domingo 10 de mayo de 2026
HISTORIA CATAMARQUEÑA

A 200 años del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú

Sacerdote, docente, legislador y una de las figuras más influyentes del siglo XIX argentino, Esquiú dejó una profunda huella política, religiosa e intelectual. Su vida comenzó en una humilde casa de Piedra Blanca, hoy convertida en símbolo histórico y cultural de Catamarca.

Mamerto de la Ascensión Esquiú consagró su vida al servicio de Dios y de su Patria; hombre fundamental durante el siglo XIX, es una figura imprescindible para los argentinos del siglo XXI.

Hijo de Santiago Esquiú y María de las Nieves Medina, nació el 11 de mayo de 1826 en La Callecita, del viejo departamento Piedra Blanca. Desde niño vistió el hábito franciscano, promesa realizada por su madre para que recobre su delicada salud; ingresó al convento de San Francisco de Catamarca donde cursó sus estudios eclesiásticos con un brillante desempeño; más tarde ejercería la docencia y la dirección de tan prestigiosa escuela, verdadero faro intelectual de todo el Noroeste Argentino. Se ordenó sacerdote en la provincia de San Juan el 18 de octubre de 1848 y el 15 de mayo de 1849 en la ciudad de San Fernando del Valle, celebró su primera misa en sufragio de sus padres fallecidos.

Destacado docente y profundo intelectual, escuchando la voz de su pueblo desempeñó los cargos de diputado, consejero de gobierno y convencional constituyente en la provincia de Catamarca. En la ciudad de Sucre ejerció la docencia en el Seminario Metropolitano y fue fundador y redactor del periódico El Cruzado; fue un sacerdote ejemplar, evangelizador, misionero y obispo de la Diócesis de Córdoba. Murió el miércoles 10 de enero de 1883 en la posta de El Suncho, departamento La Paz. El Beato Esquiú tiene en su vida los valores y virtudes que hoy precisamos los argentinos.

La casa natal de Esquiú

Antes de construirse la ruta nacional Nº 38, que actualmente une la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca con el departamento Paclín, y más allá con las provincias de Noroeste Argentino, la principal vía de comunicación y de transporte era el camino que unía el pueblo de Piedra Blanca con la localidad de Palo Labrado, cruzando las Sierras del Gracián. La casa de la familia Esquiú Medina estaba ubicada en el Camino Real, en el tramo denominado La Callecita, principal arteria del pueblo de San José de Piedra Blanca. Por allí circulaban los carruajes con pasajeros y con las mercancías que se comercializaban; por allí pasaban también los ejércitos que frecuentemente invadían a la provincia de Catamarca y las tropas catamarqueñas que peleaban por defender la ciudad capital. Sin duda, don Santiago Esquiú y sus vecinos tuvieron que dar lo poco que tenían en aquellas contribuciones forzosas y hasta sus oídos llegaban las noticias de las matanzas, los fusilamientos y los degüellos, comunes durante la triste etapa de las guerras civiles argentinas. Genealogía de una familia laboriosa A esta humilde e histórica casa la construyó don Julián Medina, nacido en 1771 y casado con una pariente suya, doña Paula Medina. Ellos son los padres de María de las Nieves Medina, nacida el 8 de mayo de 1802 y de María Francisca Medina. Don Santiago Esquiú, que nació en 1790 en la localidad de Monzón, del principado de Cataluña, llegó al continente americano como soldado del Regimiento Fijo de Montevideo. Durante la guerra de la Independencia integró el ejército realista, siendo tomado prisionero por Martín Miguel de Güemes. A principios de 1816 se radica en Catamarca; meses después se casó con María de Jesús Salas y Correa, quien falleció de parto. Luego de enviudar, Don Santiago pone sus ojos en la joven y bella mujer piedrablanqueña, que, tras oír los consejos y sugerencias de Juliana Vega, la casamentera del pueblo, acepta desposarse. El 6 de septiembre de 1822, fray Francisco Cortez celebra el matrimonio de don Santiago Esquiú con María de las Nieves Medina. Fueron padrinos de la boda don Juan Martínez y su esposa doña Agustina Toranzos, ambos, a su vez, padrinos de bautismo de la novia. La pareja se instala en la casa paterna de los Medina, frente a la plaza del pueblo. Allí nacieron, en orden cronológico, María Rosa Ramona, el 20 de agosto de 1823; Mamerto de la Ascensión, el jueves 11 de mayo de 1826, a las once de la noche; Odorico Antonio, el 14 de junio de 1828; Josefa de Jesús, (fe de bautismo ilegible); Justa Pastora, el 6 de agosto de 1832 y Trinidad Antonia María, el 2 de febrero de 1836. Los Esquiú Medina eran una familia profundamente cristiana y laboriosa, típica de las familias catamarqueñas del siglo XIX. La fe de bautismo de Mamerto, firmada por el cura párroco Agustín Colombres, dice: “El año de mil ochocientos veinte y seis, mi ayudante fray Manuel Sanz, suplió la ceremonia del bautismo, puso óleo y crisma a Mamerto de la Ascensión, a quien en caso de necesidad bautizó fray Francisco Cortés, de edad de nueve días, hijo legítimo de Santiago Esquiú y María de las Nieves Medina”. En la casa de La Callecita, donde abundaban las oraciones católicas y la gratitud al Creador, todos tenían su función: las mujeres con la rueca y el telar y los hombres trabajaban la fértil tierra del extenso fondo de su casa que daba con la acequia del Rey, que circulaba entonces por donde hoy corre el canal principal de riego. Mamerto, que siendo niño perdió a su madre y siendo adolescente perdió a su padre, al igual que sus cinco hermanos, depositó su amor y todos sus cuidados en su abuela materna, Paula Medina de Medina.

