miércoles 10 de agosto de 2022

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Carta al director

No enojemos al manso

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5 de julio de 2022 - 00:00

Señor Director:

Enojan otra vez, injustos e inmerecidos momentos de un pueblo en vilo, cuando en más de medio siglo y contando con todas las condiciones humanas, naturales y materiales, no pegamos una yendo de mal en peor. Por eso mucho extraña e interpela la prolongadísima mansedumbre de tanto argentino sufriente, honestamente trabajador, pero empobrecido y defraudado una y otra vez en sus legítimas expectativas electorales.

La innecesaria renuncia del ministro de Economía Martín Guzmán nada tiene que ver con ningún fatal determinismo histórico vernáculo. Nada de eso. La eyección del ministro obedeció a enrevesados y mezquinos actos públicos u oxímoron masivo del lado B del oficialismo, contra el corazón y el alma del orden institucional, económico y democrático; los que atónita, indirecta y subliminalmente habría cometido la segunda autoridad nacional al usurpar sutil e indirectamente funciones constitucionalmente previstas para el Presidente de la Nación.

Obviamente, quien sea los hubiera cometido necesariamente se representó la posibilidad concreta de que podía disparar semejante renuncia -agravadísima por las peores circunstancias de un inédito contexto polito económico nacional e internacional en las que tuvo lugar-; representación que incluía este resultado y sus inconmensurables consecuencias negativas en términos de expectativas, tipo de cambio, confianza, inflación, poder adquisitivo, hambre, pobreza, indigencia, miseria y envilecimiento humano.

Este 13 de abril, el último informe del Banco Mundial subrayó:

• Argentina es una de las economías más grandes de América Latina, con un Producto Interno Bruto (PIB) de aproximadamente U$S 490 mil millones.

• Con abundantes recursos naturales en energía y agricultura, en su territorio de 2,8 millones de kilómetros cuadrados, el país tiene tierras agrícolas extraordinariamente fértiles, cuenta con importantes reservas de gas y litio, y tiene un enorme potencial en energías renovables. Argentina es un país líder en producción de alimentos, con industrias de gran escala en los sectores de agricultura y ganadería vacuna. Asimismo, tiene grandes oportunidades en algunos subsectores de manufacturas y en el sector de servicios innovadores de alta tecnología.

Ante semejante contradicción entre la abundancia de recursos disponibles y las necesidades infamemente insatisfechas, un extravagante desatino y recíproca descalificación/desautorización entre el binomio ejecutivo nacional; con la deliberada complicidad de la oposición por su falta de grandeza imperdonable cuando se juega nada menos la misma suerte de nuestra patria común, vienen a mi memoria la singularidad de las recientes palabras pronunciadas por Joan Manuel Serrat al recibir otro doctorado honoris causa en la Universidad de Costa Rica, el pasado 27 de mayo, precisamente cuando recordó que “la patria para unos es el territorio, para otros es el idioma, para otros la niñez y para algunos algo con lo que llenarse la boca… y para otros llenarse la bolsa”.

Con una formalidad poco habitual en él, Nano Serrat evocó a su madre cuando decía que su patria estaba donde sus hijos comían. Probablemente eso deben pensar miles de madres y padres argentinos que a lo largo y ancho del país aún buscan sin lograrlo, apenas un lugar en donde sus hijos coman, estudien, crezcan y aprendan a convivir en paz.

Son horas de repetidas confusiones y angustias, de falta de referentes, donde se ha perdido la confianza en el sistema político, en sus representantes democráticos y en sus instituciones republicanas; donde los jóvenes se sienten engañados y los mayores traicionados cuando más que nunca nos necesitamos los unos a los otros.

En los últimos años fue vergonzosa la corrupción que desde el poder se ha filtrado a toda la sociedad. Más que una crisis económica, diría que estamos atravesando una crisis de modelo de vida. Y, sin embargo, sorprende el conformismo con el que parte de la sociedad lo contempla, como si se tratara de una pesadilla ajena o de la que tarde o temprano despertaremos.

“Espectadores y víctimas parecemos esperar que nos salven aquellos mismos que nos han llevado hasta aquí”, remató Serrat.

Tal vez no sepamos cuál es el camino. Tal vez no sepamos por dónde se llega antes. Pero sí sabemos qué caminos son los que no debemos volver a tomar, porque finalmente toda paciencia tiene su límite.

Así, por estas horas, será tino puro tener más que presente un sabio apotegma: ¡no enojemos al manso!, menos aún cuando se trata de ese pueblo largamente sufriente pero honesto, productivo y trabajador, tanto en el campo como en pueblos y ciudades argentinas.

Roberto Fermín Bertossi

Docente e investigador universitario

Experto de CONEAU

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