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Editorial

Autotest: el interés general está primero

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7 de enero de 2022 - 01:10

Una controversia previsible y lógica se instaló en el país por la repentina autorización de ANMAT a la venta libre de los kits de autotest de COVID-19 en las farmacias.

Antes de que se diera tal aval, las entidades colegiadas que agrupan a los bioquímicos habían anticipado su postura en contra de la medida, ya que, según aseguran, se tratan solo de test orientativos que carecen de “valor diagnóstico”, y tampoco “aseguran la cadena de trazabilidad, la confiabilidad del resultado ni el correspondiente reporte epidemiológico”.

Sostienen que la detección de la infección por el virus “solo puede hacerse mediante “pruebas bioquímicas, a cargo de personal calificado y competente, en condiciones adecuadas y con los insumos necesarios”. Además, indican que el proceso de toma de la muestra implica un interrogatorio previo al paciente -para conocer información clínica y epidemiológica- y la posterior contención y asesoramiento de la persona si diera positivo.

El miércoles pasado ANMAT dio a conocer su aprobación de cuatro test de autoevaluación de los laboratorios Abbott, Roche, Vyam Group y Wiener, para su venta exclusiva en farmacias. El organismo aclaró que los resultados deberán ser reportados de forma inmediata una vez realizado el test, aunque se dispondrá de un plazo mayor cuando no hubiera sido utilizado.

Además, subrayó que las farmacias deberán alojar los resultados en una base de datos común y que los informará al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS). Los casos positivos serán integrados a la notificación de casos de COVID-19, mientras que los negativos serán clasificados como “negativo, sin clasificar”. Si el farmacéutico no recibe el reporte del usuario una vez realizado el test, tendrá que informar de tal situación.

Por su parte, Ricardo Pesenti, de la Confederación Farmacéutica Argentina (Cofa), explicó cómo será el proceso puntual del sector: “Cuando dispensamos un test vamos a recabar datos básicos del paciente que los va a utilizar, lo vamos a asociar a un número de serie que va a tener cada una de las cajitas y le vamos a dar cada uno de los pacientes un código QR”. Y luego, cuando el paciente se haga el test en su casa, deberá tomar con su teléfono la imagen del código QR que le aparecerá en pantalla y allí podrá responder el resultado y enviarlo a la farmacia donde compró el test.

Tal vez resulte complicado a primera vista, pero la gente acostumbrada a hacer operaciones comerciales con su teléfono no tendrá inconvenientes. De hecho, en otros países los test de autoevaluación se venden en forma libre y ayudan a descongestionar los sistemas públicos de testeos.

Si bien el planteo de los bioquímicos es razonable y merece ser respetado en orden a la profesionalidad que exige el abordaje de la pandemia, también es innegable que el aluvión de contagios de los últimos aumentó la incertidumbre y el temor de la gente, la cual se volcó masivamente a los nodos de testeos públicos y los hizo colapsar.

Que los test rápidos de antígeno se vendan en las farmacias no debería afligir en mayor medida a los bioquímicos, que incluso hasta están en condiciones de competir con los precios de las pruebas. En efecto, según se adelantó, un kit puede costar entre 2.000 y 2.500 pesos, mientras que en los laboratorios bioquímicos los test salen 3.000 pesos en promedio y son garantía.

Al margen de eso, lo que está en juego es la salud de la población y se vive un estado de emergencia. Ante eso, cualquier otro planteo pasa a un segundo plano.

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