jueves 9 de abril de 2026
Economía

El mercado empeora las previsiones sobre inflación, empleo y crecimiento

Analistas advierten señales de cautela en la economía ante incertidumbre sobre empleo y precios.

El mercado corrigió sus expectativas. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central muestra un cambio de clima: donde antes había optimismo, ahora aparecen revisiones pesimistas. Más inflación. Más desempleo. Menos crecimiento.

El dato más sensible es la inflación. Para marzo, los analistas ajustaron al alza su pronóstico al 3% mensual, medio punto más que en el relevamiento anterior. No es un movimiento menor. Es el segundo mes consecutivo de corrección al alza. Y afecta al IPC núcleo, que sube a 2,9%, lo que sugiere que la inercia inflacionaria sigue viva, más allá de impactos puntuales de regulados o estacionales.

El deterioro no se queda en el corto plazo. Para todo 2026, la inflación esperada sube a 29,1%, con una corrección de 1,7 puntos respecto del REM previo. Es un número clave: rompe la narrativa de desaceleración sostenida.

En paralelo, la actividad económica muestra señales más ambiguas. El crecimiento esperado para 2026 baja a 3,3%, recortando 0,1 puntos frente al relevamiento anterior.

Puede parecer marginal. Pero en economía, las revisiones son más importantes que los niveles. Porque indican dirección. Y la dirección, en este caso, es hacia abajo.

Esa desaceleración convive con un dato más preocupante: el mercado ya descuenta más desempleo. Para el primer trimestre de 2026, la tasa sube a 7,6%, una suba de 0,3%. Y para fin de año se proyecta en 7,3%, con un salto de 0,6 puntos respecto del REM previo.

El crecimiento esperado para 2026 baja a 3,3%, recortando 0,1 puntos frente al relevamiento anterior. Puede parecer marginal. Pero en economía, las revisiones son más importantes que los niveles. Porque indican dirección.

El frente financiero también muestra cambios. La tasa esperada para abril baja a 26,8% , una caída de 3,2%, y para diciembre se ubica en 23,4%. En apariencia, es una buena noticia.

En el frente cambiario, el mercado corrige a la baja el dólar de corto plazo. Para abril, lo ubica en $1.420, $32 menos respecto al REM previo. Pero hacia fin de año lo proyecta en $1.700. La suba interanual arroja 17,4%. La señal es clara: el atraso cambiario se sostiene en el corto plazo, pero no es sostenible en el mediano.

El único dato que mejora es el frente externo. Las exportaciones suben a USD 93.235 millones, USD 498 millones más que la estimación previa, mientras que las importaciones bajan a USD 79.121 millones, una reducción de USD 1.083 millones.

El resultado es un superávit comercial mayor: USD 14.114 millones. Pero hay trampa. Parte de esa mejora viene por la caída de importaciones, es decir, por menor actividad.

En lo fiscal, el superávit primario esperado para 2026 cae levemente a $16 billones, $80 mil millones menos que en el REM previo. Sigue siendo alto. Pero también muestra que el margen se empieza a achicar. Ajustar tiene costos. Y esos costos empiezan a aparecer en los números.

"El programa sigue en pie, pero ya no es incuestionable", afirmó a LPO un operador financiero. El REM funciona como una encuesta de confianza. Y esta vez, esa confianza retrocedió.

El mensaje del REM es menos épico que los discursos oficiales. Pero más honesto. El mercado no ve colapso. Pero tampoco ve consolidación. Ve algo más incómodo: un equilibrio frágil, sostenido por expectativas que ya no mejoran, sino que empiezan a empeorar.

Fuente: La Política Online

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