martes 10 de marzo de 2026
Análisis

Mujeres que sostienen la justicia

Por Rodrigo Morabito

Hoy no es solo una fecha en el calendario judicial. Es un día para detenernos un momento y reconocer una transformación profunda que atraviesa a la justicia y a la democracia: la presencia, la voz y la mirada de las mujeres juezas.

Durante mucho tiempo, la justicia fue pensada, diseñada y ejercida casi exclusivamente por varones. Los tribunales eran espacios donde la experiencia femenina estaba ausente o invisibilizada. Pero la historia, lentamente, empezó a cambiar. Y ese cambio no fue solo numérico. Fue, sobre todo, humano y democrático.

Las mujeres juezas han aportado algo esencial al sistema de justicia: nuevas perspectivas, mayor sensibilidad frente a las desigualdades, una escucha más atenta de quienes históricamente no fueron oídos y una comprensión más profunda de los conflictos sociales que llegan a los tribunales.

No se trata de pensar que las mujeres juzgan “mejor” que los hombres o que los hombres juzgan “mejor” que las mujeres. Se trata de comprender que una justicia verdaderamente democrática necesita diversidad, pluralidad de miradas y experiencias distintas que dialoguen entre sí. Cuando una mujer llega a un estrado judicial, no solo ocupa un cargo: amplía el horizonte de la justicia.

Muchas de esas mujeres han recorrido caminos difíciles para llegar allí. Han debido demostrar una y otra vez capacidades que a otros nunca se les exigieron. Han enfrentado prejuicios, techos invisibles y resistencias culturales que aún persisten en muchos ámbitos del poder judicial.

Y, sin embargo, ahí están. Sosteniendo audiencias, escribiendo sentencias, escuchando historias duras, tomando decisiones complejas, defendiendo la Constitución y los derechos de las personas todos los días.

Porque ser jueza no es solo aplicar la ley. Es también ejercer una enorme responsabilidad ética. Es escuchar antes de decidir. Es resistir presiones. Es sostener la independencia incluso cuando soplan vientos adversos.

Las mujeres juezas hoy son protagonistas de una justicia más abierta, más consciente de las desigualdades y más cercana a la realidad de las personas. Su presencia fortalece la legitimidad del Poder Judicial. Su trabajo fortalece el Estado de Derecho. Y su ejemplo abre caminos para que muchas niñas y jóvenes puedan imaginarse también allí: en los tribunales, defendiendo la justicia.

En este Día Internacional de las Mujeres Juezas, el reconocimiento no es solo por lo que han logrado. Es también por lo que representan: una justicia que se transforma, que se humaniza y que se vuelve más democrática cuando incorpora todas las voces.

A todas las colegas juezas: gracias por su compromiso, por su valentía y por la enorme responsabilidad que asumen cada día. Porque cuando una mujer juzga con independencia, con sensibilidad y con convicción constitucional, no solo dicta una sentencia. También fortalece la democracia.

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