El pasado 25 de agosto se ha celebrado los doscientos dos años de la Autonomía de Catamarca. Está claro lo que significa ser autónomo. Pero es bueno recordarlo. Nuestro territorio catamarqueño tiene la facultad de gobernarse a partir de sus propias leyes y organismos. Cuando hacemos racconto de la historia tenemos que pensar si realmente somos autónomos o es simplemente una exclamación o slogan. ¿Es realmente Catamarca una provincia autónoma o sigue dependiendo del poder centralista de Buenos Aires? Seguramente las respuestas a esta pregunta serán dispares y no nos pondríamos de acuerdo. Además, deberíamos preguntarnos si como ciudadanos nos comportamos como seres autónomos.
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Autonomía
Según el sitio educación.navarra.es “Autonomía se refiere a la regulación de la conducta por normas que surgen del propio individuo. Autónomo es todo aquél que decide conscientemente qué reglas son las que van a guiar su comportamiento. Tener autonomía quiere decir ser capaz de hacer lo que uno cree que se debe hacer, pero no sólo eso. También significa ser capaz de analizar lo que creemos que debemos hacer y considerar si de verdad debe hacerse o si nos estamos engañando. Somos autónomos cuando somos razonables y consideramos qué debemos hacer con todos los datos a nuestra disposición. Dicho de otro modo: somos verdaderamente autónomos cuando usamos nuestra conciencia moral”. Hay una confusión de creer que ser autónomo es ir en contra mano a lo que señalan las leyes.
Nos estamos acostumbrando mal como sociedad. Las normas y las leyes son las que regulan si nuestros comportamientos son válidos y que no afecten a terceros. Lamentablemente se pudo observar que hay ciudadanos que entienden a la autonomía desde una mirada individualista y no social o comunitaria. Y esta mirada individual es el inicio de atentar contra las otras personas. Cuando se cree que los derechos individuales son más importantes que de las demás personas estamos cayendo en un abismo profundo e infinito. Hay conductas, de las cotidianas, que no parecen importantes, sin embargo, son indicios de una sociedad que no respeta nada. Es más, hasta se justifica que “somos así” por que los de “arriba son peores”. Y no tiene que ser de esta manera. Al contrario, somos los ciudadanos los que deberíamos luchar y aportar con nuestras conductas para que “los de arriba cambien”. Una muestra que nos debe servir de ejemplo: estacionar y dejar el auto en la vereda u obstruyendo la rampa para personas con discapacidad. Para muestra basta un botón dice el dicho popular. Esta especie de “hago lo que quiero” en realidad no nos muestra como seres autónomos sino esclavos de los individual. Y hasta creemos que es un ejercicio válido de nuestra libertad.
Savater decía que “la libertad no es innata a nuestra condición humana, sino un logro de nuestra integración social. No partimos de la libertad, sino que llegamos a ella”. Al parecer falta mucho para decir que somos seres autónomos y libres.
Es tiempo de empezar a cambiar esas conductas que perjudican a otros, dejar de lado el ventajismo y dar inicio a otras formas de pensamientos que sostengan un ideal social y comunitario. “Nadie se salva solo” decía Francisco en tiempo de la pandemia. Hay que hacer ejercicio de la responsabilidad que es un valor que está en la conciencia de la persona, que le permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de sus actos.
Caminar por la senda correcta sin dejar de lado a nadie sería una forma de entender que la autonomía es el ejercicio de respetar las normas y leyes que regulan nuestras vidas y ejercitar nuestra conciencia moral para orientar nuestros actos.