Una de las grandes satisfacciones que me genera escribir esta columna es la cantidad de usos que puede llegar a tener algún día como papel de diario. La imagino encendiendo el fuego de asados, envolviendo adornos de navidad, formando un barquito de papel y mil usos más, algunos más afortunados que otros. Sin embargo, me apena pensar que ya no se utilizará para hacer uno de los remedios caseros más estrambóticos que recuerde: el cono de fuego.
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El cono de fuego
Por Rodrigo L. Ovejero
El cono de fuego del que hablo es una práctica actualmente desaparecida, utilizada para tratar la otitis –y tal vez otras dolencias, quién sabe- que consistía en envolver una hoja de periódico de manera que formara un cono, insertar el extremo agudo en la oreja de una persona y luego prender fuego a la base. El paciente entonces debía quedarse inclinado formando una especie de chimenea humana, esperando que el papel ardiera todo lo posible antes de que las llamas se acercaran a su cabeza. No creo que se hayan realizado estudios acerca de su efectividad, pero debió haber sido alta si se tomaba el riesgo de encender fuego cerca de la cabeza de una persona.
Para ser sincero, desconozco si la quietud del paciente durante el tiempo que el papel ardía era un requerimiento del tratamiento médico o una medida de precaución. Había niños muy inquietos, por ejemplo, que resultaban un peligro si se los dejaba correr por toda la casa con una antorcha en la cabeza. Incluso he llegado a pensar que este famoso cono no era más que una estratagema pergeñada por esta generación de padres sin estímulos electrónicos que los ayudaran en la crianza –no había celulares, teníamos tres canales de televisión- para asegurarse unos minutos de tranquilidad en el hogar. Algún padre desesperado tuvo la ingeniosa idea de un sistema que le permitiera atar un papel ardiendo en la cabeza de su hijo, de manera que este no pudiera moverse durante un rato sin causarse daño a sí mismo o los demás. Por supuesto que era una crueldad, no podían simplemente ponerle un papel ardiendo en la cabeza, así que le inventaron poderes curativos.
Con los años he consultado a médicos acerca de la efectividad de este método y no he obtenido respuestas concluyentes en ningún sentido. Quizás en definitiva no es un remedio efectivo para el tratamiento de la otitis, pero si para la hiperkinesia, y vaya uno a saber si el contenido de la página que arde no tiene también alguna importancia. Un amigo recordaba siempre a la perfección la tabla de posiciones de la primera división y resulta que su mamá le hacía este remedio con el suplemento deportivo, me parece demasiada casualidad. Otro solía recitar modelos y precios de autos usados sin que viniera a cuenta de nada.
Estos misterios jamás tendrán respuesta, pero si alguna vez van a hacer un cono de fuego, les pido que usen esta página. Me sentiría muy honrado.