Walter Romero, un empleado de Vialidad que durante
la etapa de instrucción había identificado en rueda de reconocimiento a Vargas
como autor del ilícito, hoy señaló que en realidad nunca le vio la cara, y que
en realidad el reconocimiento se basó en la contextura física.
Por su parte, Patricia Romero, suegra de Vargas,
desmintió lo que había señalado previamente, durante la instrucción, y lo
declarado en el juicio por el cocinero del obispado, de apellido Toledo Juárez.
Según esta versión, la suegra del imputado le contó al cocinero, meses antes de
que sucediera el hecho, que se estaba planeando un asalto a la sede episcopal.
Ahora, Romero dijo que esto no había sucedido, y
que lo sostuvo en la etapa anterior por presiones de la policía.
Ante tal contradicción, el tribunal de la Cámara en
lo Criminal de Tercera Nominación, donde se sustancia el juicio, decidió que
mañana se realice un careo entre Romero y Toledo Juárez.