Para conocer un poco más a esa familia, nos detengamos ahora en los antepasados maternos del Beato Esquiú. En los años finales del siglo XVIII, el sábado 30 de julio de 1796, en la ciudad de Catamarca, se casaron Julián Medina con María Paula Luján, quien en otros documentos aparece registrada con el apellido Medina. Esa situación llevó a la confusión de algunos historiadores que afirmaron, erróneamente, que Julián y Paula, los abuelos maternos de Esquiú, eran primos. Con motivo de su casamiento, Julián recibió de su padre, Pascual de Medina, veintiocho pesos y, “en ropa para su vestuario”, el valor de treinta y cinco pesos. Además, una olla de hierro, una yunta de bueyes, once caballos y la tercera parte del algodonal y las higueras que se encontraban en los terrenos que heredó en Piedra Blanca de su madre, María Jacinta de Mercado y Reynoso, más una parte que su padre había comprado e incorporado a la propiedad. Posiblemente, la casa natal de Esquiú se construyó en esos terrenos.
Cuatro años después de celebrado el matrimonio de Julián y Paula, el mencionado Pascual de Medina, bisabuelo de Esquiú, falleció el 15 de octubre de 1800. Fue sepultado en la Iglesia Matriz de Catamarca con el hábito de San Francisco como mortaja. Sabemos que heredó de su padre, José de Medina, tierras en Valle Viejo, y de su madre, Sebastiana Ovejero, tierras en Piedra Blanca. Pascual había casado dos veces. Es por ello que, en 1771 figura censado con su primera esposa, María Jacinta, en Piedra Blanca. Allí mismo residía Pascual en 1780, pero ya con Margarita Gómez, su segunda esposa. Del primer matrimonio, como dijimos, nació Julián Medina quien, junto a Paula, fueron los padres de dos hijas, María de las Nieves y de Francisca Medina. La primera casará con el catalán Santiago Esquiú.
La primera referencia documental que acredita la presencia del catalán Santiago Esquiú en territorio catamarqueño es de 1816. En ese año se encontraba en Ancasti donde pretendía contraer matrimonio con María Anastasia Acevedo. Esta pretensión no se concretó y poco después, el 9 de enero de 1820, el catalán Esquiú casó en la ciudad de Catamarca con María de Jesús Salas, hija de Gervasio Salas y de Juana Rosa Correa. De ese matrimonio nació una hija en diciembre de 1820.Exactamente un año después, en diciembre de 1821, falleció la esposa de Santiago, quien, una vez viudo, inició los trámites para contraer nuevamente matrimonio. Menos de un año después de enviudar, el 5 de septiembre de 1822, en Piedra Blanca, se casó con María de las Nieves Medina. Con esta información, rectificamos lo publicado por Francisco Castellanos Esquiú cuando afirma que el noviazgo de sus bisabuelos Santiago y María de las Nieves duró dos años, desde 1820, lo que es imposible. Seguramente desconocía la existencia del primer matrimonio de su antepasado catalán. Seis hijos nacieron del matrimonio Esquiú y Medina. El segundo fue Mamerto de la Ascensión, que llegó al mundo hace doscientos años, el 11 de mayo de 1826. Sus padrinos de bautismo fueron Juan Delgado y su esposa María Luisa Andrade. Delgado era un andaluz que se había casado con María Luisa en 1821, siendo ella viuda de Antonio Benito del Viso. Mamerto fue confirmado en 1835 y su padrino fue el padre Agustín Colombres, hermano del diputado por Catamarca al Congreso reunido en Tucumán en 1816, José Eusebio Colombres.
Santiago Esquiú murió el lunes 3 de febrero de 1845 “como a las nueve de la noche”. Lo asistieron espiritualmente “el padre Rosales y el Cura Rivera”, según se lee en el Diario de Familia, iniciado por el propio Santiago. Así recordaba Mamerto a su padre: “… aún no aclaraba el día sus primeros crepúsculos, y la voz de mi padre sonaba como el acento de un ángel de Dios sobre su familia, que de rodillas alternábamos los cánticos del Trisagio y las oraciones de la mañana; después… salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha…”.Escribió Francisco Castellanos Esquiú que su bisabuelo Santiago era “físicamente, un hombre alto, delgado, bien parecido, de ojos castaños y suaves maneras”.
No es desconocido el dato de la fuerte devoción religiosa de la familia, pero pocas veces se hace referencia sobre la pertenencia a la Tercera Orden Franciscana de miembros de la familia. El jefe de familia ingresó a la misma en 1822, dos meses antes de casarse con María de las Nieves Medina, que también perteneció a la Tercera Orden.
De las cuatro hermanas del Beato Fray Mamerto Esquiú, las únicas dos que contrajeron matrimonio lo hicieron el mismo día: Justa Pastora casó con Facundo Iturres y Josefa de Jesús con Agustín Delgado, el 10 de noviembre de 1855. Ambas fueron casadas por Fray Eulogio Pesao, quien el año anterior había escrito, junto a Fray Wenceslao Achával, una biografía sobre Fray Mamerto. Las hermanas Esquiú estaban emparentadas con sus novios y existe numerosa descendencia de ellas en la actualidad. Testigos del casamiento de los Iturres-Esquiú fueron Samuel Molina y su esposa Primitiva Segura. Pocos años después de esa ceremonia, Samuel Molina asumió la gobernación de la provincia de Catamarca. El novio, Facundo Iturres, era tío materno de Welington Mercado, importante empresario radicado en Andalgalá, y de su esposa, Clementina Figueroa Cáceres, primos hermanos entre ellos. También era tío de Jacinta Mercado, casada con Marcos Toribio Molas, matrimonio del que conocemos numerosa descendencia hoy. Además, Facundo Iturres era tío abuelo del reconocido médico Carlos Malbrán. Una de las hijas de los Iturres-Esquiú, Primitiva Rosa, contrajo matrimonio con Ramón Basilio de la Vega quien, junto a su tío político Odorico Esquiú, fueron delegados por Piedra Blanca en la renovación del Juramento a la Virgen del Valle en 1888. Ramón Basilio de la Vega fue clave al momento del acceso al archivo particular de Mamerto Esquiú para su investigación, tema en el que estamos trabajando ahora.