En su “Diario de Recuerdos y Memorias” el ilustre fraile expresa: “Hoy 28 de julio de 1855, a las tres y media de la tarde, día sábado, murió mi Madre Señora”. Su abuela vivió en la casa de La Callecita, junto a Rosa, la hermana mayor. Con respecto a la muerte de su esposa, sucedida pocos días después de su terrible caída del caballo cuando regresaba a Piedra Blanca desde la ciudad capital catamarqueña, don Santiago Esquiú dice: “Falleció mi esposa y compañera María de las Nieves Medina el día 20 de mayo de 1836 como de las doce a la una de la noche, de edad de treinta y cuatro años y doce días. Hemos vivido juntos trece años, se enterró en la Parroquia, le hizo los funerales Don Nicolás Rivera, con misa de cuerpo presente: y para que conste lo firmo”. Vergel productivo Un censo que concluyó el 19 de febrero de 1812, nos brinda la valiosa información de que en el distrito Piedra Blanca vivían 1132 personas, de las cuales 623 eran mujeres y 509 varones; del total de la población un 45 % eran blancos, un 37 % eran indios, un 12 % eran pardos y el 6 % restante lo constituían los negros, zambos y mestizos. En cuanto a las ocupaciones, oficios y profesiones de los censados, 125 eran labradores, 83 figuran como peones y sólo 31 personas afirman tener oficios y profesiones. En ese pueblo de agricultores y labradores se trabajaba con ahínco y tesón; ellos son los que convirtieron en un vergel las tierras ubicadas al este del rio del Valle; por el trabajo constante de estas familias, hoy a toda la zona se la conoce como Las Chacras, quien por varios siglos fue el principal centro productivo y comercial de la provincia de Catamarca. A pocos metros de “la casa natal”, la calle principal se bifurcaba, por eso el lugar recibía el nombre de “La Horqueta”. Hacia la derecha salía el camino que conducía al viejo cementerio, que estaba ubicado al frente de la Capilla del Rosario, y que cruzando el rio, nos llevaba a la ciudad de San Fernando del Valle. Hacia la izquierda continuaba el Camino Real, lo que hoy conocemos como el viejo camino de El Hospicio, donde aún podemos observar las ruinas de El Polvorín, el molino harinero y el trapiche azucarero, lugar donde nació la industria azucarera argentina. Monumento Histórico Nacional Cubiertas por un templete, observamos tres habitaciones con muros de adobes, techo a dos aguas de caña y paja, pisos de baldosas de ladrillo y puertas de madera de algarrobo. Su puerta principal denota la gran antigüedad de la casa pues no posee bisagras metálicas y funciona con un sistema pivotante de madera dura. En su interior hay objetos que pertenecieron a la familia Esquiú Medina, como la cama, dos sillones, una rueca y dos tornos para hilar. Por los amplios pasillos del templete que la protege, una serie pictórica ilustra las distintas etapas de la vida de Mamerto de la Ascensión. El 27 de agosto de 1935, por Ley 12.191, el Congreso de la Nación la declaró Monumento Histórico Nacional. Hoy esta histórica casa es visitada por miles de turistas y devotos que quieren conocer el lugar donde nació el más grande de los catamarqueños y el argentino más virtuoso.

Fragmento del documento personal que Fray Mamerto Esquiú denominó “Recuerdos”

“Seis éramos los hijos venturosos de estos padres tiernos que, sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y en las dulzuras de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios: la discordia, el espíritu de maledicencia, la avaricia, la injusticia, ninguna pasión enemiga de los hombres ha penetrado en el santuario del hogar paterno”.

Fuente:

González, Mamerto A., (1914) La vida pública de Fray Mamerto Esquiú y Medina, Córdoba, Editorial La Moderna.

Del autor

El profesor Mario Daniel Vera es hijo de Adalberto Julián Vera y María Luisa Sánchez, nació el 8 de diciembre de 1970; realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº264 de San Antonio, departamento Fray M. Esquiú. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Padre Ramón de la Quintana. Obtuvo el título de Profesor en Historia y de Licenciado en Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca. Obtuvo el título de Magister en Historia en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Buenos Aires.

Tiene numerosas publicaciones en diarios locales y revistas internacionales con temas referidos a la Historia de Catamarca y a la importancia del Beato Esquiú. Participó como disertante en numerosas jornadas y congresos sobre historia argentina. Recibió importantes distinciones y reconocimientos por sus trabajos de investigación.

Fue Secretario de Prensa y Difusión de la Comisión Esquiú e integró la Comisión Diocesana Esquiú, encargada de organizar la ceremonia de beatificación del padre Esquiú. Actualmente es conductor del programa televisivo “Testigos del Tiempo” que se emite por la TV Publica de Catamarca y encontramos en todas las redes sociales, donde refleja los procesos y sujetos históricos catamarqueños. Es docente en el nivel secundario en el Colegio Padre Ramón de la Quintana.

Es autor de los libros: Esquiú: Político y Docente; Un Departamento Grande: historia del departamento Fray M. Esquiú; Historia del Colegio Quintana; Catamarqueños en Malvinas; Hombres de Fe: obispos y sacerdotes de la Diócesis de Catamarca; Felipe Varela, líder Federal y Fray Mamerto Esquiú: perenne.

Texto: Colaboración Mario Vera

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