Editorial

Cuando pase la emergencia

La emergencia del coronavirus que tiene al planeta en vilo tarde o temprano pasará. Algún...
miércoles, 25 de marzo de 2020 · 01:37

La emergencia del coronavirus que tiene al planeta en vilo tarde o temprano pasará. Algún medicamento antiviral o alguna vacuna eficaz terminarán con él o lo convertirán en una de las tantas patologías respiratorias manejables.

Deberá, entonces, hacerse el recuento de las consecuencias: los muertos, en primer lugar, pero también la debacle económica que es secuela directa de la parálisis mundial que conlleva la pandemia. 

La economía argentina ya estaba en una situación crítica antes de la aparición y expansión mundial del virus. Dos años consecutivos (2018-2019) de fuerte caída de la economía, aumento de la pobreza, el desempleo, el endeudamiento y la fuga de capitales, generaron un escenario caótico del que iba a costar bastante tiempo salir. Pues bien, la pandemia lo complicó aún más.

Mal de todos, consuelo de tontos: la crisis es global. Se espera, aún en la perspectiva bastante incierta de que la emergencia se disipe en los próximos meses, una recesión. O, en el peor de los casos, una depresión. 

Las estadísticas de la caída de la economía mundial nada dicen por sí solas: pero cada punto de caída del PBI implica millones de muertos por causas relacionadas con la pobreza en todo el mundo. Está muy bien tomar las medidas preventivas más exigentes, pero se necesita un Estado presente para contener a los sectores más vulnerables, que son, como sucede ante cualquier crisis, los más afectados.

Las medidas tienen que ser asistenciales en el corto plazo –subsidios, bonos, asistencia alimentaria-, pero una vez concluida o mitigada la pandemia deben establecerse sólidas bases para construir sociedades más igualitarias en el seno de cada país, y una distribución más equitativa de la riqueza entre los distintos países del mundo, donde la inequidad vigente internamente se replica a nivel global.

El papel del Estado en esta crisis ha sido fundamental. Los países que mejor han aguantado los embates del coronavirus han sido aquellos que tienen un sector público en salud fuerte, con un buen financiamiento. Alemania, por ejemplo, o Rusia, o los países del norte de Europa. Pero además el Estado ha tenido en estas semanas una potente intervención como regulador de la economía y la vida social que la gente valora cada vez más. Ha retrocedido, al mismo tiempo y consecuentemente, el discurso del libre mercado, que le asigna al sector público un rol menor y que propicia la desregulación y la privatización de servicios esenciales para la población, entre ellos el de la salud. 

Cada vez que emerge una crisis, el rol del Estado cobra significación, pero en cuanto la situación tiende a estabilizarse, resurge aquel discurso que le atribuye todos, o casi todos, los males de la sociedad. 

Quizás esta vez, por la magnitud de la emergencia, ciertos paradigmas ocupen en lugar que merecen: por ejemplo, aquel que indica que el Estado tiene una función esencial en la construcción de una sociedad inclusiva y que contenga a todos, y no solo a ciertos sectores privilegiados. Se verá, cuando pase la emergencia.

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