Los dirigentes de Cambiemos que intentan instalar una manto de piedad en torno a las polémicas expresiones de María Eugenia Vidal respecto de las universidades, señalan que lo que la gobernadora cuestiona es, en realidad, ciertos manejos no demasiados transparentes que hizo el kirchnerismo de las universidades creadas en el conurbano bonaerense en los últimos años.
Seguramente Vidal tiene esa visión crítica, pero lo que dijo en rigor, más allá de las interpretaciones de terceros, va en sentido contrario de una histórica y muy acendrada tradición argentina de defensa del rol de las universidades públicas como instrumentos eficaces para promover la movilidad social.
La gobernadora acusó al anterior gobierno de haber “poblado la provincia de Buenos Aires de universidades públicas”, en sintonía con lo señalado por Mauricio Macri durante la campaña electoral, cuando sostuvo:"¿Qué es esto de universidades por todos lados? Basta de esta locura". La gobernadora remató: “todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”.
Se trata de una afirmación obviamente falsa.
César Milstein, premio Nobel de Medicina en 1984, nació en el seno de una familia muy humilde de Bahía Blanca, pero con gran esfuerzo pudo graduarse en la Universidad Nacional de Buenos Aires y luego protagonizar una formidable carrera profesional y como investigador científico.
El doctor José Como Birche juntó cartones y realizó otras changas para pagarse sus estudios y recibirse de médico en la Universidad de la Plata. En estos días fue noticia porque acaba de realizar su cirugía cardiovascular número 5000 en el sistema de salud pública.
Aunque excepcionales por la envergadura de los logros alcanzados, los casos mencionados no son aislados. Si bien a los jóvenes de los sectores más vulnerables les cuesta más, por razones obvias, alcanzar los estudios superiores que a los de sectores medios y altos, son muchos los que finalmente logran graduarse y torcer la historia personal y familiar. Ése es, de hecho, el gran mérito de la Educación Pública.
Las estadísticas oficiales son elocuentes: de acuerdo con los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) el 31 por ciento del total de estudiantes universitarios pertenecía en 2015 al 40 por ciento más pobre de la sociedad.
Además, la gran mayoría de los jóvenes –entre el 70 y el 80 por ciento- que cursan en las universidades del conurbano son la primera generación de universitarios en sus familias.
Vidal manifestó, en el mismo discurso, que debía priorizarse, por sobre las universidades, a las que según ella los pobres no llegan, la construcción de jardines de infantes. Habrá que decir que plantear estas alternativas de un modo dicotómico es un error. El Estado tiene el deber de promover la educación pública en todos sus niveles, procurando que continúe cumpliendo, como lo hizo históricamente, la función de facilitar la movilidad social ascendente.
Los pobres sí llegan a las universidades, pero no tanto como debería ser. Los gobernantes, entre ellos María Eugenia Vidal, tienen la responsabilidad de generar las políticas para que esa llegada sea masiva.