viernes 29 de mayo de 2026
La causa continúa abierta

Crimen de "Chasqui" Moreno: la investigación se concentra en dos acusados

La fiscal González Pinto sostiene la acusación contra Ítalo Yamil Agüero y Claudio "Loco" Argañaraz. La causa tiene pendiente una queja ante la Cámara de Apelaciones y, con el retorno del expediente, se espera una nueva indagatoria.

El sobreseimiento de Miguel Ángel Nieva y Eduardo Rafael Silva no cerró el crimen de Celeste Judith "Chasqui" Moreno. Lo reencuadró. La investigación que condujo la fiscal de Instrucción de Séptima Nominación, Paola González Pinto, continúa con dos imputados: Ítalo Yamil Agüero y Claudio Antonio "Loco" Argañaraz. El motivo que sostiene la acusación es, en esencia, el mismo que desde el inicio orientó la hipótesis del caso; el asesinato de "Chasqui" habría sido consecuencia del robo de aproximadamente un kilogramo de cocaína que pertenecía a una organización narco. La diferencia es que ahora la Fiscalía concentra ese relato en dos personas, con el material probatorio que considera suficiente para avanzar hacia la elevación a juicio.

La causa no está quieta. Hay una queja pendiente ante la Cámara de Apelaciones en lo Penal y de Exhortos. La defensa de Agüero —quien se encuentra en libertad— apeló ante el juez de Control de Garantías de Primera Nominación, José Santiago Ahumada Franzzini, pero el recurso no prosperó. La resolución del magistrado fue que la apelación había sido interpuesta fuera de plazo. Ante ese rechazo, la defensa llevó la discusión al Tribunal de Alzada mediante una queja. Ese planteo está pendiente de resolución.

Vale recordar que no es la primera vez que la defensa de Agüero busca revertir ante una instancia superior lo que no logró en Control de Garantías. En febrero de este año, el juez Ahumada Franzzini había rechazado con contundencia el planteo de nulidad de la imputación y el pedido de sobreseimiento por vencimiento del plazo razonable —argumentando 11 años de inactividad fiscal—. El magistrado consideró que esa garantía rige desde que una persona adquiere la condición de imputado, en este caso mayo de 2025, y no desde el inicio de la investigación preliminar. Ese rechazo también fue recurrido ante la Cámara.

Con el retorno del expediente desde Apelaciones, la Fiscalía prevé avanzar en una nueva indagatoria. El proceso tiene aún recorrido por delante antes de una eventual elevación a juicio.

La impunidad como dato estructural

El caso de "Chasqui" no puede leerse de manera aislada. Ocurrió en octubre de 2013, en la zona norte de la Capital. Tres días después, hacia el sur, se produjo el asesinato de María del Valle Condorí, de 35 años, oriunda de Jujuy. Su cuerpo fue hallado el 7 de octubre en un descampado cercano al Club Sarmiento. Los dos crímenes compartieron época, lugar y —según la hipótesis investigativa— un posible entorno narco vinculado al clan Argañaraz. Las dos mujeres eran vulnerables. Las dos fueron asesinadas con violencia extrema. Las dos murieron en el olvido institucional.

La diferencia entre ambas causas no está en los hechos sino en el destino judicial. La de "Chasqui" sobrevivió, por poco, por la intervención de González Pinto cuando la prescripción era cuestión de días. La de Condorí no tuvo esa suerte: prescribió en octubre de 2025, 12 años después, sin imputados, sin juicio, sin respuestas para su familia. La desidia, el desinterés y el paso del tiempo hicieron lo que el crimen solo no pudo: cerrar el caso definitivamente.

Esa brecha entre los dos expedientes es, en sí misma, una forma de violencia institucional. Es el espejo en el que hoy se mira el caso de "Chasqui": la diferencia entre justicia e impunidad no siempre está en las pruebas. A veces está en si alguien decide mirar.

El patrón, además, no es nuevo ni local. El crimen de "Chasqui" anticipó con 12 años de anticipación lo que en 2025 conmocionó al país con el triple crimen de La Matanza: mujeres jóvenes en situación de vulnerabilidad, contactadas con engaños, llevadas a lugares donde no podían defenderse y asesinadas con extrema violencia como mensaje del narcotráfico. La diferencia no estuvo en el método. Estuvo en la visibilidad. "Chasqui" murió sin que su muerte se viralizara. Sin marchas masivas. Sin cobertura nacional. “Chasqui” era pobre, porque era trabajadora sexual, porque vivía en el margen. El margen, históricamente, no genera indignación colectiva.

Que su causa haya sobrevivido a la prescripción y que hoy tenga imputados con posibilidades reales de llegar a juicio es, en ese contexto, casi una anomalía. Una anomalía que depende, todavía, de que el proceso judicial siga su curso.

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