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CARA Y CRUZ

El dúo Stiglitz-Perea

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24 de enero de 2022 - 01:10

Desde que asumió en 2003 la intendencia, Perea busca apoyos en el mundo para que Andalgalá no se convierta en un pueblo fantasma cuando se agote el yacimiento. Logró atraer la atención de Stiglitz, que, sin conocer esa ciudad, la apadrina por el mundo en la pelea por aprovechar esos recursos que, dicen los catamarqueños, los aprovecha mucho más la vecina Tucumán. Extraña relación ésta de Stiglitz con esa comuna, ese intendente y con las empresas, que alguien tendrá que explicar mejor”.

El párrafo es de la columna Charlas de Quincho, del diario Ámbito Financiero del 5 de mayo de 2008. El economista Joseph Stiglitz se presentaba en la Argentina precedido por el Premio Nobel que había ganado en 2001 y su condición de ex director del Banco Mundial y Presidente del Consejo Económico del gobierno de Bill Clinton.

El artífice del desembarco había sido el por entonces intendente de Andalgalá José Perea, dulce con los todavía significativos ingresos de las regalías mineras, quien lo había contratado para presentar en Buenos Aires el proyecto “Renacimiento 2.0”, que convertiría a la Perla del Oeste en un polo de desarrollo minero, turístico, agrícola y productivo.

Si se observan los resultados obtenidos en Andalgalá con el proyecto que apadrinó, se entenderán mejor los motivos que llevaron a Stiglitz a considerar 14 años después que la Argentina protagoniza un “milagro económico”.

Estas consideraciones sobre el país le costaron al académico reproches de sus más encumbrados colegas, como se reflejó en la editorial de ayer de este medio “Los límites del prestigio”, en la que se menciona su incursión pereísta.

El auditor general de la Nación Miguel Ángel Pichetto fue más lejos. “Habla pavadas porque está pago”, descerrajó ayer.

La presentación del dúo Stiglitz-Perea se hizo en Buenos Aires el 28 de abril de 2008, en el Hotel Panamericano de Buenos Aires. Nunca se reveló a cuánto ascendieron sus honorarios, se hablaba de centenares de miles de dólares.

Perea era estrella en ascenso en aquel momento, aunque ya habían comenzado a oponérsele algunos inconvenientes por sus criterios para invertir las millonarias regalías, inconvenientes que unos años después devendrían en concretas causas penales por presuntas malversaciones.

Pero estaba más que chocho con Stiglitz, así que ya en febrero se mandó un encuentro en Andalgalá del que participaron varios de los más renombrados políticos del momento, para anunciar un “plan de desarrollo sustentable”: el “Renacimiento 2.0”, en la idea de que el reverdecer “sólo se dará si el Estado asume el compromiso y el rol fundamental de intervenir, diseñar, crear y desarrollar una política de promoción e incentivo a los sectores empresariales que busquen una economía sustentable”. Que Stiglitz compartía, sin dudas, y que también sin dudas estará dispuesto a suscribir ahora, dada su singular percepción acerca de los “milagros”.

Quizás los adoradores de este hombre, mentor del ministro de Economía Martín Guzmán, se hubieran ahorrado incomodidades su tenían en cuenta el precedente de Perea. Porque hubiera bastado ver en qué ha terminó el promocionado “Renovación 2.0” para mantener cautela respecto de sus opiniones y pronósticos. Por si acaso sea cierto eso de que trafica con su prestigio por muy Nobel que haya sido allá lejos y hace tiempo, hace más de 20 años.

Cuando Perea lo conchabó para que le diera manija, los ecos del premio ecuménico estaban todavía frescos, así que es comprensible que se haya encandilado de tan embalado que estaba con la fama.

Pero ya pasaron demasiados años como para que el profesor siga viviendo del mismo naipe. Sobre todo si se considera el precedente Andalgalá, que por ahí se olvidó de poner en su currículum. n

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