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A la tarde se realizó el sepelio en el Cementerio Municipal

Tristeza e impotencia en el adiós a María Celeste y su bebé

29 de noviembre de 2017 - 04:03 Por Redacción El Ancasti

Cerca de las 17 el patio de la casa de Jorge Silva se convirtió en un pequeño oratorio para oficiar una misa para María Celeste y su pequeño hijo. El oficio religioso fue realizado por el padre Julio Murúa.

Había custodia policial para garantizar seguridad y evitar posibles inconvenientes.


A pesar del calor, el viento y la tierra, familiares, vecinos, amigos y algunos curiosos participaron de esta ceremonia para rogar por el eterno descanso de sus almas. El barrio La Ribera, que se encuentra sobre la ruta nacional Nº 38, en el ingreso sur de la Capital, lamentó estas muertes. Solo una corona de flores acompañaba los restos de la joven madre y su niño.


La despedida fue tan simple como su velatorio, en una habitación de la casa paterna, precaria y mínima, con paredes de nailon, techo de chapa y piso de tierra. El lunes por la noche, una periodista, a través de una radio FM de la zona sur capitalina, pidió colaboración a la comunidad para la familia Silva. Vecinos del barrio Antinaco se hicieron eco y acercaron agua, café, queso y yogur para los niños. “No había nada para convidar en el velatorio. Acá la gente no tiene agua”, contó una mujer.
Mientras se realizaba la misa, Jorge Silva, padre y abuelo de las víctimas, permanecía a un costado. “Si fue él –por Jorge Luis Burgos, su yerno- que pague; si se comprueba que no fue, que lo dejen ir”, comentó.


Pasadas las 18, el servicio fúnebre llevó los cuerpos al Cementerio Municipal capitalino. Una caravana con más de 30 motos acompañó y, a su paso, hacían sonar las bocinas. Algunos vecinos llegaron en colectivo. Por detrás, venía una camioneta de la Policía de la Provincia, por resguardo.


Solo hubo congoja, tristeza e impotencia. Había silencio que caracteriza a los sepelios, con el llanto por lo bajo. No hubo incidentes. Solo un gran vacío y un deseo de justicia. Más tarde, un pequeño grupo de allegados se acercó a la Plaza 25 de Mayo para expresar su dolor y bronca.

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