Nuevas Pictografías de la Cultura Aguada en los Aleros de San Francisco (3° nota)
Por R. Alberto Avellaneda
Destacando la gentileza del espacio aportado por la Jefatura de Redacción del diario El Ancasti, que me posibilita compartir el material fotográfico obtenido en septiembre de 2012 en los Aleros de San Francisco, en el departamento Ancasti, les acerco esta 3era. nota con un tema generador de riquísimos trabajos de investigación sobre la relación entre alucinógenos y las manifestaciones artísticas de la Cultura Aguada.
En los Aleros del Sapo y del Palo Borracho ya presentados, hacíamos mención a las pictografías con representaciones de los personajes del Sacrificador y del Shaman, centrales en la cultural del Período Medio, en la clasificación creada por el Dr. Alberto Rex González. En el Alero de los Morteros, el rasgo distintivo del sitio reside no en las pictografías, sino en los receptáculos fabricados para realizar la molienda y preparación de los elementos alucinógenos.
El Alero tiene una orientación norte/sur, hacia el noreste de los Aleros del Sapo y del Palo Borracho, a una distancia de 150 metros, con su panel de pinturas ubicado en la oquedad que mira hacia el este, hacia la salida del sol. Es necesario destacar que este tercer alero se encuentra en el centro de la línea oeste/este que se inicia con el Alero del Sapo y que va terminar en un cuarto sitio que hemos dado en llamar, por su conformación, el Alero de las Cuevas, motivo de la próxima nota. El Alero de los Morteros dispone de una especie de plataforma, al pie del panel de pictografías, en donde encontré por primera vez en estos sitios de la región de San Francisco, morteros asociados al lugar ceremonial.
Si bien la bibliografía que estudia la utilización de alucinógenos en la Cultura Aguada refiere al empleo del cactus San Pedro o Achuma (Trichocereus Pachanoi) y los frutos del Cebil (Anadenanthera Colubrina), en el caso del Alero de los Morteros su emplazamiento se da en medio de un abigarrado bosque de esta última vegetación. En el Mortero 1, las vainas del cebil se encuentran en el interior y alrededor del pozo tallado en la roca, con una formación similar a una batea alargada.
Cuando visualizamos el Mortero 2, llama la atención el cuidado en la realización y la profundidad del tallado, respetando en general una conformación circular casi perfecta. Evidentemente nada tiene en su creación que envidiar al empleo en la actualidad de modernas herramientas para la perforación de suelos rocosos.
Recordemos que estamos haciendo referencia a un pueblo que alcanzó en la provincia y en la región el más alto desarrollo cultural, con límites cronológicos, espaciales y patrimoniales establecidos por el Dr. Alberto Rex González. La Cultura de la Aguada ocupó gran parte de la provincia de Catamarca, la región norte de La Rioja y San Juan, con vestigios en el Valle Calchaquí, en el oasis de San Pedro de Atacama y en Cochabamba, Bolivia.
Tuvo riquísimas manifestaciones en cerámica, metalurgia, el uso de la técnica de “la cera perdida”, pictografías, obras de aprovechamiento del agua, la domesticación de plantas cultivables y la llama, con dos grandes emprendimientos arquitectónicos ceremoniales ubicados en el valle central de Catamarca en La Rinconada, Ambato, y en Choya, Capayán.
Las investigaciones, entre otros, de los arqueólogos Alberto Rex González, Omar Barrionuevo, Nicolás de la Fuente, Inés Gordillo, Alejandro Haber, Osvaldo Heredia, Néstor Kriscautzky, Samuel Lafone Quevedo, Ana María Lorandi, Ana María Llamazares, Víctor Núñez Regueiro, Asbjörn Pedersen, José Antonio Pérez Gollán, Adán Quiroga, Rodolfo Raffino, María Sempe de Gómez Llanes, Ángel Baltazar Segura, Antonio Serrano y José Togo, permiten establecer en su cronología que hacia el 500 de nuestra era, Aguada estaba plenamente formada en el Valle de Ambato, con su apogeo entre los años 600 al 800, y el comienzo de su declinación en el siguiente siglo, hasta la desaparición total. Según José Togo, Marta Baldini y Alberto Rex González la desaparición pudo deberse a causas diversas, entre las cuales parecen encontrarse el deterioro climático, con menor precipitación pluvial y aumento de la temperatura.
Resulta interesante, en la búsqueda de explicaciones de la desaparición de Aguada, refrescar las conclusiones del trabajo de excavación de Omar Barrionuevo en el sitio de Nana Huasi, en las cumbres del cerro Ancasti. Este odontólogo y arqueólogo aficionado de real valía, encontró y estudió núcleos habitacionales de la Cultura Aguada que presentaban sus techos de material perecedero incendiados, posiblemente por la irrupción de guerreros provenientes de la zona chaco santiagueña. Las pictografías del Alero de los Morteros a destacar tienen dos motivos: el primero muestra figuras de llamas, realizadas con tinte grueso. La ubicada a la izquierda con un esbozo de estómago resaltado, y la de la derecha sumamente estilizada.
La segunda representación, bastante deteriorada por elementos naturales, presenta la figura de una llama pintada de costado con trazos gruesos, con una técnica más realista, en donde se percibe con claridad su cabeza, un cuello bien delineado y parte de su cuerpo. Cuando realicé la primera observación en conjunto del Alero, la presencia de los morteros me llevó a presuponer la existencia en el panel de una riqueza de material pictográfico que luego no confirmó mis expectativas en relación con los Aleros del Sapo y del Palo Borracho.