Hace un año, la Cámara Penal de Tercera Nominación halló culpables a dos hermanos por los delitos de “abuso sexual gravemente ultrajante”, “abuso sexual con acceso carnal por vía bucal y vaginal”, “abuso sexual simple” y “abuso sexual gravemente ultrajante”. Los jueces Patricia Olmi, Marcelo Soria y Jorge Palacios condenaron a uno de ellos a la pena de 14 años de prisión por seis hechos y el otro a seis años, por una imputación. No conformes, los hermanos casaron la sentencia y en el transcurso de esta semana la Corte de Justicia confirmó el fallo de esta Cámara.
Si bien se trató de un debate a puertas cerradas, por tratarse un delito de instancia privada, el hecho tuvo trascendencia. La denuncia se realizó 16 años después, en marzo de 2013 y el caso fue elevado a juicio en mayo, por la fiscal Marta Nieva. Los hechos denunciados habían comenzado 20 años atrás, en 1997, en un pueblo del departamento Pomán. Una de las víctimas era una sobrina (hija de una hermana de ambos acusados). Por entonces, era una niña de nueve años y durante una década fue abusada. La primera vez, la nena fue abordada por un tío que aprovechó que estaban solos. Los abusos se repitieron durante diez años aproximadamente y la niña, amedrentada por las amenazas proferidas por su tío -hermano de su madre - optó por no contarle a nadie lo sucedido. Pasaba el tiempo y la situación se ponía más escalofriante. Otro tío, hermano de su madre, también se aprovechaba de la niña. De acuerdo con lo trascendido de la investigación, otra hermana de la victima, más chica, resultó ser también sometida a estos abusos.
La damnificada, durante los últimos años, había comenzado a recibir asistencia psiquiátrica.
Justamente, a la profesional que le practicaba el tratamiento le habría confesado los sometimientos que había pasado desde su niñez. Por consejo de la profesional, decidió efectuar la denuncia penal.
De inmediato la fiscal Nieva ordenó que tanto ella como su hermana -que en 2013 tenía 17 años- recibieran asistencia psicológica y, además, les tomó declaración testimonial. Tras recabar diversas pruebas, la Justicia ordenó la detención de ambos hermanos, quienes quedaron imputados por "abuso sexual con acceso carnal", "abuso sexual gravemente ultrajante" y "abuso sexual simple".
Cuando llegó la instancia del debate se presentaron 13 testigos. El fiscal subrogante, Alejandro Gober, en su alegato, ordenó la inmediata detención de ambos y pidió las penas de 14 y 6 años, respectivamente. Ambos hermanos habían llegado al debate en libertad y en el dictado de sentencia se solicitó la inmediata detención de ambos. Luego fueron trasladados al Servicio Penitenciario de Miraflores, en el departamento Capayán.
Mal social
El abuso sexual infantil (ASI) es una de las formas de violencia extrema que pueden sufrir niños, niñas y adolescentes. Se trata de un mal tan aberrante como cotidiano, que suele suceder en la intimidad de la casa, que lejos de ser un refugio, se convierte en una trampa. “Hablamos de abuso sexual infantil cuando una persona, por lo general adulto, utiliza la seducción, el chantaje, las amenazas, la manipulación psicológica o la fuerza para involucrar a un niño/a o adolescente en actividades sexuales de cualquier índole”, explicaron los especialistas. En cuanto a estadísticas, está corroborado que la mayoría de estas agresiones tienen que ver con ámbitos privados y, generalmente, son intrafamiliares. Es decir, este tipo de abuso puede ser cometido por el padre, abuelo, hermano, tío, sobrino, hermanastros – en casos intrafamiliares- o por alguien que no comparte el hogar ni la familia –extrafamiliar-. “Existen más posibilidades de que el agresor esté dentro del grupo familiar. Ello no excluye que suceda afuera. Al estar adentro de los grupos familiares es mucho más difícil establecer las barreras o medidas de protección necesarias para que esto suceda porque naturalmente uno está menos preparado y predispuesto a que esto suceda esto”, se aclaró.
A fin de prevenir, los especialistas no solo recomiendan la implementación de la Educación Sexual Integral sino también fomentar en los chicos confianza para que ellos puedan expresarse con confianza y sin miedo. En este sentido, advirtieron que a partir de los cinco años es posible enseñar a niños y niñas que si alguien les pide guardar un secreto, deben reportarlo con algún miembro de su familia o con quien se sientan en confianza para comunicar sus sentimientos. “Los secretos crean un ambiente misterioso alrededor de las personas, pero pueden tener consecuencias positivas o negativas dependiendo de cómo se sienta quien los guarda. Cuando en la familia y la sociedad se enseña que los problemas deben mantenerse ocultos o a mentir, predisponen a los niños, niñas y personas vulnerables a ser víctimas de quienes ejercen el abuso y promueven los secretos malos”, detallaron.