jueves 2 de abril de 2026
EDITORIAL

No es moda

Por Redacción El Ancasti

Esta semana se conoció que la Universidad de Salta, a través de su Facultad de Humanidades, se sumó oficialmente a varias decenas de casas de altos estudios en el país que habilitaron el lenguaje no sexista, también denominado lenguaje inclusivo con perspectiva de género. Extraoficialmente, el uso de este tipo de lenguaje está mucho más extendido en el ámbito universitario, admitiéndose su uso en la presentación de exámenes, trabajos prácticos, tesinas, tesis e incluso en textos institucionales. En Catamarca se utiliza con frecuencia, aunque no obligatoriamente, claro está, en la Facultad de Humanidades, por ejemplo.

La apelación al lenguaje no sexista no es una moda de corto alcance. Al parecer, llegó para quedarse, y su uso opcional se extiende rápidamente por todos los países de habla hispana.

Los álgidos cuestionamientos que se le dirige son muy llamativos, sobre todo cuando se menciona como órgano de referencia, para sostener esas críticas, a la Real Academia Española, que es una organización civil con mayoría masculina absoluta a la que el pueblo no le hace demasiado caso como referente del idioma español. De hecho, la RAE va siempre por atrás de las transformaciones en el idioma, incorporando “oficialmente” como válidos vocablos que la gente usa desde hace mucho tiempo.

Para desentrañar lo que el lenguaje no sexista o inclusivo con perspectiva de género propone hay que entender que el uso del lenguaje es un reflejo de las prácticas culturales de la sociedad, y al mismo tiempo condiciona las cosmovisiones, es decir, la forma de ver y entender el mundo por parte de un pueblo en un momento histórico. En el lenguaje se manifiestan las desigualdades de género, por ejemplo, que están presentes en la sociedad, lo que suele operar como factor para reforzar prejuicios. Modificar el lenguaje, o al menos presentar opciones al hegemónico, visibilizando lo que existe pero no se nombra, contribuye a dotar de otra mirada, transformadora, a la realidad circundante. Como el uso del lenguaje es “político”, el lenguaje no sexista no puede negarse, aunque tampoco imponerse.

Existe una rama de la sociolingüística que se denomina Glotopolítica, que engloba todos los hechos de lenguaje en los que la acción de la sociedad reviste forma política. Para sus fundadores, Louis Guespin y Jean Baptiste Marcellesi, el lenguaje, en tanto que acción política, es un fenómeno ideológico-discursivo, es decir, una entidad dinámica en constante relación dialógica con el contexto.

Un aporte muy interesante al respecto lo realiza el lingüista y lexicógrafo Santiago Kalinowski, que sostiene que el objetivo del lenguaje inclusivo con perspectiva de género “no es cambiar la gramática, eso no le importa. Hay gente que puede decir que sí, pero en realidad es una intervención que lo que busca es terminar con mujeres asesinadas, mujeres que cobran menos por el mismo trabajo, mujeres que no pueden caminar por la calle tranquilas…”.

Tal vez si se entendiera esta perspectiva de análisis habría menos cuestionamientos a una práctica que no tiene por qué ser obligatoria, pero si considerada como un aporte para visibilizar inequidades naturalizadas también por la forma de hablar o escribir.

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