martes 28 de junio de 2022

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El mirador político

Una impostura cada vez más endeble

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5 de junio de 2022 - 00:05

Al día siguiente de conseguir que la mayoría de los gobernadores le avalen el proyecto para llevar a 25 los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el presidente Alberto Fernández eyectó a su ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, a raíz de versiones “off the record” difundidas supuestamente desde su cartera en desmedro de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y su sector. Las rencillas de la pareja presidencial espiralan una degradación cuya magnitud ha dejado de llamar la atención porque se ha naturalizado. La pelea de consorcio es el formato institucional argentino.

Fernández es una impostura cada vez más endeble. En las sobreactuaciones con que intenta disimular su sometimiento, el concepto de federalismo es muletilla predilecta, pero pasa como con el peso: el exceso lo ha devaluado.

La ampliación de la Corte se inscribe en la disputa que Cristina sostiene con el tribunal y la Justicia que no responde a su mando. A Fernández le viene al pelo que esté a punto de fallar en el litigio por el punto y pico de coparticipación que le arrebató a la Ciudad de Buenos Aires para postular la pretensión en términos federales: un juez para cada provincia y uno para la Nación, aprovecha además para meter también la paridad de género, que toda tracción es valiosa cuando uno está empantanado.

Los gobernadores no tienen inconvenientes en respaldarlo, ni motivo para no hacerlo. Son conscientes de la mascarada, se preparan para desligar sus destinos electorales de los de la Nación el año que viene y, si la propuesta prospera, contarán con la oportunidad de colocar un comprovinciano o comprovinciana en la instancia judicial máxima del país. Sus intentos para revertir la fragmentación ofreciendo al Presidente la base necesaria para afianzar un poder que equilibre el de Cristina, arraigado en el Conurbano bonaerense, fracasaron sistemáticamente.

El “albertismo” es una utopía irrealizable por obra y gracia del propio Alberto, así que tratan de sacar el mejor partido de la crisis de poder para robustecerse en sus territorios con los insumos habituales: obra pública, aportes del Tesoro, inserción en programas varios.

Fondos

La Casa Rosada amenaza: si tiene que devolver la tajada de coparticipación que los porteños reclaman, se restringirán los fondos disponibles para derivar a los mandatarios.

Omite el dato que erosiona su narrativa caudillesca: la poda se ejecutó por decreto en septiembre de 2020 para transferirle al gobernador bonaerense Axel Kicillof los fondos indispensables para neutralizar un motín policial. Es decir: la contienda que debe resolver la Corte Suprema fue detonada por un conflicto metropolitano en el que los gobernadores del interior no tuvieron nada que ver ni se beneficiaron ¿Por qué tendrían que perjudicarse ahora?

Las inequidades entre la CABA y el interior no pasan por la coparticipación porteña, sino por el hecho de que la CABA y el Conurbano forman un bloque demográfico de gravitación electoral determinante. La CABA es gobernada por el aspirante a la Presidencia opositor Horacio Rodríguez Larreta y el Conurbano por el cristinista Kicillof e intendentes de su mismo palo, pero tal circunstancia no impide que el área se beneficie con, por ejemplo, multimillonarios subsidios a la energía en detrimento del resto del país.

Es notorio por estos días, también, que la escasez de gasoil afecta a los productores del interior, pero no a los metropolitanos, independientemente de las modificaciones que se hayan producido en 2020 en el reparto intestino de los fondos que la Rosada gira de modo automático.

No es necesario rascar demasiado para darse cuenta de estas obviedades e, inmediatamente después, de las falacias federales que el Presidente propala y los caciques provinciales le celebran para no correr el riesgo de que les corten el chorro de fondos extra-coparticipación.

Lo bien que hacen. Las maniobras desde el interior no han alcanzado fuerza suficiente para revertir la lógica metropolitana que ha llevado al país al desastre y la tribalización, de modo que llevarse bien con la lapicera presidencial resulta, cuando no indispensable, conveniente.

Tal lógica, contraria a una autonomía económica y financiera de las provincias que solvente un federalismo legítimo, es la que posiciona también al porteño Rodríguez Larreta. Y complica a todo el país en una pelea de vecindario, magnificada por el hecho de que el cristinismo tiene sentado sus reales en el Conurbano donde pretende refugiarse, llegado el caso, si el oficialismo pierde las presidenciales el año próximo. Como quiso hacer en 2015 con Aníbal Fernández, aunque no le salió porque ganó María Eugenia Vidal. Como hizo de hecho en 2019, al colocar al incondicional Kicillof al mando de la estructura bonaerense, coordinador de la liga de intendentes.

Chau Kulfas

La eyección de Kulfas es consistente con el criterio metropolitano. El cristinismo busca su cabeza desde hace tiempo, aliado en esto con Sergio Massa. Cristina lo condenó específicamente en su disertación cuando recibió el doctorado “honoris causa” de la Universidad del Chaco Austral.

Fernández lo despidió sin contemplaciones un día después de que su vice le ordenara usar la lapicera, en el acto por el centenario de YPF. El destino de la catamarqueña Fernanda Ávila, secretaria de Minería de la Nación, está en cuestión, pero es un detalle menor.

El mensaje es que el Presidente está dispuesto a ejecutar hasta a sus soldados más leales con tal de congraciarse con sus enemigos internos.

Los gobernadores lo habían olfateado ya en aquel septiembre de 2020, cuando Larreta fue bolsiqueado para salvar a Kicillof. Le tocaba perder al porteño, que fuera adversario era un matiz. Lo medular era que también podrían llegar a perder ellos si era preciso para salvaguardar al cristinismo.

Con la decapitación de Kulfas, Fernández reactivó las conjeturas.

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