La discusión sobre el impacto que tendría el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones enmascara en el oficialismo local las tensiones por la posición que conviene adoptar ante la crisis del peronismo nacional.
La discusión sobre el impacto que tendría el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones enmascara en el oficialismo local las tensiones por la posición que conviene adoptar ante la crisis del peronismo nacional.
Abundan los augurios terminales, pero conviene no apresurar pronósticos. No se asiste al derrumbe del peronismo, sino al de un orden peronista específico: el del kirchnerismo afincado en el área metropolitana y comandado por Cristina Kirchner, que perpetró con el encumbramiento del denigrado Alberto Fernández un error estratégico garrafal e intenta ahora detener la dinámica centrífuga que activó la derrota a manos de Javier Milei, a la que las revelaciones sobre la violencia de género y la vida disoluta del expresidente, superpuestas a la causa por corrupción con los seguros que lo compromete, imprimieron ritmo frenético.
El cristinismo proyecta con tal propósito al gobernador bonaerense Axel Kicillof para tratar de retener gravitación nacional y el control de los resortes formales del PJ, en una escena signada por la reticencia mayoritaria de los referentes territoriales que sobrevivieron o emergieron del fenómeno Milei.
El acto organizado por el gobernador Ricardo Quintela para la jura de la nueva Constitución riojana expuso, como antes había ocurrido con el que organizó Kicillof en Buenos Aires para conmemorar los 50 años de la muerte de Perón, las dificultades de este diseño. Kicillof fue el único gobernador que asistió a la movida de La Rioja, del mismo modo que Quintela había sido el único mandatario en el ritual de San Vicente poco más de un mes antes.
En ambos eventos estuvo la senadora nacional Lucía Corpacci, ariete en Catamarca de la operación Kicillof y objetora cada vez más enfática del RIGI que promueve el gobernador Raúl Jalil.
Los posicionamientos catamarqueños en torno a la adhesión al régimen adquieren otras dimensiones si al análisis sobre su impacto económico se le agregan las peripecias del peronismo kirchnerista en desgracia.
Perjudicadas en su eficacia proselitista las banderas de los derechos humanos y las políticas de género por el manoseo faccioso al que las sometió durante años –Alberto golpeador y seductor desenfrenado es una suerte de condensación de las imposturas en este sentido-, el RIGI ha sido seleccionado por el cristinismo como uno de los elementos de diferenciación ideológica centrales con la administración libertaria.
Esto le costó a Buenos Aires perder inversiones por más de 30 mil millones de dólares para la construcción de una planta de gas licuado de YPF y la petrolera malaya Petronas. Las firmas decidieron radicarla finalmente en Río Negro, cuyo gobernador, Alfredo Weretlinek, apuró la adhesión al RIGI y la configuración de un esquema tributario provincial acorde para quedarse con la localización del proyecto, mientras Kicillof se negaba a adherir al sistema.
La discusión sobre el impacto que tendría el RIGI enmascara en el oficialismo las tensiones por la posición que conviene adoptar ante la crisis del peronismo nacional
La discusión catamarqueña está contaminada por una línea de acción cristinista que navega al margen de que los propios movimientos alrededor del RIGI exponen una lógica de regionalización y enfilamiento a partir de intereses provinciales concretos que comienza a afianzarse en la singular gestión de Milei.
En la pulseada entre Kicillof y Weretlinek por la planta de gas licuado este reacomodamiento fue clarísimo: los gobernadores patagónicos respaldaron decididamente al rionegrino. La tendencia ya había quedado expuesta durante la discusión en el Congreso, con el respaldo al RIGI de las provincias mineras y petroleras y pronunciamientos explícitos de las mesas del litio y el cobre.
El rechazo al RIGI opera como una cuña de la política metropolitana cristinista, que busca neutralizar el impulso autónomo de las provincias. El Gobierno provincial y las comunidades del oeste cifran expectativas en el ingreso de inversiones mineras, más que por el litio por el proyecto de oro y cobre Agua Rica, ubicado en Andalgalá.
La adhesión al régimen ya fue aprobada por Jujuy y tiene media sanción en Salta. Además de Río Negro, Mendoza, San Juan y Chubut ya completaron el trámite parlamentario y Entre Ríos se apresta a hacerlo. El oficialismo catamarqueño afín al sistema intentará darle despacho en la Cámara de Diputados esta semana.
La adhesión local saldrá más tarde o más temprano, aún si se le incorporan matices. Al Gobierno le alcanza con el apoyo del radicalismo, el PRO y los libertarios, pero quiere evitar que las divergencias por la posición frente al colapso del kirchnerismo se reflejen en el voto de la bancada oficialista.
Hay opiniones y reservas legítimas sobre el impacto que tendría el régimen, pero la incidencia de las estrategias metropolitanas en la discusión, con Corpacci como vector, abrió espacio a maniobras menos confesables, fenicias, de subasta.
En el fondo, lo que empieza a visibilizarse es un debate de vieja data, que estaba larvado y emergía cada tanto y la irrupción de Milei llevó al primer plano: la “conurbanización” de la política nacional y sus consecuencias para el interior.
Quienes sostienen la conveniencia de desmarcarse de las directivas y tácticas metropolitanas, que en definitiva son las que han provocado el fracaso colectivo, remarcan que el peronismo de la provincia no tiene ninguna urgencia más importante que robustecerse para evitar ser arrastrado por el desplome bonaerense, que incluye la interna que libran Kicillof y Máximo Kirchner. En tal sentido, consignan que a nivel provincial el peronismo ha conseguido salir fortalecido de la catástrofe del año pasado, con una ratificación por 30 puntos de diferencia sobre la oposición a pesar de que las elecciones se hicieron junto con las nacionales.
Es un capital valioso en la incierta reconfiguración del ecosistema de poder nacional que sería insensato arriesgar en experimentos instigados por los mismos arquitectos que diseñaron la candidatura presidencial de Alberto Fernández y ahora levantan a Kicillof como otra máscara.