miércoles 29 de junio de 2022

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Análisis

Estafas piramidales en Catamarca: repercusiones legales, sociales y psicológicas

Por Bruno Jerez y Sebastián Ibáñez (*)

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
20 de abril de 2022 - 10:46

Legalmente esta maniobra fraudulenta se encuadra dentrodel delito de ESTAFA e INTERMEDIACIÓN FINANCIERA NO AUTORIZADA, previstas en los arts. 172 y 310, respectivamente, del Código Penal. Incurre en delito esta actividad de INTERMEDIACIÓN FINANCIERA y CAPTACIÓN DE AHORROS DEL PÚBLICO PARA SU INVERSIÓN EN EL MERCADO DE CAPITALES/VALORES/DIVISAS (operaciones bursátiles) si no está autorizada por los organismos oficiales.

Pero existe también una evaluación desde la perspectiva social y psicológica que envuelve a los crímenes financieros fraudulentos en calidad de estafa y que al día de la fecha padece gran parte de los catamarqueños. Por lo general los delincuentes financieros presentan un similar perfil de personalidad de tipo egocéntrico, ególatra, de vestimentas exuberantes y a la moda, con ropa y accesorios carísimos, perfumes importados, con apariencia dedicada y con lujosos automóviles, con lo cual llaman la atención de las incautas personas comunes y mediante un sistema comunicacional de seducción logran envolver al otro, prometiéndole un nivel de vida superior, diciéndole que si lo siguen van a convertirse en nuevos ricos y poderosos económicamente, permutando tipo alquimia la pobreza por la riqueza; logrando así, con su persuasión, que el estafado caiga en sus redes y le entregue ciegamente sus bienes.

Por lo general estas estafas emergen en momentos socioeconómicos deficitarios del país o donde el nivel de vida ha decaído por la inflación ante un severo empobrecimiento del pueblo. Esto es algo que nos está sucediendo a todos los argentinos y es el caldo de cultivo para que las estafas tengan tanta relevancia.

La maniobra defraudatoria comienza cuando el estafado es inducido por la publicidad, la seducción codiciosa y el empobrecimiento constante por la inflación y el deterioro salarial de su poder adquisitivo; entonces, el delincuente financiero, aprovechándose de esta situación, genera un “aparente marco de legalidad” y previo a captar sus ahorros (casas, autos, terrenos, negocios) realiza una operación contractual (contrato de mandato de inversión) y lo garantiza con pagarés con una firma escaneada que no tiene asidero legal alguno, prometiéndole así cosas totalmente incumplibles, como ser rentabilidades del 18 al 30 % mensual y bonos al finalizar el contrato.

En su primera etapa va a funcionar el sistema captando gran masa de inversores que, atónitos ante las grandes ganancias, van a terminar confiando en el sistema, aun a sabiendas de que el negocio podría terminar mal o tendría grandes posibilidades de ser fallido.

Se va formando un esquema PIRAMIDAL PONZI como una forma de estafa que atrae a los personas y paga altas utilidades a los inversores anteriores con fondos de los más recientes. El estafador lleva a las víctimas a creer que las ganancias provienen de actividades comerciales legítimas (operaciones en criptomonedas), pero la gente desconoce que son los otros inversores la fuente de los fondos. Así mantiene la ilusión de un excelente negocio pero solo va a ser sustentable siempre que nuevos inversores contribuyan con nuevos fondos, y en cuanto la mayoría de los inversores no exijan el reembolso total. Si esto sucediera (como pasó en Catamarca), la pirámide cae.

Socialmente estas empresas y sus estafas generaron en Catamarca y las provincias vecinas un verdadero vaciamiento de los ahorros de los ciudadanos comunes, que no pudieron sustraerse a la opción de obtener ganancias extras para mantener al menos su nivel económico o por proyectos personales (viajes, casas, autos) o por razones de salud.

Entonces, frente a lo más visceral que tiene el ser humano (la codicia) se van develando los entramados sociales ocultos entre actores políticos y personajes de la Justicia que se pusieron la camiseta de estas empresas para jugar por la empresa.

La indignación general no solo se basa en el empobrecimiento económico, sino en una verdadera re-victimización por una justicia que no actúa con la premura que requiere el pueblo catamarqueño.

Es otro el cantar cuando se trata a la víctima de la estafa como culpable por haber depositado su confianza en una empresa. Pero no es así, la víctima no es la culpable, puede tener algún grado de responsabilidad porque actuó en estado de necesidad, pero los culpables tienen nombre y apellido y los fiscales deben apurar las cosas antes que la violencia escale a niveles insostenibles. Esperamos que nuestras instituciones actúen prontamente.

(*) Abogados. Bruno Jerez es, además, psicólogo.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar