sábado 4 de abril de 2026
Comenzó el debate en la Cámara Penal de Tercera Nominación

El cuerpo de Raúl Dahbar “tenía cinco disparos a quemarropa”

José Manuel Colombres es el único acusado, imputado por “homicidio simple agravado por el uso de armas”. El crimen sucedió en diciembre de 2014.

Por Redacción El Ancasti

El 23 de diciembre de 2014, Raúl Dahbar fue asesinado de varios disparos en su campo del paraje La Renovación de la localidad de Las Palmitas, La Paz. Ayer inició el debate en la Cámara Penal de Tercera Nominación. José Manuel Colombres, un empleado transitorio de ultimado, es el único acusado, imputado por el delito de “homicidio simple agravado por el uso de armas”. 


Frente a los jueces Patricia Olmi, Jorge Palacios y Marcelo Soria, Colombres prefirió no declarar. De todas maneras, se leyó lo que había declarado en la etapa de instrucción. Había contado que esa mañana había estado por Los Altos y en Alberdi, Tucumán, donde había comprado pintura, pinceles y otros elementos. Colombres es tractorista y trabajaba para una empresa. Había sacado la licencia por vacaciones, con la idea de trabajar para Dahbar. Así lo hizo, por tres semanas. “Nunca tuve problemas con él; se portó muy bien conmigo. El Dr. Dahbar sabía que había dejado unos papeles y que iba a ir a buscarlos”, había declarado.

Llegó al campo de Dahbar por un llamado de María Lidia, una de las hijas de la víctima. El médico, al ver el cuerpo de Dahbar se había dado cuenta de que estaba muerto y se contactó con la fiscal de esa jurisdicción porque consideró que era necesaria una autopsia, “por la herida de bala”. 


En un primer momento, el médico había pensado que Dahbar había tenido una descompensación cardíaca por el calor pero luego le llamó la atención una lesión por arma de fuego en la zona lumbar.

El cuerpo de Dahbar estaba ‘boca abajo’, al lado de una de las ruedas traseras de su camioneta. Gómez efectuó la autopsia en Frías y constató varias lesiones por arma de fuego. Infirió, al menos, “cinco puertas de entrada”: dos en el mentón (con orificio de entrada y de salida). Sin ser perito balístico, estimó que las balas extraídas eran de calibre 22. Para el profesional, el abogado recibió los dos primeros disparos (en el mentón) mientras se encontraba en la camioneta; luego bajó del vehículo y recibió un tercer disparo en el cráneo. Finalmente, malherido en el suelo, fue rematado con dos disparos más. “Las heridas lesionaron órganos vitales. Fueron cinco disparos a quemarropa”, aseveró. 


Su hija Rosalba Dahbar contó que en la búsqueda por el paradero de su padre, entre el 23 y el 24 de diciembre de 2014, se comunicó, a través de mensaje de texto, con Colombres. Al no atender la llamada, él le envió un mensaje: “¿quién sos?” y la mujer le explicó que era la hija de Dahbar y que no lo encontraban. “No lo veo al doctor desde hace 15 días porque el tractor no anda”, le respondió. 

Las hijas recordaron a su padre

María Lidia y Rosalba, ambas hijas de Raúl Dahbar, fueron las primeras en declarar. María Lidia recordó que una semana antes su padre había sufrido un preinfarto y el hecho de que esa mañana no regresara era un motivo de preocupación. Al no tener noticias, empezaron a buscarlo en casa de familiares y en hoteles de Frías, Santiago del Estero, donde frecuentaba. Al día siguiente, lo encontraron. “Vi a mi padre tirado, al lado de la camioneta. Muerto. Pensé en un ataque cardíaco. Hasta ese momento no me di cuenta de la escena violenta pero me llamó la atención una gota de sangre en la espalda y el ojo muy hinchado”, detalló.


Recordó a su padre como un hombre apasionado, que renegaba, de carácter firme que no se dejaba apabullar. Solo, manejaba el campo. Cuando tuvo el preinfarto, su yerno se hizo cargo. “No se le debe nada a los empleados. Si el tractorista reclama, no se le debe nada”, había dicho Dahbar, según su hija. 


En este sentido, contó que su padre pagaba a los empleados por quincena, antes de las Fiestas de Fin de Año. En los primeros días de diciembre, Dahbar había comprado un tractor usado y contrató a un tractorista. Por recomendación de Julio López, un empresario de la zona, contrató a José Manuel Colombres. Aunque su padre tenía armas, María Lidia aclaró que no las portaba. Tampoco recordó que su padre manifestara algún conflicto con el tractorista.

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