Mientras un puñado de ricos argentinos –el más conocido es Carlos Tévez- realizan planteos judiciales para evitar pagar el impuesto a las grandes fortunas que alcanza a aproximadamente las 12.000 personas más ricas de la Argentina y que contribuirá a financiar los estragos que causa el coronavirus, organismos supranacionales como la ONU y el propio FMI recomendaron en los últimos días aplicar este tipo de tributos para fin similar.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres propuso en el Foro del Consejo Económico y Social sobre la Financiación para el Desarrollo, que los gobiernos de las distintas naciones del mundo apliquen un tributo a los ricos para reducir las desigualdades en la capacidad de combatir el coronavirus y acceder a vacunas.
“Insto a los gobiernos a que consideren la posibilidad de aplicar un impuesto de solidaridad o sobre la riqueza a quienes se beneficiaron durante la pandemia, para reducir las desigualdades extremas”, expresó Guterres. Y pidió que se acaben “los letales ciclos de oleadas de deuda, de crisis de deuda global y de décadas perdidas”.
El FMI, por su parte, se pronunció a favor, durante su asamblea de primavera realizada hace dos semanas, que “las grandes fortunas y las empresas –en especial, aquellas a las que mejor les ha ido durante la pandemia– paguen un tributo temporal de solidaridad con el que aligerar la factura de la crisis y acelerar la recuperación económica”.
Hay países que cobran este tipo de “impuestos solidarios” de manera permanente y no excepcional, como es el caso de la Argentina, que se cobrará por única vez-. En Alemania se cobra desde la caída del Muro de Berlín y alcanza actualmente a los que tienen ingresos superiores a los 110.000 euros anuales. En Francia se paga desde 1981 y alcanza a fortunas que superen 1,3 millones de euros. En Bolivia rige desde el año pasado y alcanza a las 150 personas más ricas de ese país.
Ya el año pasado, un grupo de los más ricos de Estados Unidos publicaron un documento en el que pedían que se les cobre más impuestos para recaudar dinero destinado a paliar la crisis pandémica. La riqueza de este 0,1% de la población es casi igual que la del 90% de la población estadounidense.
Dos proyectos que tienen como propósito que los más ricos paguen más impuestos se estudian en el país norteamericano. Uno es el promovido por la senadora Elizabeth Warren y otros legisladores demócratas que estipula que los 100 estadounidenses más ricos paguen más de 78.000 millones de dólares de sus fortunas personales bajo un impuesto a la riqueza. El otro es impulsado por el presidente Joe Biden: se trata del impuesto mínimo global a las multinacionales del orden del 21%.
La tendencia en el mundo, según se observa, es que los que más tienen aporten una pequeña porción de su fortuna para contrarrestar los efectos de la crisis ocasionada por la pandemia o, como en el caso de la propuesta de Biden, para financiar programas de obra pública. En Argentina algunos marchan a contramano de esa tendencia.