El primer aniversario de la muerte del Papa Francisco encontró a Javier Milei en plena gira por Israel, ratificando su respaldo a la guerra que ese país y los Estados Unidos desataron contra Irán. Advertido de la efeméride, prendió un vela por el pontífice argentino en la Iglesia de Jerusalén y luego publicó en X: "Aquí con el argentino más importante de toda la historia… Abrazo a la distancia, Santo Padre".
Mientras más a la distancia, mejor. Milei estaba en Jerusalén para participar de las celebraciones por el 78° aniversario de la independencia de Israel, en el marco de su tercera visita oficial al país.
Había rezado junto al premier Benjamín Netanyahu en el Muro de los Lamentos, firmado acuerdos estratégicos de cooperación tecnológica y seguridad y recibido la Medalla Presidencial de Honor, máxima distinción civil israelí. También había pronunciado, desde la Universidad de Bar-Ilan, una frase que circuló de inmediato entre diplomáticos y analistas: "Con determinadas culturas no se puede convivir."
La distancia entre prender una vela y apoyar la guerra contra Irán puede medirse en millas hipocresía.
No es necesario ser un especialista en geopolítica para conjeturar lo que Jorge Mario Bergoglio hubiera opinado de la posición asumida por Milei, que ha convertido a la Argentina, por decisión unilateral, prácticamente en el único país alineado con los Estados Unidos e Israel en una agresión repudiada por todo el mundo. El papa argentino dejó un registro exhaustivo, consistente y sin ambigüedades precisamente sobre este tipo de situaciones.
En su última aparición pública habló de la "gran sed de muerte" a la que el mundo asiste. Murió al día siguiente.
Para desgracia de Milei, ese legado de Francisco fue asumido por su sucesor, León XIV. Robert Prevost, el primer Papa nacido en Estados Unidos, se ha convertido en el obstáculo moral más eficaz contra la coalición bélica que el líder libertario integra en calidad de comparsa.
El 7 de abril, declaró desde Castel Gandolfo que la amenaza contra "todo el pueblo iraní" era "verdaderamente inaceptable". El 11 de abril endureció su postura denunciando la "ilusión de omnipotencia" que alimenta los conflictos bélicos. En Camerún fue más lejos: "¡Ay de aquellos que manipulan la religión y el nombre mismo de Dios para su propio beneficio militar, económico o político, arrastrando lo sagrado a la oscuridad y la inmundicia!".
Donald Trump respondió atacándolo, calificándolo de "muy débil" y "terrible", y luego cometió el error de publicar en Truth Social una imagen generada por IA en la que aparecía él mismo con túnica blanca, halo de luz y la mano sobre un enfermo, rodeado de águilas, banderas y aviones de combate: Cristo y el Pentágono en una sola imagen. Tuvo que retirarla debido a la repulsa de los sectores religiosos.
León XIV respondió al disparate con una frase en la que reverberaron los ecos de Francisco: "No le temo a la administración Trump ni a proclamar con firmeza el mensaje del Evangelio."
En tal contexto, el homenaje de Milei a Francisco en el Santo Sepulcro configura una contradicción que ningún posteo en la red X puede resolver.
No es posible celebrar al “argentino más importante de la historia” al mismo tiempo que se agrede su memoria con el apoyo irrestricto a las brutales masacres que Trump y Netanyahu está perpetrando. Mucho menos cuando el sucesor de Francisco ha adoptado sus posiciones y abandonado la neutralidad.
¿Se animará Milei a condenar a Prevost como “representante del Maligno en la tierra”?
La vela en el Santo Sepulcro se apagará mucho antes que la hipocresía.n