Editorial

Cuando el poder mete la cola

El insólito desenlace que tuvo el domingo la final del Torneo Federal A es sin duda consecuencia...
martes, 25 de junio de 2019 · 04:18

El insólito desenlace que tuvo el domingo la final del Torneo Federal A es sin duda consecuencia del descalabro que caracteriza al fútbol argentino, enmarañado como quizás nunca antes de pésimos manejos y negocios turbios que le han restado, lamentablemente, la credibilidad que cualquier disciplina deportiva debe tener.

Los jugadores del club San Jorge, de Tucumán, decidieron “abandonar” el partido que disputaban con Alvarado de Mar del Plata, sentándose en el campo de juego, en protesta por el pésimo arbitraje que los perjudicaba.

No fue una bronca del momento. Se venía arrastrando desde que, según expresó el presidente del club tucumano, les avisaron que iban a tener un arbitraje en contra, favoreciendo de esa manera al club marplatense del que fue presidente hasta hace poco el diputado nacional y exdirigente sindical Facundo Moyano, cuñado, además, del presidente de la AFA, Chiqui Tapia.

Los arbitrajes tendenciosos que favorecen a determinados equipos, por lo general los que tiene mayor peso político, un poderío económico superior o hasta influencias familiares, han afectado en varias oportunidades a equipos catamarqueños. Policial se vio privado del ascenso al Torneo Argentino A en un partido que terminó en escándalo por la pésima actuación del árbitro, que favoreció ostensiblemente a Estudiantes de San Luis, que venía de banca. Luego de aquel episodio se dieron a conocer escuchas en las que se aseguraba que el encuentro estaba arreglado con el aval nacional. El mismo club catamarqueño protagonizó hace unos años una sentada parecida a la de los jugadores de San Jorge, en protesta por la manera en que los arbitrajes favorecían a equipos santiagueños. 

La persistencia de estas irregularidades, muy evidentes pero al mismo tiempo de muy difícil comprobación ante la Justicia, le restan seriedad a los campeonatos del ascenso, sobre todo en el interior de la Argentina y particularmente cuando los que disputan alguna chance importante es un club de escaso peso o proveniente de una provincia chica, como Catamarca. Esto es de tal manera así que ya hay clubes que se niegan a disputarlos, sabiendo que el esfuerzo económico es muy grande y las posibilidades de obtener ascensos muy pequeña.

Las injusticias de este tenor siempre fueron moneda corriente en el fútbol del interior, desde la época de los viejos torneos regionales, pero a juzgar por los comentarios de quienes conocen los entretelones del mundo futbolero, nunca los dirigentes afistas o del Consejo Federal estuvieron tan involucrados en estas presuntas componendas para favorecer a los clubes con mayor peso en las estructuras del fútbol nacional.

Los partidos supuestamente “arreglados” en los torneos de ascensos son apenas una faceta más de la lista negra de “pecados” del fútbol argentino, negocio en el que conviven, a veces con dificultades para distinguirse, la dirigencia deportiva y la política. Y como siempre sucede cuando el poder mete la cola, los que salen perjudicados son siempre los más débiles.

Otras Noticias