Cara y Cruz

Hidratados en la sequía

En el matrimonio por conveniencia que firmaron en 2015 el radicalismo catamarqueño y sus socios del FCS...
sábado, 22 de junio de 2019 · 04:20

En el matrimonio por conveniencia que firmaron en 2015 el radicalismo catamarqueño y sus socios del FCS con el Pro, los del partido de Alem e Yrigoyen quedaron claramente desfavorecidos en la repartija. Eran dueños de la estructura partidaria en las provincias y debieron ceder espacios a favor de lo que hasta allí era apenas una fuerza porteña, que finalmente creció a caballo de su ejercicio en el poder. No fueron pocas las muestras de bronca que debieron soportar –y apaciguar- desde entonces las autoridades de la UCR de parte de los indignados con el “mal negocio”. 
Pero para la vuelta electoral de octubre próximo hay otro ánimo en los correligionarios. Pese a la incorporación del peronista Miguel Pichetto a la fórmula presidencial con Macri, un lugar que para muchos debía corresponder a un radical, sienten que esta vez pueden salir fortalecidos. Bastante más que hace cuatro años. Eso empezó a hacerse evidente, a horas del cierre de las listas, sobre todo en las provincias no gobernadas por Cambiemos, donde los radicales ocupan más casilleros claves que en las últimas elecciones. Un ejemplo interesante es Córdoba. Allí, donde hace un mes el peronista Juan Schiaretti arrasó en las elecciones provinciales y también en la capital –que era un bastión inexpugnable de la UCR-, el radical Mario Negri fue confirmado como cabeza de lista de diputados nacionales. El reparto fue dos candidatos para la UCR, dos para el Pro y uno para la Coalición Cívica. El que quedó muy herido fue el carismático Luis Juez, que pretendía entrar en un lugar expectante.


Pero el caso de Catamarca es más significativo. El radicalismo oficial, es decir, la línea Celeste, se permitió el lujo de prescindir de dirigentes históricos, como el diputado nacional Eduardo Brizuela del Moral y el ex intendente Ricardo Guzmán, y armó una propuesta electoral exenta de pataleos.
Y ayer la presentó formalmente en sociedad: el médico Roberto Gómez –líder de la línea Morada, aliada de la Celeste en la última conformación partidaria- será candidato a gobernador, el rector de la UNCA, Flavio Fama, disputará la intendencia capitalina y el diputado provincial Rubén Manzi, de la CC, será el primer postulante al Congreso nacional. Uno más: Enrique Vázquez Sastre, otrora brizuelista y actual conductor de Vanguardia, competirá por la senaduría de la Capital. Cuatro radicales y un cuasi radical (Manzi tiene una larga historia en el FCS) en los principales puestos, los de mayor exposición. 
Gómez, inclusive, decidió seguir firme con su candidatura a la Gobernación a pesar de las fuertes presiones que recibió en las últimas horas desde el Comité Nacional de la UCR, que preside el mendocino Alfredo Cornejo, porque la estrategia del radicalismo es tratar de ocupar la mayor parte de las bancas legislativas nacionales. 
Es más, en el seno del propio radicalismo catamarqueño se planteó que la banca nacional que la oposición pondrá en juego le corresponde a la UCR, porque la ocupaba el fiambalense Amado Quintar hasta su muerte. Luego asumió su suplente, Orieta Vera, de la CC. 


Para zanjar posibles diferencias y mantener la hegemonía radical en la primera línea de la oferta electoral, se resolvió mantener el reparto tal como había sido acordado horas previas. De hecho, si Manzi quedó como postulante a la banca nacional por la “orgánica” partidaria fue también resultado de una negociación exitosa: en caso contrario, podría haber sido el candidato a gobernador del cual pudieran colgar sus listas brizuelistas y guzmanistas.
Ahora bien, es indudable que el escenario más difícil será el de Gómez, por cuanto deberá vérselas con el intendente Raúl Jalil, seguro candidato a gobernador por el Frente de Todos, el dirigente peronista que mejor mide después de Lucía Corpacci y quien tendrá el fuerte respaldo del aparato oficialista. 
Será la primera gran pelea de Gómez. Si gana, será Gardel; si pierde, se convertirá en un dirigente radical mucho más conocido y con mayor proyección a futuro. No es poco.n

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