domingo 7 de agosto de 2022

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Editorial

Responsabilidad fiscal y vocación redistributiva

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5 de agosto de 2022 - 00:20

Sergio Massa fijó, en su primer discurso como ministro, una serie de prioridades de su gestión, algunas de las cuales son difíciles, pero no imposibles, de compatibilizar. Por ejemplo, fue enfático en que su gestión estará guiada por la responsabilidad fiscal, pero al mismo tiempo reconoció como objetivo mejorar la situación de los sectores sociales de mayor vulnerabilidad.

Para cumplir ambas metas deberá guardar un delicado equilibrio. Massa se sitúa en el medio de dos posiciones enfrentadas entre sí.

Por un lado, la de aquellos que consideran que el objetivo prioritario es el ajuste de las cuentas públicas, sin atender en un primer momento las necesidades sociales. Según esta concepción, la baja del gasto público mejorará el clima de negocios, atraerá inversiones y entonces sí habrá tiempo para lograr mejoras en el ingreso de los sectores más pobres. Es la famosa teoría del derrame. El gobierno de Cambiemos recorrió ese camino de baja del gasto, no solo de los superfluos sino también de áreas muy sensibles, como Salud y Educación, y sin embargo el clima de negocios no mejoró, hubo también corridas del dólar -el oficial en este caso-, se recurrió a un endeudamiento a un ritmo nunca visto y la pobreza aumentó durante esa gestión más de 12 puntos porcentuales.

Otra alternativa es la de priorizar el gasto social, sin demasiado apego a la responsabilidad fiscal. Es lo que sucedió con el actual gobierno hasta ahora, con un incremento de déficit, aumento formidable de la emisión monetaria y sin resultados sociales alentadores, pues la pobreza sigue por las nubes.

Para crecer se requiere de responsabilidad fiscal, pero ésta de poco vale si hay un incremento de la desigualdad social Para crecer se requiere de responsabilidad fiscal, pero ésta de poco vale si hay un incremento de la desigualdad social

La clave parece estar en una mirada de la economía que propicie el crecimiento al mismo tiempo que se atienden las necesidades de los sectores más empobrecidos. Para crecer se requiere de responsabilidad fiscal, pero ésta de poco vale si hay un incremento de la desigualdad social. Es decir, si los beneficiarios del crecimiento son solamente los deciles más altos de la sociedad. Es un programa sin viabilidad política.

Bruno Susani, doctor en Ciencias Económicas de l'Université de Paris, retomando las ideas de John Keynes, que fue el economista que sacó a Estados Unidos de la depresión de 1929, sostiene que “desde el punto de vista de la eficacia económica, la igualdad no es sólo un problema de orden moral, sino que técnicamente desde un punto de vista estrictamente económico es más eficaz que la desigualdad”. Ello porque la concentración de la riqueza y del ingreso constituye una limitación al crecimiento económico. La mayoría de los países desarrollados lograron ese status a través del Estado del Bienestar y una política fiscal progresiva. La restricción al poder de compra de los salarios contribuye al estancamiento de la economía.

De modo que al momento de pensar en el crecimiento de un país deben considerarse e implementarse medidas de moderación fiscal, pero también redistributivas, para que el modelo tenga viabilidad política y económica.

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