EDITORIAL

Keynes en la Argentina de 2019

sábado, 15 de junio de 2019 · 04:05

“Salgan de compras, vayan a los negocios y adquieran esos maravillosos saldos. No solo harán una estupenda y útil compra para sus hogares sino que además tendrán la alegría de contribuir a crear y mantener los empleos de los obreros textiles. Muchas personas de este país piensan hoy que ellos y sus vecinos pueden mejorar la situación económica ahorrando más de lo que lo hacen habitualmente, pero si cada uno de nosotros dejamos de gastar y ahorramos todos nuestros ingresos entonces todos no quedaríamos sin trabajo… y sin ingresos”.

La frase, aunque tenga aplicación práctica en la realidad argentina de 2019 para ciertos sectores –los que pueden ahorrar, que son la minoría-, fue pronunciada el 14 de enero de 1931 por la BBC de Londres, pertenece al economista John Maynard Keynes y estaba dirigida al pueblo británico, que padecía la asfixia de una profunda crisis recesiva.
La frase del brillante economista norteamericano, que fue uno de los artífices de la salida de la tremenda crisis que hizo eclosión en 1929, es una síntesis de uno de los postulados centrales de su libro más famoso, “Teoría general del empleo, el interés y el dinero”. Según Keynes, la crisis económica es la consecuencia de la caída de la demanda global, lo cual provoca la recesión, la que a su vez agrava la pobreza.

Por cierto, los economistas liberales o neoliberales, que insisten con postular las bondades del libre mercado como regulador natural e invisible de la economía, disienten en términos generales con el keinesianismo, pero la historia económica argentina de las últimas décadas ofrece ejemplos de cómo la caída de la demanda termina en recesión, y de cómo la reactivación del mercado interno vía demanda puede hacer crecer la economía.
En la Argentina de hoy en día, con los salarios deprimidos y el circulante restringido para evitar la corrida al dólar, no hay posibilidades ciertas de que los ciudadanos “gasten más”. Por otro lado, con la industria nacional trabajando a casi el cincuenta por ciento de su capacidad instalada y con una apertura casi indiscriminada de los productos importados, el gasto de los argentinos, si se incrementara, beneficiaría más a los mercados extranjeros, donde están radicadas las empresas productoras, que al mercado local. 

La pronunciada caída de la demanda se manifiesta en sus tres componentes principales, como lo señala en un artículo publicado la semana pasada Bruno Susani, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de París: “El consumo privado, la inversión y el gasto público registran una tendencia a la baja de una magnitud que no se observaba desde la crisis del 2001”.

Las crisis recesivas se manifiestan, así, como círculos viciosos que se retroalimentan. Las recetas clásicas de ajuste-recesión, sobre todo en un contexto de caída de la inversión extranjera, han mostrado su ineficacia para lograr la dinamización de la economía, que se logra con la generación de políticas que pongan en marcha la producción nacional y mejoren el poder adquisitivo de los consumidores. 
 

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