domingo 19 de junio de 2022

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Cara y Cruz

Inequidades al desnudo

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17 de junio de 2022 - 00:04

Los reclamos del personal del Hospital de Niños Eva Perón, desbordado por el aluvión de chicos con afecciones respiratorias típicas en esta época del año, exhibe la inequidad salarial que trama la administración.

Los médicos y paramédicos son pocos para la demanda, de manera que deben redoblar su trabajo, pero el punto más fuerte de la protesta no es ese, sino lo bajo de los emolumentos, que complementan con lo que se les paga por guardias, en caso de que estén en condiciones de hacerlas.

Se trata de un problema que impacta directamente en la calidad del servicio de salud pública. Independientemente de la competencia del trabajador, la sobreexigencia laboral incrementa de por sí el margen de error en cualquier actividad.

Si a eso se le suman salarios insatisfactorios, el estímulo para permanecer en el sector público se restringe a lo vocacional, mientras se alienta la emigración hacia el privado.

En síntesis: el sistema de salud pública, que destina millonadas a la edificación de infraestructura edilicia con criterios muchas veces discutibles, no valora sus recursos humanos; más bien tiende a expulsarlos.

“Esta es una situación crítica, porque somos pocos los pediatras. Necesitamos 8 médicos pediatras de guardia por día, muchas veces tenemos que hacer guardias de 24 horas 3 veces por semana y la atención se resiente. Es imposible trabajar así, trabajamos mal, con bajos salarios. Todos los médicos prefieren irse a la parte privada, de hecho no hay residentes, porque no les conviene. Un médico que ingresa gana $80.000 por mes y si hace guardia son $600 la hora guardia, pero si se enferma no le pagan nada. Estamos cansados, en la pandemia no paramos. Estamos agotados, queremos que vean que esto es una especialidad crítica, ya se elevaron notas al Ministerio pero llegamos a esta instancia porque no tuvimos respuestas”, reclamaron los médicos del Eva Perón.

El contraste con los salarios que se pagan en otros organismos del Estado con responsabilidades menos acuciantes, muchos de ellos con suculentos adicionales, contribuye al malestar, por no hablar de la multitud de “ñoquis” que proliferan, con sueldos que pueden llegar a duplicar el de un médico que recién entra.

Esto de los “voladores” es mal endémico, lo mismo que pagar favores políticos con recursos del erario, de modo que no va a caer esta columna en la ingenuidad de requerir cambios demasiado profundos y tajantes al respecto. Más de un inservible se beneficia con ingresos proporcionalmente inversos a sus capacidades por el solo hecho de contar con la palanca adecuada, pero dados los resultados pareciera que rezongar por esta práctica equivale a promoverla más que a desalentarla.

Sí sería conveniente, en cambio, trabajar en políticas tendientes a achicar la brecha entre quienes se desloman por atender frentes críticos, como es el de la salud pública y, quienes se circunscriben a calentar sillas y poltronas o a pasar por el cajero automático.

La bronca del personal del Hospital de Niños pasa en gran medida por estas injustas asimetrías. La polémica muestra a escala general lo que ocurre en reparticiones incluso dentro de una misma cartera, donde algunos cobran adicionales importantes y los vecinos no, lo que se traduce en intensas pechaderas para ser trasladados de un organismo a otro en función de los padrinazgos.

El personal de la salud pública fue objeto de encendidas celebraciones por los servicios prestados durante la pandemia. Los méritos que hicieron para estos reconocimientos están tan exentos de dudas como el hecho de que no solo de sobadas de lomo vive el hombre.

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