Fuga acelerada de alumnos del sistema de educación pública hacia el privado, depresión de los salarios docentes, incremento exponencial de los cargos pese a la drástica reducción de la matrícula, pérdida de días de clase por paros y proliferación de feriados, indiferencia de la política y de la sociedad hacia el derrumbe.
El director del Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano, Alieto Guadagni, desplegó un análisis lapidario: el sistema educativo argentino profundiza la desigualdad y orienta al país hacia el fracaso por su ineficacia para formar capital humano idóneo para insertarse en el mundo laboral del futuro.
Si bien la propensión al clientelismo de la dirigencia política, que desjerarquizó la carrera docente, es para el académico el factor clave en esta decadencia, se ocupó de resaltar las responsabilidades de la sociedad: la política no se preocupa por la educación porque no hay presión social que la induzca a priorizar el tema, de manera que el abandono es gratuito.
El disparador de la entrevista, concedida al programa “Lanata sin Filtro”, fue un dato paradójico. Argentina es uno de los países que más gasta en educación, pero tiene los sueldos docentes más bajos del mundo de acuerdo a un relevamiento sobre 37 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): 18 mil dólares al año contra un promedio mundial de 40.000. Solo en Eslovaquia los docentes ganan menos.
La explicación es simple: en lugar de aumentar los salarios docentes, en la Argentina se eligió aumentar los cargos en la escuela pública de modo exponencial. Mientras en América Latina hay entre 17 y 20 alumnos por cargo docente, en la Argentina el promedio nacional es de 12.
Guadagni puso como ejemplo extremo lo que ocurre en Catamarca, donde hay 6 alumnos por cada cargo docente. La matrícula estatal cayó un 27%, pero el plantel docente subió 44%.
En el otro extremo, la provincia de Buenos Aires tiene una relación de 16 alumnos por cargo docente.
Podría suponerse que al haber menos alumnos por docentes la calidad de la educación impartida debería mejorar. Sin embargo, se trata de "cargos" creados, no de docentes frente al aula. "Hay provincias donde un tercio de los cargos están fuera del aula", consignó Guadagni.
Los docentes, consideró, deben ser los agentes con mejores salarios de la administración pública, pero a su vez la carrera docente tiene que ser la más difícil. “Así es en los países que avanzan”, consignó.
Esta escalada en los cargos en el sistema público es contradictoria con la fuga de alumnos hacia las escuelas privadas.
“Hay un proceso de privatización sumamente acelerado, no por la tracción de la escuela privada sino por la expulsión de la escuela pública. 240 mil pibes se fueron de la escuela primaria estatal entre 2003 y 2017”, dijo Guadagni.
La pérdida de días de clase debido a los paros y feriados es otro elemento determinante en el deterioro de la calidad educativa. “Un chico chileno en cuarto grado ya tuvo más horas de clase que un pibe argentino en toda la escuela primaria“, planteó.
Recalcó que la caída de las jornadas escolares por paros perjudica a los pobres, porque los sectores medios y altos vienen pasando a sus hijos a la escuela privada desde hace años.
Una ley promulgada en 2004 impone a las provincias la obligación de instrumentar mecanismos para compensar los días de clase perdidos en caso de no alcanzar el mínimo de 180 días anuales establecido, pero no se aplica ni hay presión social para que se lo haga.
“Argentina no va a crecer con Vaca Muerta. El siglo XXI no es el de los recursos naturales, sino el del capital humano. Y ese partido no es que lo estamos perdiendo: no lo hemos empezado a jugar, parece que no nos interesara”, concluyó Guadagni.
Un panorama desolador.