Editorial

Corto de tiempo

En un contexto de inestabilidad cambiaria y fuerte recesión, el gobierno nacional...
sábado, 16 de marzo de 2019 · 04:18

En un contexto de inestabilidad cambiaria y fuerte recesión, el gobierno nacional ha ido rebajando sus aspiraciones, que supieron ser ambiciosas y presentadas con esmerada grandilocuencia. Según puede apreciarse, aunque persistan frases cargadas de optimismo que no se corresponden con la realidad -como las del secretario de Política Económica, Miguel Braun, que afirmó que la recesión terminó, la inflación empezó a bajar y los salarios siguen creciendo-, la meta del gobierno es, apenas, llegar a las elecciones sin fuertes convulsiones sociales, aunque también sin mejoras que los ciudadanos puedan constatar en la práctica. Por ejemplo, en sus bolsillos.


El desarrollo productivo sustentable no es, en los despachos del poder, ni siquiera tema de conversación. El objetivo es, en todo caso, de aquí hasta diciembre, tan solo evitar que el dólar se dispare y genere un incremento aún mayor de los índices inflacionarios, que siguen batiendo récords y ya se encuentran por encima del 50 por ciento anual. El costo de ese objetivo es letal para la economía: para evitar corridas hacia el dólar, el Banco Central eleva las tasas y seca de pesos el mercado financiero, lo que profundiza la recesión.


Como un logro de la gestión, el gobierno nacional anunció esta semana que el Fondo Monetario Internacional autorizó la implementación de un esquema de subasta, que le permitirá al Banco Central, si es necesario, vender 9.600 millones de dólares para controlar que no suba.


Este énfasis en manejar las variables financieras produce inevitablemente un descuido de la “economía real”. La estabilidad del dólar a costa de tasas de interés altísimas que tornan ilusoria las chances de que se produzcan inversiones productivas significativas, puede implicar para el gobierno cierta calma deseable a un contexto de volatilidad de la divisa, pero aplasta las chances de una recuperación de la economía y con ella de la calidad de vida de los argentinos. Los riesgos de que el desempleo y la pobreza sigan aumentando son muy concretos en este esquema.


Pese a la política del Banco Central de restricción absoluta de la emisión monetaria, que para los economistas ortodoxos es la causa principal de la inflación, ésta sigue muy activa por los tarifazos y los incrementos estacionales de algunos productos, por ejemplo los alimentos. El salto del dólar en lo que va de marzo también tendrá su impacto en las próximas semanas, cuando los precios se “acomoden” nuevamente a los nuevos valores de la divisa norteamericana.


El presidente del Banco Central, Guido Sandleris, declaró el jueves que “el esquema monetario actual (…)  tiene como objetivo bajar la inflación en forma permanente. Sin embargo, los procesos de desinflación que son realmente construidos sobre bases sólidas llevan tiempo y requieren consistencia y perseverancia”.


La duda es cuánto tiempo tiene el gobierno para revertir la actual situación si quiere tener chances en los comicios de octubre.

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