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Cara y Cruz

Capturar la pobreza

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23 de junio de 2022 - 00:10

opinLas críticas de la vicepresidenta Cristina Kirchner a la “tercerización” del asistencialismo a través de las organizaciones sociales fue un sinceramiento a dos puntas.

Blanqueó la disputa de su facción con estas estructuras, encabezadas por el poderoso Movimiento Evita que acaudillan Emilio Pérsico y Fernando “Chino” Navarro, hacia un lado, y hacia el otro se rindió a la evidencia: las legiones de excluidos generadas surgidas del desplome social de la Argentina constituyen la cantera electoral más gravitante del país y se concentra con densidad dramática en el Conurbano bonaerense, al que considera su feudo personal.

Mauricio Macri, el macrismo y sus satélites podrán ser sus antagonistas ideológicos, pero el peligro mayor para ella está en el Evita: es su enemigo político, porque le disputa la primacía en la representación de la pobreza.

De ahí que la pelea sea ya a cara de perro. El control de la asistencia social es instrumento indispensable para ganar consistencia en la “economía popular” y el problema de Cristina es la autonomía que le proporcionan a Pérsico y Navarro los miles de millones de pesos que administran. No responden a su rienda, como La Cámpora.

No hay que dar excesiva importancia a los rezongos por las “estigmatizaciones” de la respuesta del Evita. Que el macrismo los estigmatizara nunca fue problema para que acordaran con la ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley, al punto que La Cámpora los llama “carolinos”.

El párrafo clave describe el universo social en litigio, configurado porque “hace más de 50 años que no crece el trabajo registrado en la Argentina”.

Cristina ataca a las organizaciones sociales porque le disputan la hegemonía en la representación política de la pobreza Cristina ataca a las organizaciones sociales porque le disputan la hegemonía en la representación política de la pobreza

“Reducir la economía popular a los planes sociales es negar la realidad. Los planes sociales son apenas el 10% de la economía popular y el 5% del conjunto de los trabajadores y las trabajadoras. El IFE nos demostró que había más de 11 millones de trabajadores y trabajadoras por fuera de las relaciones de dependencia. Hay 6,5 millones en el sector privado y más de 3 en el sector público. Los 11 millones de trabajadores y trabajadoras a las que nos referimos no se quedaron esperando que el Estado o el mercado resolvieran sus ingresos: salieron a buscárselos y hoy son la mayoría de la fuerza de trabajo”, señala.

11 millones es un número. Pero los “evitos” no se quedaron ahí y tiraron líneas de coincidencia hacia el sindicalismo, que representa el trabajo registrado. “Desde el Movimiento Evita creemos que el peronismo debe ser la estrategia política de los trabajadores y las trabajadoras del presente. Ese trabajo es el asalariado público y privado, son los autónomos, son la economía popular, etc”, consignaron.

“Trabajadores y trabajadoras del presente”. Ofensivo: Cristina es, para el Movimiento Evita, anacrónica.

El litigio, sin embargo, es por los pobres, trabajadores o no; la hegemonía en esa franja social. En el mismo plenario de la CTA en que Cristina disparó contra los movimientos sociales, el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat Jorge Ferraresi le advirtió que podría estar pegándose un tiro en la pata.

“El gran éxito del peronismo va a ser cuando saquemos cero votos, porque habremos convertido a todos en clase media, y como la clase media nos odia, no nos va a votar nadie", dijo, y aconsejó “construir identidad de clase”.

O sea que terminar con la pobreza vendría a ser para el peronismo, según Ferraresi, una eutanasia ¿Qué tipo de estímulo es ese? Según la lógica ferraresiana, habría que promover la pobreza en lugar de combatirla.

Tal vez sea hilar demasiado fino y se trate solo de un razonamiento fallido, desafortunado.

Lo que sí quedó claro es que, hasta que la pobreza se termine –y parece que falta mucho- lo que importa en la Argentina pauperizada es capturarla.

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