Brasil. La Amazonia perdió 10.267 kilómetros cuadrados de superficies forestadas, en el último año de gestión de Jair Bolsonaro.
Los presagios de los científicos respecto de los efectos de la envergadura del calentamiento global dejaron de serlo y ya son una realidad. Julio de este año fue el mes más caliente desde que se tenga registro a nivel mundial. El aumento persistente de la temperatura vino acompañado de incendios forestales y tormentas descomunales.
El parámetro científico fijado por la comunidad científica internacional en el Acuerdo de París para medir cuándo las secuelas del proceso de cambio climático pueden considerarse de extrema gravedad -1.5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales-, ha sido superado el mes pasado. Y es probable que se siga superando en los años que vienen, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El estudio de mención señala que el récord alcanzado es por la conjunción del efecto invernadero causado por la emisión de gases y la vigencia del fenómeno natural de El Niño. La OMM estima que “existe un 98% de probabilidades de que al menos en uno de los próximos cinco años se registren los 12 meses más calurosos de toda la historia”. Esto no significará, aclara el organismo, que el planeta supere permanentemente el nivel de 1,5 grados respecto de la época preindustrial. La superación de ese límite establecido será, sin embargo, cada vez más frecuente.
Pese a las contundentes evidencias científicas, persiste una peligrosísima corriente negacionista que desestima la importancia del calentamiento global y no sigue las recomendaciones respecto de transformaciones en los sistemas de producción más tradicionales por otros menos contaminantes y por ende más amigables con el medio ambiente. Algunos representantes de esta corriente han llegado a ocupar cargos de presidentes de naciones que tienen mucho por hacer en la materia. Por ejemplo, Donald Trump, en Estados Unidos, la potencia más contaminante a nivel global junto con China. O Jair Bolsonaro en Brasil, país que alberga la región del Amazonia, reconocida por tener la mayor diversidad biológica en el mundo y por ser lo que habitualmente se denomina “el pulmón del planeta”.
Son irreversibles los daños perpetrados al planeta por los gobiernos de Trump, que no impulsó los postulados acordados a nivel mundial por las cumbres climáticas globales, y de Bolsonaro, que alentó la deforestación del Amazonia, que perdió, solo en el último año de gestión del presidente ultraderechista, 10.267 kilómetros cuadrados de superficies forestadas.
En Argentina todas las fuerzas políticas poseen una agenda “verde”, que contempla medidas para frenar el cambio climático, a excepción de La Libertad Avanza, cuyo principal referente, Javier Milei, ha ratificado su posición negacionista del cambio climático producido por el efecto invernadero e incluso ha anunciado la desaparición del Ministerio de Ambiente de la Nación.
La gravedad de la degradación ambiental del planeta Tierra amerita que las fuerzas políticas con chances de gobernar la Argentina en los próximos años, en vez de sostener posiciones que no tienen fundamento científico alguno, diseñen un plan sistemático y consistente para ponerle un freno a los efectos del cambio climático y el calentamiento global.