pero mientras estudiaba, fortuitamente y gracias a circunstancias dadas, descubrió lo que sería el camino del futuro. Mientras se llevaba a cabo una fiesta estudiantil con la animación de Arriola y sus muchachos, el locutor y animador, no había concurrido a esa fiesta y entonces Arriola les preguntó a los jóvenes estudiantes si alguno se animaba a realizar la animación. Todos los compañeros señalaron a "Cacho" a la vez que lo animaban a subir al escenario. No solo que se animó sino que realizó un excelente trabajo, destacándose totalmente.

Luego el dueño de Publicidad Cumbres, el profesor Ramón Antonio Sierralta, le dijo: "Te puede faltar muchas cosas pero tenés un voz microfónica increíble, a la vez que lo invitó a sumarse a este medio de comunicación. Ésta era la primera vez que Juan José “Cacho” Serra realizaba este trabajo que día a día con entusiasmo desarrollaba. Estaba en este trabajo cuando le avisan que en LW 7 Radio Catamarca, había un concurso para locutor, con muchas dificultades pudo llegar a Capital y concursar, fue el último en anotarse. ¡¡¡Y... ganó!!!

(*) Colaboración de Hugo Oscar Alaniz

Fotos: Ariel Pacheco. Gentileza

Texto: Basi Velázquez

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