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Editorial

Un potente tercer sector

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11 de abril de 2022 - 00:00

Una de las grandes simplificaciones presentes en el debate público es el que alude a los “planes sociales”. Se pretende reducir un fenómeno sumamente complejo, resultante del devenir histórico de la economía argentina y de la mayoría de las naciones del mundo, particularmente las de Latinoamérica, a un emergente despojado de esas complejidades.

La simplificación ha llevado a que muchos identifiquen a los beneficiarios de los planes sociales con “vagos a los que el Estado mantiene”. La distorsión de este razonamiento parte de la base de una realidad: hay planes puntuales concebidos clientelarmente, es decir, con una finalidad política, que ofrece un ingreso escaso sin exigir contraprestación alguna. Esto sucede y ha sucedido. Pero son casos que no representan al universo de los beneficiarios a los que suelen incluirse en el rótulo de los “planes sociales”, que en realidad pertenecen a lo que se denomina Economía Popular.

Los trabajadores de la Economía Popular, que sí trabajan y a cambio de ingresos mucho menores que el resto de los asalariados estatales o privados, tienen una alta dependencia de la asistencia estatal. Y eso ocurre porque la generación de nuevos puestos de trabajo convencionales está estancada, no solamente en nuestro país, pues es un fenómeno global desde hace bastante tiempo. Esta dependencia es la que puede llevar a suponer que “el Estado los mantiene”. Pero es una percepción parcial del problema, porque son muchos los que producen y generan ingresos propios al margen de la asistencia estatal.

La Economía Popular ha ido tomando fuerza de manera progresiva y hoy constituye un potente tercer sector. Los inscriptos en el Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular ya son más de 3 millones, pero se estima que suman casi 6 millones, es decir, un poco menos del 30% de la Población Económicamente Activa de la Argentina. En nueve provincias, incluida en esta lista Catamarca, ya son más las personas que realizan actividades bajo este esquema laboral que los que están empleados en el sector privado.

En nueve provincias, ya son más las personas que realizan actividades bajo este esquema laboral que los que están empleados en el sector privado. En nueve provincias, ya son más las personas que realizan actividades bajo este esquema laboral que los que están empleados en el sector privado.

La economía popular apunta a un modo de producción diferente del tradicional (en donde hay empleador y empleados). Son emprendimientos en los que trabajan sus propios protagonistas, sin relación de dependencia. Algunas veces lo hacen individualmente y en otras a través de organizaciones. Pequeños agricultores, vendedores ambulantes, trabajadores de la construcción, trabajadores en espacios públicos, en infraestructura social, de distintos oficios o en servicios comunitarios como atención en comedores y merenderos integran la economía popular. Las dificultades de estas prestaciones para consolidarse como ingreso suficiente o genuino llevan a que el Estado los auxilie de manera sistemática.

Hay quienes consideran que este poderoso tercer sector ha llegado para quedarse como una modalidad de la economía que llena los vacíos de un sistema incapaz de generar los puestos de trabajo suficientes. De todos modos, considerando que los recursos del Estado son escasos, quizás debería interpretárselo como una alternativa provisoria que debería ir desapareciendo en la medida en que se constituya una estructura económica mucho más inclusiva y con empleo genuino para todos.

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