jueves 23 de abril de 2026
EL MIRADOR POLÍTICO

La narrativa apestada

Por Redacción El Ancasti

El impacto de la cuarentena sobre la economía induce la adaptación de la narrativa sobre la peste, afectada por el agotamiento de la antinomia que la dinamizó hasta el arribo de los compromisos salariales del sector privado y las carencias de los estados provinciales para financiar lo mismo y simultáneamente adecuar sus sistemas de salud a la amenaza. El antagonismo salud versus economía, clave de un éxito de taquilla, entra en crisis.
El presidente Alberto Fernández la tiene clara.
Ocupó una extensa primera parte de su discurso del viernes en una clase magistral destinada a explicar los inobjetables efectos benéficos del confinamiento, que enfatizó con el conteo de muertos contrastado: la Argentina recluida ha conseguido ralentizar el tanteador fúnebre, mérito que nadie está en condiciones de negar frente a los estragos que azotan a Europa y los Estados Unidos.
Tras la comparación, el Presidente advirtió que lo peor aún no llegó y calculó que el pico de contagios golpearía en la primera quincena de mayo. Procede entonces la extensión de las medidas preventivas, para ganar tiempo y acondicionar el sistema sanitario.
Es indicativo que se preocupara tanto por justificar lo que no precisa a esta altura justificación alguna, pues el reconocimiento hacia su figura por haber dispuesto la cuarentena es prácticamente unánime.

El guión se complica

El derrotero elegido para la primera etapa de la travesía sanitaria fue el correcto. Ralentizó los contagios y evitó un estallido.
La ruta económica muestra otros escollos, más arduos, y se aparta del diseño dramatúrgico que robusteció a Fernández dotando a su gestión de una épica más atractiva que el gris combate contra el déficit fiscal.
Sobre el antagonismo entre salud y economía se edificó el “Capitán Beto”, líder protector y guía del pueblo en lucha contra un virus misterioso rebautizado como “el enemigo invisible”. Las cifras negras del primer mundo confirmaron su solvencia y la acentuaron en la comparación con fantochescos sujetos como Donald Trump o Jair Bolsonaro, que despeñaron a sus países en la espiral de muerte.
Pero dado que la malignidad del “enemigo invisible” no admite réplica, su demonización era tarea sencilla. El guión se complica cuando las malignidades no resultan tan palmarias. Por eso el Presidente se vio obligado a aclarar la orientación de sus reproches a los empresarios miserables que despiden en la angustia –unos sádicos- y circunscribirla al megamillonario Paolo Rocca, de Techint, villano más cómodo que una multitud de pequeños y medianos empresarios que se debaten frente a la cesación de pagos.
La peste es contingente; la crisis económica tiene rasgos más estructurales.
Los cheques rechazados y las severas dificultades para acceder a financiamiento en la banca reposicionaron el problema, que es global pero en la Argentina se agrava por una singularidad: la actividad paralizada por la indispensable cuarentena ya venía en picada desde hacía un lustro, con recesión e inflación conjugadas.
Fernández es, qué duda cabe, el héroe de la guerra contra el coronavirus. Se aferró a ese rol en su último mensaje al país: la curva de contagios se aplanó por el momento y la cuarentena se extiende con el propósito central de preparar el sistema sanitario para una eventual disparada.
Las definiciones económicas fueron más difusas. Se irá viendo qué actividades se pueden destrabar, en responsabilidades compartidas con los gobernadores, que el liderazgo agobia sobre una sola espalda.
El consagrado héroe del coronavirus precisa adaptarse a las alteraciones de la escena.
No solo es producto de la hasta ahora victoriosa campaña contra la peste; también, de que la letal acechanza lo relevó de abordar el complejo frente económico nacional.

Desafíos al Capitán Beto

La amenaza de la quiebra colectiva del sector privado interpela al Capitán y le siembra el horizonte de probables amotinamientos.
La economía precisa más que antes de una inyección de liquidez que solo el Estado nacional está en condiciones de suministrar. Ni la pequeña y mediana empresa ni las provincias tienen facultades para hacerlo. Conciliar salud y economía se torna imperioso para evitar una catástrofe social por el crecimiento exponencial del desempleo y la miseria.
La posibilidad de la reaparición de las cuasimonedas en las provincias activó un auxilio de 120 mil millones de pesos. Los gobernadores, sobre todo en los distritos de mayor densidad poblacional, con grandes urbes, avalaron la extensión de la cuarentena por el miedo a que sus sistemas de salud colapsen en el pico anunciado, pero también por el oxígeno financiero dispensado: no peligra la cobertura de sus costos fijos, más que nada el pago de salarios en las administraciones públicas, factor de estabilización política por antonomasia.
Para las urgencias de los privados, se dispusieron créditos al 24% de interés al barrer.
Inmensos interrogantes se abren en torno a la eficacia que este instrumento pueda tener para acotar la ruina. Las dificultades del sector pyme argentino para obtener financiamiento en los bancos son proverbiales, porque se exigen requisitos incumplibles para la gran mayoría. No está claro cómo se salvarán en la crisis, de modo que tampoco es claro si la herramienta es la adecuada para la tarea. Capaz que se están ofreciendo serruchos cuando hay que poner tornillos.
Tampoco se anunciaron políticas específicas para las actividades más golpeadas por el parate, como el turismo y la gastronomía, grandes generadoras de trabajo que se desplomaron a cero por el confinamiento.
En Catamarca, el sector privado aún no ha recibido respuestas del Gobierno a sus planteos. Se evalúa la alternativa de subsidiar la tasa de los créditos nacionales, no mucho más por el momento.
El Capitán Beto y sus tropas están bien atrincherados y refuerzan las barricadas contra el coronavirus. La contaminación llegó al relato: otras pestes se ciernen sobre el país y desafían sus liderazgos.

 

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