Que el 75% de las personas fallecidas en accidentes de tránsito en Catamarca durante este año circulara en motocicleta al momento del hecho es la señal de una problemática que exige ser atendida con urgencia y con una mirada que vaya más allá de la circunstancia puntual de cada siniestro.
En los últimos años, la cantidad de motocicletas ha crecido de manera sostenida hasta ocupar una porción cada vez mayor del total de vehículos en circulación. Se trata de una consecuencia directa del contexto económico. La crisis ha restringido la posibilidad de acceder a un automóvil, mientras que la motocicleta, más económica de adquirir, de mantener y de abastecer de combustible, se consolidó como la alternativa posible de movilidad.
A ello se suma un factor que también ha empujado las ventas: la motocicleta como herramienta de trabajo. En una economía con creciente informalidad y escasez de empleo registrado, muchas personas encontraron en las aplicaciones de delivery o de transporte de personas una fuente de ingresos.
Si estas condiciones estructurales persisten, y por el momento todo indica que el fenómeno tiende a profundizarse, es previsible que el número de motociclistas en las calles siga en aumento y, con él, el de las situaciones de riesgo. De allí que la respuesta no pueda demorarse. La primera prioridad debe ser el fortalecimiento de los controles de tránsito, con presencia efectiva y sostenida en los puntos críticos, orientados a prevenir los accidentes.
La seguridad vial es una tarea compartida que compromete al Estado y a los conductores de los distintos vehículos que circulan por calles y caminos. La seguridad vial es una tarea compartida que compromete al Estado y a los conductores de los distintos vehículos que circulan por calles y caminos.
La segunda prioridad es la puesta en marcha de campañas de concientización que lleguen a los propios motociclistas con mensajes claros y prácticos. Porque hay medidas precautorias que dependen, en buena medida, de la decisión de cada conductor.
La primera y más elemental es el uso del casco, correctamente colocado y abrochado. Los especialistas coinciden en que reduce hasta un 40% el riesgo de muerte y más de un 70% las lesiones graves. También es aconsejable el uso de ropa reflectante, sobre todo para quienes circulan por rutas o caminos mal iluminados.
Otro aspecto central es evitar los puntos ciegos. Circular pegado a los laterales de colectivos, camiones o automóviles, allí donde el conductor no puede ver al motociclista por sus espejos, es una de las situaciones más peligrosas y a la vez más frecuentes. A ello se agrega la necesidad de abandonar el zigzagueo y de respetar las normas de tránsito, desde los límites de velocidad hasta las prioridades de paso y la señalización. Finalmente, mantener la motocicleta en condiciones para transitar.
Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente sobre quienes van en dos ruedas. Quienes conducen vehículos de mayor envergadura deben tener presente que sus decisiones al volante generan consecuencias mucho más graves sobre quienes circulan en vehículos más pequeños. Son los motociclistas quienes, ante un choque, tienen mayores probabilidades de perder la vida, y esa vulnerabilidad debería traducirse en una conducción más atenta.
La seguridad vial es, en definitiva, una tarea compartida. El Estado tiene la obligación de controlar y de educar; los motociclistas, la de protegerse y respetar las reglas; y los demás conductores, la de reconocer que ocupan un espacio que otros, más frágiles, también necesitan transitar.