martes 2 de agosto de 2022

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El mirador político

Transfusión de Massa

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31 de julio de 2022 - 00:20

La consagración de Sergio Massa como ministro de Economía plenipotenciario persigue objetivos similares a la del tucumano Juan Manzur como Jefe de Gabinete luego de la derrota del Frente de Todos en las PASO del año pasado: es una transfusión de sangre para un Gobierno anémico. La diferencia es que la decisión se tomó en el caso de Massa inducida por el terror al abismo de la disolución y es la admisión definitiva de que el pergeño “Alberto al Gobierno, Cristina al poder” fracasó definitivamente.

Massa es la rendición. Al aceptar su ingreso, en las condiciones impuestas por él, Cristina y Fernández le entregan las herramientas para avanzar en la construcción del proyecto presidencial que viene amasando desde que desertó del kirchnerismo hace ya más de una década

¿Por qué fue Fernández y no Massa el candidato en 2019? Porque tenía un volumen político incompatible con los planes de la Vicepresidenta. Había sepultado el proyecto “Cristina Eterna” con su triunfo en Provincia de Buenos Aires en 2013, logrado el 15% como candidato a Presidente luego de que el radicalismo rechazara aliarse con él y eligiera a Mauricio Macri en 2015, formado el Consenso Federal hacia 2019. La trayectoria de Fernández, en cambio, se restringía al campo de las operaciones.

Pragmatismo

La inconstancia en las lealtades que se le reprocha al tigrense se transforma ante el caos en virtuoso pragmatismo. Es un liberal que, a diferencia de Amado Boudou, formado como él en la UCD de Álvaro Alsogaray, no abjuró de esa fe y logró eludir las sobreactuaciones de los conversos. Tampoco tuvo que someterse a las humillaciones de Daniel Scioli.

Una década de consistencia política sostenida no es chala ‘i choclo, aún cuando las gambetas le hayan costado demasiado en términos de imagen. Confía en revertir este déficit si logra enderezar la economía. Liberal y todo, tomó de Perón un aserto más importante que las 20 Verdades por su sensatez: la víscera más sensible del hombre es el bolsillo.

Hecho de las palancas del gabinete que requería para meterle el cuerpo a la crisis, le toca satisfacer las expectativas generadas por su demorado arribo. El nivel de estas expectativas prefigura el costo de una decepción.

Hecho de las palancas del gabinete que requería para meterle el cuerpo a la crisis, a Massa le toca ahora satisfacer las expectativas generadas por su demorado arribo Hecho de las palancas del gabinete que requería para meterle el cuerpo a la crisis, a Massa le toca ahora satisfacer las expectativas generadas por su demorado arribo

Por lo pronto, la noticia ha sido saludada con una interrupción de turbulencias hasta que anuncie qué va a hacer. Perón una vez más: desensillar hasta que aclare. La transfusión alcanzó para estabilizar al paciente, ahora falta el tratamiento.

Es un respiro que no se le otorgó a Silvina Batakis por razones lógicas. La reemplazante de Martín Guzmán carece de peso político propio y los apuntalamientos fueron demasiado tímidos.

Massa va por la suya. El gran interrogante es si su competencia para refrenar el espiral de la crisis estará a la altura de sus ambiciones y su autoestima.

A la analogía con la operación Manzur puede sumársele otro, más lejana pero más inquietante. Domingo Cavallo entró en 2001 al equipo de Fernando de la Rúa para suplantar a Ricardo López Murphy en el Ministerio de Economía, también con plenos poderes. Pero la crisis de la Convertibilidad lo devoró junto al Gobierno.

Diferencias

En beneficio de Massa, hay diferencias importantes con 2001. La principal: la profundidad de la crisis no es tanta como entonces.

En el desemboque del delarruismo, las finanzas nacionales estaban tan exhaustas como las provinciales, al punto que en agosto del fatídico 2001 la Casa Rosada anunció una primera edición de bonos LECOP para cubrir deudas de la coparticipación federal. Adoptaba el mismo mecanismo de financiamiento aplicado por los gobernadores asfixiados para conjurar la cesación de pagos.

Había para esa época nada menos que 15 cuasimonedas provinciales: Patacón (Buenos Aires), Lecor (Córdoba)), Federal (Entre Ríos), Cecacor (Corrientes), Bocade (Tucumán), Petrom (Mendoza), Cemis (Misiones), Huarpes (San Juan), Quebracho (Chaco), Bocafor (Formosa), Bono Ley 4748 (Catamarca), Letras (Tierra del Fuego), Petrobono (Chubut), Petrobono (Neuquén) y Bocade (La Rioja).

El raquitismo de las cuentas nacionales contrasta con la salud de las provinciales. Los gobernadores temen que la Casa Rosada les exija o imponga contribuciones de sus presupuestos El raquitismo de las cuentas nacionales contrasta con la salud de las provinciales. Los gobernadores temen que la Casa Rosada les exija o imponga contribuciones de sus presupuestos

Los bonos provinciales llegaron a acumular 8.400 millones de pesos, el 50% de la circulación monetaria de todo el país.

Desde entonces, las provincias sanearon sus finanzas y en 2016 lograron la restitución del 15% de la masa coparticipable que la Nación les retenía para fondear la ANSES. En contrapartida, las finanzas nacionales fueron deteriorándose hasta la sequía.

Es decir: el raquitismo de las cuentas nacionales contrasta con la salud de las provinciales.

Los gobernadores temen que la Casa Rosada, agotadas las posibilidades de financiarse, les exija contribuciones de sus presupuestos e incluso se las imponga compulsivamente, cuando la mayoría tiene decidido separar sus elecciones provinciales de las nacionales para sustraerse de la convulsión metropolitana.

Sobre los obstáculos legales que impedirían sablazos por el estilo, solo hace falta consultarle al porteño Horacio Rodríguez Larreta, que fue despojado sin miramientos para resolverle una revuelta policial al gobernador cristinista Axel Kicillof.

Massa es tal vez condición necesaria para la reconstitución de la autoridad nacional, pero no suficiente. El éxito de su gestión precisa restaurar el tejido político oficialista. El aporte de los gobernadores a esta meta requiere conciliar la integridad de sus presupuestos con las necesidades de la Nación, hecho que cobra mayor significación en cuanto se advierte que el sindicalismo ya cobró con el traspaso de la atención de miembros discapacitados de sus obras sociales al Estado y las organizaciones sociales están en pie de guerra en defensa de su participación en el circuito del asistencialismo y el salario básico universal.

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