Los Delgado-Esquiú, por su parte, tuvieron por testigos en la boda a Juan Manuel Bazán y a su esposa, María Vicenta Delgado, hermana del novio. Bazán era primo hermano de la madre del mencionado anteriormente Samuel Molina. Una de las hijas de los Delgado-Esquiú, María Ercilia, casó con Bernabé Aráoz, que no tiene absolutamente nada que ver con la familia tucumana de ese apellido, como se ha repetido equivocadamente. Los Aráoz-Delgado Esquiú colaboraron en la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en La Puerta (Ambato). En reconocimiento, los restos del matrimonio benefactor fueron sepultados en el interior del mencionado templo.
En el mismo año del casamiento de las hermanas Esquiú falleció la abuela materna Paula Medina, a quienes sus nietos llamaban Madre Señora. A la tía Francisca, hermana de María de las Nieves, la llamaban sus sobrinos Mamita. Sin dudas, la prematura muerte de la madre de los Esquiú y Medina, en 1836, determinó que la abuela y tía maternas ocupen un lugar significativo en el núcleo familiar. Otro miembro de la familia Medina que permaneció muy cercano al hogar de Fray Mamerto fue su tío Bernardo Álvarez, quien era primo hermano de María de las Nieves Medina. En una carta fechada en Tarija en 1862, Mamerto Esquiú le escribe a “mi estimado tío y señor de mi aprecio” en la que le ruega que “que nunca dude que le seré eternamente reconocido a los oficios de Padre, que por largos años ha ejercido con mi familia y conmigo: haré a Dios continuos votos por su felicidad y la de toda su familia, que Dios ha unido a la mía por vínculos tan sagrados”. Bernardo Álvarez, el tío querido de los Esquiú y Medina, era hijo de María Nicolasa Medina, hermana de Julián, el abuelo de Fray Mamerto. La segunda esposa de Bernado fue María Eudosia Avellaneda, hermana de Félix Fermín, gran amigo del Beato y autor de una de las biografías más importantes que se escribieron sobre Esquiú a principios del siglo XX.
En marzo de 1880, invitados por los padres de la comunidad de San Francisco, se reúnen los seis hermanos Esquiú y Medina en la Chacarita de los Padres, conocida como El Calvario, camino a El Rodeo. Además de los hermanos de Mamerto, estaban también tres hijas de su hermano Odorico: sus sobrinas Nieves Esquiú de Castellanos, Mercedes y Dolores Lola Esquiú. El menú consistió en un plato de sopa, guiso de gallina con arroz y uvas de postre. El padre Esquiú se sirvió unas cucharadas de caldo y seis cabezas de cebollas, más unos cuantos granos de uva y un vaso de agua fresca. “No hubo forma de hacerle tomar nada más”, escribe su sobrino nieto Francisco Castellanos Esquiú.
El miércoles 20 de octubre de 1880 Fray Mamerto dejó el Valle de Catamarca para siempre. Escribió en su Diario de Recuerdos y Memorias que ese día celebró “la misa cantada a Nuestra Señora del Rosario en el altar de Nuestra Señora del Valle, encomendándole mi viaje, mi vida y muerte y las de los míos. Por la tarde salgo de Catamarca…”. Fray Mamerto González, el gran biógrafo de Esquiú, agregó: “Para no volver más! ¡Último día de su vida que ve la ciudad predilecta de su corazón!”. Viajaba a Buenos Aires donde iba a ser consagrado Obispo de Córdoba. Ese mismo día 20 de octubre, antes de partir, en la Iglesia Matriz de Catamarca (actual Catedral) bautizó a su sobrina nieta María Eloísa de la Vega, nieta de su hermana Justa Esquiú de Iturres. Madrina de la pequeña fue su tía Nieves Esquiú, ya mencionada, hija de Odorico y casada con el doctor Francisco Castellanos.
Debemos comentar que, a poco de fallecer Mamerto Esquiú el 10 de enero de 1883, su hermano Odorico emprendió la ardua tarea de recolectar todo documento, “público o privado, original o impreso”, perteneciente o relacionado con su hermano Obispo, con la idea de brindárselos a José Manuel Estrada, quien estaba preparando una biografía sobre el Beato, que nunca concluyó. Parte de los documentos recolectados por Odorico le fue proporcionada por Félix Avellaneda, íntimo amigo del franciscano catamarqueño. Avellaneda, a través del sacerdote Victoriano Tolosa, pudo acceder, luego de larga insistencia, al archivo particular de la familia Esquiú, custodiado celosamente por las hermanas de Mamerto, Rosa y Justa, quienes, en un primer momento, se resistieron a compartir el archivo familiar. Rosa, la hermana mayor del Beato, le explicó al padre Tolosa que les parecía imprudente facilitar datos y documentos “para elogio de su hermano”. Sin dudas, un claro testimonio de la humildad de los Esquiú.
Para terminar, compartimos una reflexión de Ramón Gil Navarro escrita en 1854: “Si el Padre Esquiú no fuera humilde de corazón por sus votos sagrados, y por la vida que está llamado a llevar, pudiera decir con justo orgullo: ‘Soy el fundador de mi raza; en mí comienza la nobleza de mi familia’.”