miércoles 22 de mayo de 2024
Editorial

Distancia estrecha

La violencia verbal, cuando se exacerba y se vuelve perversa costumbre, suele, más temprano que tarde, transformarse en violencia física. La reflexión quizás sirva para entender mejor las razones de una verdadera batalla campal que protagonizaron estudiantes de una escuela pública y de un colegio privado en pleno centro de San Miguel de Tucumán. Los primeros sostenían la defensa de la educación pública, los alumnos de la educación privada, en su mayoría militantes libertarios, pedían recortes en la educación provincial

Es necesario entender que si bien por ahora se trata de un hecho aislado, responde a una lógica general. Quien rápidamente caracterizó al episodio como consecuencia de un “clima de época”, fue un prestigioso politólogo argentino. Mario Riorda, académico, docente, investigador y experto en estrategias electorales, de comunicación gubernamental y comunicación de crisis para gobiernos y partidos políticos en Argentina y en otros países de América Latina.

“Tras decenas de focus groups sobre votantes libertarios, hechos en varias provincias el año pasado, esto se veía venir –reflexionó Riorda-. En aquel entonces le llamé la ‘inevitabilidad del conflicto’. La idea de que el corte con el pasado necesariamente implicaba violencia, pelea, incluso en tres provincias apareció la idea de ‘guerra civil’. No importa quien inició este hecho. Sí importa que hay una glorificación cotidiana de la violencia desde lo discursivo que empieza a plasmarse de múltiples formas”.

Además de recurrente, la violencia verbal es legitimada permanentemente desde el poder. Los insultos y agravios de Javier Milei, antes y durante el ejercicio de la primera magistratura, son ya una parte sustancial de su estilo político. Injurió de un modo soez a senadores nacionales, a Horacio Rodríguez Larreta; al economista Roberto Cachanosky, a Axel Kiccillof, al Papa Francisco; a Raúl Alfonsín, a Patricia Bullrich; a los presidentes de Colombia y México, y a varios de los gobernadores. Solo por citar algunos ejemplos dentro del ámbito de la política.

Otro importante dirigente libertario, José Luis Espert, suele incurrir en desatinos parecidos.

Estos insultos, sobre todo los de Milei, son replicados hasta el infinito en redes sociales por sus seguidores, lo que contribuye a agravar el clima de violencia, pero a veces también suceden fuera de las plataformas virtuales con dirigentes que no coinciden con el pensamiento libertario. Esto es lo que ocurrió en la Feria del Libro cuando jóvenes seguidores del actual Presidente de la Nación recibieron en la Feria del Libro del año pasado al expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica con fuertes agravios.

En un contexto de grave crisis económica, lo menos aconsejable es recurrir a discursos violentos, ni en las redes sociales ni en declaraciones a los medios de comunicación. Vale para el oficialismo pero también para la oposición. De la injuria verbal a la agresión física la distancia es estrecha. n

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